El Renault Twingo regresa, simpático y eléctrico. Y la pregunta es inevitable ¿puede un coche pequeño volver a convertirse en un símbolo de su tiempo, como lo fue el iMac G3 de Apple o como lo fue el Twingo original de 1992? Todo indica que Renault ha querido intentarlo de nuevo, recuperando no solo un nombre, sino una manera muy concreta de entender la movilidad urbana, cercana, inteligente, optimista y profundamente humana.
Alguien le preguntó una vez a Joseph Heller: “¿Nunca ha escrito nada mejor que Catch-22?”. El novelista respondió: “No. Pero nadie más tampoco”. Quizá algo parecido pueda decirse de ciertos objetos que definen una época. Y no es casual que Renault haya querido volver a mirar a aquel Twingo original de 1992, ese pequeño artefacto ingenioso y luminoso que parecía más una idea en movimiento que un simple coche.
El nuevo Twingo, anunciado por menos de 20.000 euros, incorpora incluso su propio asistente a bordo, un avatar llamado Reno que ya forma parte del universo Renault desde la llegada de sus nuevas plataformas digitales. Acompaña al conductor, sugiere, informa y ayuda a crear una relación más cercana con el vehículo.
Conectado y tecnológico
La experiencia empieza de forma especialmente sugerente cuando se abre la puerta y suena una melodía de bienvenida compuesta por Jean-Michel Jarre que, además, ha diseñado distintos paisajes sonoros con nombres como Natural, Live, Club o Podcast, reforzando la idea de que el coche ya no es solo un medio de transporte, sino también un espacio personal.
ChatGPT está integrado en el sistema para que uno pueda interactuar, informarse o simplemente entretenerse mientras utiliza el llamado “e-pop shifter”. Todo ello dibuja un escenario en el que el coche se convierte en una interfaz avanzada, un punto de contacto entre tecnología, diseño y experiencia de usuario.
El Twingo no pretende impresionar por exceso, sino convencer por coherencia. RNLT, el nuevo nombre comercial de Renault, simboliza bien esta evolución, la marca ya no se limita a fabricar coches, sino que propone soluciones de movilidad, estilos de vida y nuevas formas de relación con el automóvil.

En este contexto, el Twingo ocupa un lugar muy especial, es pequeño, sí, pero también es un manifiesto de lo que debería ser el coche urbano del futuro inmediato.
Hablar hoy de “diseño” en el sentido clásico es más complejo que nunca, porque el diseño ya no es solo forma, es uso, interacción, lógica de producto y experiencia. Los coches ya no se conciben únicamente como objetos, sino como plataformas tecnológicas. Y precisamente por eso resulta tan interesante ver cómo el nuevo Twingo logra reconciliar ambas dimensiones.
Porque, objetivamente, el nuevo Twingo está muy bien resuelto. Es uno de los coches pequeños que mejor aprovecha las proporciones que permite la arquitectura eléctrica: ruedas grandes llevadas a los extremos, voladizos muy cortos y un habitáculo sorprendentemente amplio para su tamaño. El resultado es compacto, limpio, moderno y equilibrado. Las superficies están bien trabajadas, las proporciones son armónicas y la postura transmite solidez y confianza.
Viajemos en el tiempo
Para entender de dónde viene todo esto, conviene volver la vista atrás. El Twingo de 1992 no era simplemente un utilitario pequeño. Patrick Le Quément y su equipo no diseñaron solo un coche, diseñaron una actitud.
Aquel monovolumen en miniatura, con su famosa “cara de rana”, sus colores poco convencionales y su interior flexible, proponía una relación distinta con el automóvil, más cercana, más doméstica, más amable.
Tenía un solo volumen, un espacio interior casi milagroso y un asiento trasero deslizante que transformaba el uso del coche de una forma tan simple como brillante. Pero, sobre todo, tenía una personalidad inconfundible. No quería parecer serio, ni deportivo, ni tecnológico. Quería ser cercano, simpático, casi afectivo.
En el contexto de los años noventa, el Twingo pertenecía a la misma familia cultural que el iMac translúcido de Jony Ive, las lámparas de colores, los relojes Casio o ciertos objetos cotidianos que devolvieron el optimismo al diseño industrial. Era un producto alegre, inteligente y profundamente coherente con su tiempo.
El Twingo II, lanzado en 2007, supuso una evolución hacia formas más convencionales, manteniendo siempre el espíritu práctico y accesible. El Twingo III, en 2014, introdujo una arquitectura técnica muy interesante con motor y tracción traseros, demostrando la capacidad de Renault para seguir innovando incluso en los segmentos más pequeños.

Y ahora llega este Twingo eléctrico, que es sin duda el más avanzado, el mejor construido, el más eficiente y el más coherente con los desafíos actuales.
Inteligente y realista
Hay, además, un aspecto especialmente valioso en su planteamiento, su voluntad de ser un coche pequeño, honesto y perfectamente adaptado a la ciudad.
En un momento en el que muchos coches eléctricos parecen competir en cifras desmesuradas, Renault ha optado por una propuesta inteligente y realista. El nuevo Twingo E-Tech declara 82 caballos de potencia y una autonomía en torno a los 260 kilómetros.
Son cifras pensadas para su verdadero entorno natural: el uso diario. Gracias al par instantáneo del motor eléctrico y a un peso contenido, inferior a los 1.200 kilos, el coche promete una agilidad brillante en ciudad y una conducción fácil, relajada y eficaz.
También hay algo muy acertado en que no intente ocultar su tamaño. Con apenas 3,79 metros de longitud, el Twingo convierte la compacidad en una virtud. Sus llantas de hasta 18”, colocadas en los extremos de la carrocería, le dan una presencia segura y muy bien plantada.
La herencia del modelo original se percibe no solo en la silueta o en la expresión del frontal, sino en detalles concretos, los asientos traseros deslizantes siguen ahí, como una de esas ideas sencillas y geniales que definen a los buenos productos.

