El Rallye Festival Hoznayo reúne Grupo B, clásicos y coches actuales en Cantabria en un fin de semana lleno de sonido y espectáculo.
El Rallye Festival Hoznayo ha vuelto a convertir Cantabria en un punto de encuentro para los amantes del motor. Un evento donde los protagonistas no son los cronos, sino las sensaciones, con los míticos Grupo B como gran reclamo.
Cantabria suena a rally durante un fin de semana
El Rallye Festival Hoznayo ha dejado algo más que imágenes este fin de semana. Ha dejado sonido. Ese que solo entiende quien ha estado cerca de un tramo.



Durante unos días, esta localidad cántabra cambia por completo. Carreteras cortadas, público en las cunetas y un ambiente que mezcla nostalgia y adrenalina. No es una prueba competitiva, pero eso es precisamente lo que lo hace diferente.
Aquí no se corre contra el reloj. Se corre para disfrutar.
Grupo B: el gran protagonista del evento
Ver un coche del Grupo B ya es raro. Escucharlo en marcha, todavía más.
Y eso es exactamente lo que ofrece el Rallye Festival Hoznayo. Máquinas que marcaron una época, conocidas por su potencia desmedida y su carácter imprevisible, rodando a pocos metros del público.


No importa si es un Audi Quattro, un Lancia Delta S4 o cualquier otra leyenda de aquella era. Lo que impresiona es cómo suenan, cómo aceleran y cómo siguen transmitiendo esa sensación de peligro incluso décadas después.
Es historia viva del automovilismo. Y aquí, se puede ver de cerca.
Clásicos, modernos y mucho espectáculo
Aunque el foco se lo llevan los Grupo B, el evento va mucho más allá.
El Rallye Festival Hoznayo reúne una mezcla muy especial de coches. Desde clásicos que forman parte de la memoria del rally hasta modelos más recientes que siguen compitiendo hoy en día. Todo convive en un mismo espacio, creando una experiencia difícil de encontrar en otro tipo de eventos.
No hay presión, no hay estrategia. Solo coches en acción y público disfrutando.
Ese es el verdadero atractivo.
Un ambiente que no se puede replicar
Parte del éxito del Rallye Festival Hoznayo está en su cercanía.
El público no observa desde lejos. Está dentro del evento. Puede ver los coches de cerca, escuchar cada detalle mecánico y sentir el paso de los vehículos sin filtros.
Ese contacto directo es lo que convierte la experiencia en algo especial. No es solo ver coches. Es vivirlos.
Y por eso, año tras año, sigue creciendo.








