Porsche y Stefan Bogner recorren los Alpes suizos para demostrar que algunas carreteras todavía hacen especial conducir.
Los Alpes siguen siendo el lugar perfecto para un Porsche. En plena era de pantallas gigantes y conducción semiautónoma, todavía existen lugares donde conducir es una experiencia puramente física. Y Porsche lleva décadas utilizando estas montañas para recordar por qué el automóvil puede ser mucho más que un medio de transporte.
El hombre que conoce todas las carreteras
Stefan Bogner ha recorrido prácticamente todos los puertos de montaña que merecen la pena. Los Alpes suizos, los Dolomitas, los Andes, las Rocosas americanas. También completó recientemente un viaje de Tailandia a Múnich al volante de un 911. Es el fundador de la revista Curves y probablemente la persona que mejor conoce las mejores carreteras del mundo.
Para Bogner, conducir por los Alpes no es solo paisaje. Es también historia. Estas rutas conectaron culturas durante siglos. Esa carga sigue presente en el asfalto, aunque hoy se recorran en un Taycan.

Las carreteras que hay que conocer
El puerto de Flüela, en la Engadina suiza, es uno de los imprescindibles. También el Bernina, el Furka, el Grimsel y el Grossglockner austríaco. Carreteras que piden anticipación, recompensan la atención y convierten cada curva en algo que vale la pena recordar. Exactamente lo que un Porsche está diseñado para aprovechar.
El Taycan en las montañas
Hay algo interesante en ver un Porsche Taycan recorrer estos puertos. No suena como un 911. Sin embargo, la entrega instantánea de par y el equilibrio del chasis demuestran que la emoción de conducir no depende solo del sonido de un motor de combustión. Es una conversación interesante sobre qué significa realmente disfrutar conduciendo.
Por qué esto todavía importa
Bogner cree que conducir por los Alpes tiene algo de meditativo. La concentración que exige una carretera de montaña produce un estado mental difícil de encontrar en otro lugar. Un silencio interior que aparece, paradójicamente, cuando el coche trabaja más.
En un momento en que la industria habla de software y autonomía, hay algo reconfortante en saber que algunos puertos alpinos siguen siendo exactamente lo que siempre fueron. Carreteras que exigen un conductor y recompensan la habilidad. Para eso se construyeron los Porsche. Y para eso siguen existiendo los Alpes.