También reaparecen pequeños gestos formales que refuerzan su identidad. Hay algo deliberadamente emocional en todo esto. El nuevo Twingo no oculta que quiere gustar. Incluso recupera en su paleta de colores un verde que remite directamente a aquella estética simpática que lo convirtió en un icono.
Por dentro, el planteamiento es coherente con esa misma idea de simplicidad moderna. Pero el verdadero acierto del nuevo Twingo no está solo en lo que se ve, sino en la manera en que se utiliza.
Simplicidad moderna
En ciudad, que es donde este coche tiene sentido pleno, todo en él parece pensado para reducir fricciones, la visibilidad, el tamaño contenido, el radio de giro, la facilidad para encontrar sitio, la sensación de ligereza al moverse entre el tráfico.
Son cualidades que no suelen aparecer en las fichas técnicas, pero que determinan de forma decisiva la calidad de vida cotidiana. Hay coches que se conducen. Y hay coches que simplemente se usan. El Twingo pertenece claramente a esta segunda categoría, en el mejor sentido posible.
No exige atención, no reclama protagonismo, no convierte cada trayecto en un ejercicio de concentración. Se integra en la rutina con una naturalidad casi doméstica, como un electrodoméstico bien diseñado o una herramienta que siempre está donde tiene que estar.
También hay algo especialmente acertado en la manera en que Renault ha dimensionado su propuesta eléctrica. En lugar de perseguir cifras espectaculares de potencia o autonomía, ha optado por una lógica de adecuación, ofrecer exactamente lo que se necesita para el uso previsto.
Eso no es renuncia, es inteligencia de producto. En un contexto en el que muchos vehículos eléctricos parecen pensados más para titulares que para usuarios reales, el Twingo reivindica una forma más madura y más responsable de entender la movilidad.
Esa misma filosofía se percibe en muchos pequeños detalles, en la facilidad de carga, en la claridad de las informaciones, en la ausencia de complejidades innecesarias.
Todo en el coche parece responder a una pregunta muy concreta: ¿cómo hacemos que esto sea sencillo, agradable y lógico para quien lo va a usar cada día?

Hay también una lectura urbana en el planteamiento del nuevo Twingo. No es un coche que pretenda escapar de la ciudad, sino habitarla mejor.
Una simpatía innata
Su tamaño, su agilidad, su planteamiento eléctrico y su carácter lo convierten en un aliado natural de ese tipo de movilidad más calmada, más racional y más consciente que muchas ciudades europeas están empezando a reclamar.
En ese sentido, el Twingo no es solo un producto, sino casi una pequeña declaración de principios, menos ruido, menos exceso, menos estrés. Más facilidad, más fluidez, más sentido común.
Y todo esto se hace, además, sin renunciar a una cierta dimensión emocional. El automóvil sigue teniendo cara. Sigue teniendo gestos reconocibles. Sigue transmitiendo una forma de simpatía que no es casual, sino parte esencial de su identidad.
No todos los objetos industriales consiguen eso, y menos aún en un momento en el que tantos productos parecen diseñados por algoritmos.
El Twingo, en cambio, sigue pareciendo diseñado por personas que saben que los coches, incluso los más pequeños, forman parte del paisaje sentimental de la vida cotidiana.
Que están en los recuerdos, en las rutinas, en las primeras libertades, en los trayectos repetidos mil veces.
Las buenas ideas no envejecen
Quizá por eso resulta tan coherente que Renault haya querido cuidar tanto la continuidad con el modelo original.
No desde la nostalgia vacía, sino desde el reconocimiento de que algunas buenas ideas no envejecen, simplemente esperan el momento adecuado para volver a expresarse con un lenguaje nuevo.
El salpicadero es limpio, la interfaz digital clara e intuitiva y la sensación de espacio es notable.
Incluso el maletero, con unos 360 litros, demuestra hasta qué punto el aprovechamiento del espacio ha sido una prioridad.

El nuevo Twingo no es solo un coche eléctrico urbano, es una síntesis muy lograda entre historia, tecnología y sentido común. Un producto que entiende perfectamente qué es y para qué sirve, y que no pretende ser otra cosa.
El Twingo original fue una revolución en su momento. El nuevo es la evolución natural de aquella idea, adaptada con inteligencia a un mundo eléctrico, digital y urbano.
Encajar en la vida actual
Puede que hoy los objetos ya no busquen sorprender como antes, pero sí pueden aspirar a algo igual de valioso, encajar de forma perfecta en la vida de las personas.
En ese sentido, el nuevo Twingo no solo honra su nombre, lo actualiza, lo madura y lo proyecta hacia el futuro. El Twingo de 1992 fue valiente. El de 2026 es coherente, inteligente y plenamente contemporáneo. Y ahí reside, precisamente, su mayor acierto.








