Durante años la movilidad en Madrid ha seguido un patrón casi inamovible: quien busca rapidez en ciudad compra un scooter. Tiene lógica. Automático, práctico y fácil. Pero después de convivir una semana completa con la Peugeot PM-01 125, empiezas a entender por qué esta moto existe: para quienes quieren desplazarse por la ciudad… sin renunciar a conducir.
La PM-01 no intenta disimular que es una moto de marchas. Su estética angulosa, heredada de la PM-03, rompe la imagen urbana típica. El frontal con las tres tiras LED que recuerdan a las garras del león de los coches Peugeot le da personalidad incluso aparcada entre taxis y Vespas en el barrio de Salamanca. Disponible en Storm Black, Sharp White y Jet Blue, no es especialmente grande, pero sí lo suficiente para que los coches te vean con claridad en el tráfico denso.
Y en Madrid eso es más importante de lo que parece.
El día a día: semáforos, coches y huecos imposibles
Mi semana con ella empezó con el escenario habitual: Castellana a las ocho y media de la mañana. El tráfico madrileño no es especialmente rápido, pero sí imprevisible. Autobuses cambiando de carril, repartidores en doble fila, peatones que cruzan tarde y conductores pendientes del móvil.

Aquí la PM-01 muestra su primera virtud: ligereza y control.
El motor monocilíndrico de 124,8 cc, refrigerado por líquido, entrega 13,7 CV a 9.500 rpm y 11 Nm a 7.500 rpm, cifras modestas en papel pero muy bien aprovechadas gracias a la caja de cambios de seis marchas. En ciudad no necesitas usar todas, pero la segunda y la tercera se convierten en tus mejores aliadas. Permiten salir rápido del semáforo y colocarte delante del tráfico sin forzar la mecánica.
A diferencia de un scooter, aquí decides cuándo acelerar de verdad. Entre coches detenidos, la moto es estrecha y fácil de colocar. El embrague es suave, la primera entra con precisión y el radio de giro permite maniobrar incluso entre filas de coches en Gran Vía sin sensación de torpeza.
Tras varios días ocurre algo curioso: dejas de pensar en el tráfico. Simplemente fluyes con él.
Comportamiento urbano: estabilidad inesperada
Madrid no sólo es tráfico; también es asfalto irregular, tapas de alcantarilla, badenes y adoquines. La parte ciclo funciona mejor de lo esperado. El bastidor tubular de acero aporta rigidez y la horquilla invertida de 41 mm filtra bien los baches urbanos sin sentirse blanda.

En zonas como Chamberí o Lavapiés, donde el pavimento cambia constantemente, la moto no rebota ni descompone la trayectoria. Los neumáticos Continental aportan seguridad, especialmente al girar en calles estrechas o al esquivar coches mal aparcados.
La frenada es otro punto positivo. El disco delantero de 280 mm con pinza de cuatro pistones tiene más mordiente del habitual en una 125 urbana, pero no es brusco. El ABS de doble canal actúa sólo cuando realmente hace falta, algo que agradeces en pasos de cebra mojados o pintura deslizante después de limpiar las calles por la noche.
No es una moto nerviosa. Y en ciudad eso significa confianza.
Convivencia diaria: donde realmente gana sentido
La convivencia es donde una moto urbana se juzga de verdad. La PM-01 consume apenas 2,4 L/100 km, lo que en una semana de desplazamientos diarios por M-30, centro y barrios periféricos significa olvidarte prácticamente de la gasolinera. Además, emite sólo 53 g de CO₂/km y cumple la normativa Euro5+.

La pantalla TFT a color con conectividad es clara incluso a pleno sol, algo poco habitual. Tiene USB para cargar el móvil y las ópticas full LED iluminan sorprendentemente bien al volver de noche por calles mal iluminadas de la periferia. La maneta de freno ajustable ayuda a adaptarla a cualquier mano y el conjunto resulta cómodo incluso tras trayectos de 40 minutos, algo habitual en una ciudad tan grande.
Después de siete días la conclusión es sencilla: no sustituye a un scooter… pero tampoco pretende hacerlo.
La Peugeot PM-01 125 es para quien usa la moto como herramienta diaria, pero quiere seguir disfrutando al conducir. En una ciudad donde muchas motos sólo transportan, esta todavía permite pilotar. Y al final de la semana entiendes la idea: no es la forma más fácil de moverse por Madrid, pero sí una de las más satisfactorias.








