En Saint Moritz, los coches más valiosos del mundo no se exponen: se conducen, derrapan y se viven en uno de los eventos más espectaculares del planeta.
Un escenario único en los Alpes
EN MEDIO de los Alpes suizos, en el cantón de los Grisones, se sitúa Saint Moritz. Rodeado de picos nevados y con un ambiente de glamour constante, es uno de los destinos de invierno favoritos de la jet set mundial.
En este escenario, y en el punto álgido de la temporada, tiene lugar The ICE, un evento muy especial que va mucho más allá de un concurso de elegancia tradicional.
No se exponen, se conducen



Este no es un evento normal. Sobre el lago helado de la ciudad se reúnen apenas 50 coches, todos ellos iconos irrepetibles de la historia del automóvil, muchos únicos o incluso prototipos.
Pero lo verdaderamente especial es que no están allí para ser admirados en estático. Sus propietarios los conducen sin contemplaciones, derrapando sobre el hielo y recordando su verdadera esencia: fueron creados para rodar.
El espectáculo sobre hielo
El Village sobre el lago da la bienvenida con un ambiente que mezcla lujo y espectáculo. Expositores como Bugatti, Ferrari Classiche o Pagani conviven con champagne, caviar, música en directo y hasta una pista de curling.
En mitad de este escenario, los coches salen a rodar por tandas: desde un Porsche 911 GT1 o un McLaren F1 hasta un Ferrari F50, Bugatti históricos o Fórmula 1 clásicos.


derrapando sobre el lago helado, recordando a los
presentes la increíble máquina que fue. Y cómo suena.
También aparecen leyendas como el Porsche 917, el Lancia Delta S4 o modelos del Dakar, todos equipados con neumáticos de clavos. La imagen de estos coches derrapando con las montañas nevadas de fondo convierte el evento en algo difícil de describir.
Más que coches: una experiencia irrepetible



El ambiente es tan exclusivo como surrealista. Entre los asistentes es habitual cruzarse con figuras como Mate Rimac, Christian von Koenigsegg o Horacio Pagani, además de coleccionistas y celebridades llegadas incluso en jets privados.
La mezcla de coches únicos, elegancia y espectáculo aéreo convierte The ICE en una experiencia casi irreal. La intensidad es tal que, cuando termina, cuesta asimilar todo lo vivido.
Pero una cosa queda clara: no es un evento que se vea, es un evento que se siente.








