La industria europea se planta y exige salvar el motor de combustión

La industria europea se planta y exige salvar el motor de combustión

Liderados por Mercedes-Benz y la patronal europea, el sector advierte del riesgo de un «colapso» industrial y pone sobre la mesa su salvavidas

El reloj hacia 2035 avanza, pero la industria automotriz europea ha dejado claro que no piensa caminar a ciegas hacia el precipicio de los motores de combustión. La normativa de la Unión Europea que pretende prohibir la venta de turismos nuevos que emitan CO₂ dentro de una década se está topando con un muro de pragmatismo. Los fabricantes han lanzado una ofensiva coordinada con un mensaje claro: la electrificación total no puede ser el único camino.

El objetivo de esta rebelión de traje y corbata es forzar a los legisladores a garantizar un futuro legal para el motor de combustión interna (ICE), siempre y cuando esté alimentado por combustibles sintéticos (e-fuels) o biocombustibles que garanticen la neutralidad de carbono.

El aviso de Källenius: «A toda velocidad contra un muro»

El debate sobre los motores de combustión ha dejado atrás las buenas palabras. Ola Källenius, CEO de Mercedes-Benz y presidente de la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA), se ha erigido como la voz crítica de este movimiento.

Ola Källenius ha calificado la situación de «irrealista» Mercedes-Benz

Para el directivo, pretender que el mercado europeo esté preparado para una transición al 100% eléctrico en 2035 es, sencillamente, «irrealista». Källenius advierte de que forzar este calendario mediante plazos legales inflexibles podría abocar a la industria a un colapso, estrellándose «a toda velocidad contra un muro». La realidad de la infraestructura le da la razón: la red de recarga en los 27 Estados miembros es terriblemente desigual, y sin energía asequible y postes suficientes, la imposición del vehículo eléctrico de batería (BEV) se vuelve inalcanzable a corto plazo.

La industria exige lo que denominan «neutralidad tecnológica». El argumento es irrefutable desde el punto de vista de la ingeniería: Bruselas debe legislar sobre el objetivo final (las emisiones cero), no sobre cómo se alcanza mecánicamente. Esto permitiría una transición mucho más fluida, manteniendo vivos los vehículos híbridos e híbridos enchufables durante más tiempo.

La trampa geopolítica de las baterías

Pero la defensa del motor térmico no es solo una cuestión de ventas, es una cuestión de supervivencia geoestratégica. Obligar a la industria europea a fabricar exclusivamente coches eléctricos supone una dependencia absoluta de materias primas críticas (como el litio o el cobalto) que están controladas casi en su totalidad por mercados exteriores, especialmente China.

La situación de los motores de combustión va más allá de las ventas, es una cuestión geoestratégica
La situación de los motores de combustión va más allá de las ventas, es una cuestión geoestratégica

Mantener viva la cadena de valor del motor de combustión mediante e-fuels permitiría a Europa conservar su histórico liderazgo mundial en ingeniería mecánica, al tiempo que avanza hacia la electrificación sin hipotecar su soberanía industrial.

2026: El año de la verdad

La presión ya está dando sus primeros frutos. Tras algunos ajustes recientes de la Comisión Europea para flexibilizar los objetivos, la ACEA ha celebrado el movimiento como un «primer paso» hacia el pragmatismo.

La verdadera batalla se librará en 2026, año en el que Bruselas debe revisar oficialmente los avances hacia la meta de 2035. Es en esa ventana legislativa donde la industria europea espera introducir, de una vez por todas, la exención regulatoria clara que salve al motor térmico de la extinción.

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