En un ejercicio de diseño que recupera la silueta de volumen único la marca se apresura a decir que no es el sucesor directo del Espace
Renault parece haber sentido nostalgia por la época en la que dominaba el segmento de los monovolúmenes. El R-Space Lab es un «concept» que funciona como escaparate tecnológico. Diseñado para maximizar el espacio interior y adelantarnos las funciones que veremos en los coches del grupo a partir de 2030.
Aunque desde la marca insisten en que no es un «precursor de un modelo de producción», la nomenclatura y esa silueta inconfundible de caja única nos remiten inevitablemente al ADN del Espace. Eso sí, con un enfoque mucho más compacto. Mide 4,5 metros de largo, situándose unos 20 centímetros por debajo del Espace actual (que, no lo olvidemos, no deja de ser un Austral de siete plazas estirado).
Futurama y la obsesión por las pantallas
Según Renault, el manejo será tan «natural como el de un smartphone». Sin embargo, resulta paradójico que en el mismo vehículo conviva esta carga visual con el «Safety Coach». Un asistente que monitoriza tu conducción para darte consejos sobre cómo mejorar la seguridad. Quizás el primer consejo de un buen «coach» sería, precisamente, no tener que navegar por menús táctiles mientras se conduce un coche con dirección por cable (steer-by-wire) y un volante tipo yoke.

El desarrollo de este prototipo corre a cargo de Futurama, el laboratorio de innovación de Renault. Su visión para la próxima década sigue apostando fuerte por la digitalización. El salpicadero está presidido por un panel central de gran tamaño situado bajo una instrumentación que recorre todo el ancho del habitáculo.
La habitabilidad como prioridad real
Donde el R-Space Lab sí parece dar en el clavo es en la gestión del espacio. Cuenta con cinco asientos individuales totalmente reclinables (el del acompañante puede convertirse prácticamente en una cama en marcha) y una modularidad que permite desplazar la fila trasera para priorizar la carga.

Es un diseño fluido, con un parabrisas inmenso que se extiende por encima de la cabeza de los ocupantes, buscando esa sensación de libertad que se ha perdido en la era de los SUV de cinturas altas y ventanillas estrechas. Es, en esencia, un laboratorio de ideas que intenta demostrar que la eficiencia aerodinámica y el espacio familiar pueden volver a ir de la mano sin necesidad de recurrir a la estética todoterreno.
