Carmelo Ezpeleta admite que correr en Qatar es «muy difícil», mientras Liberty Media se enfrenta a su primera gran crisis global
Durante la última década, el deporte de élite ha mirado hacia Oriente Próximo como si fuera un oasis inagotable de petrodólares – como en el GP de Qatar -, firmando contratos millonarios y levantando circuitos en medio del desierto. Hoy, esa burbuja se ha topado violentamente con la realidad de la geopolítica. El recrudecimiento de la guerra abierta entre Estados Unidos, Irán e Israel amenaza con paralizar por completo la agenda deportiva en la región.
El primer gran dominó en caer podría ser el GP de Qatar de MotoGP. Programado entre el 10 y el 12 de abril en el Circuito Internacional de Losail, la cita pende de un hilo. Carmelo Ezpeleta, CEO de la gestora del campeonato, ha abandonado la diplomacia habitual para hablar con una franqueza inusual: es «muy difícil» que la carrera se lleve a cabo bajo la actual amenaza de bombardeos.
El contraste: De la euforia tailandesa al abismo qatarí
El campeonato del mundo, ahora bajo el paraguas total de Liberty Media, venía de firmar un inicio de ensueño. El Gran Premio inaugural de Tailandia destrozó los récords con 228.228 espectadores en las gradas. Sin embargo, ese impulso se frena en seco ante la logística bélica.

Si Losail cae del calendario (sería la cuarta prueba del año), MotoGP saltaría directamente del GP de las Américas al Circuito de Jerez. De momento, la organización no ha planteado un plan B ni un circuito sustituto. Y es lógico: en una situación de guerra a gran escala, rellenar un hueco en el calendario es el menor de los problemas.
Liberty Media, ante una crisis a dos bandas
La pesadilla logística no termina en las dos ruedas. La Formula 1 (la joya de la corona de Liberty Media) tiene programado el Gran Premio de Bahréin para ese mismo fin de semana de abril. La situación en Sakhir es crítica: se han registrado explosiones a apenas 20 kilómetros del trazado.

La postura oficial de la F1 es que están «monitoreando la situación», un eufemismo corporativo para ganar tiempo mientras evalúan si la seguridad puede garantizarse, no solo en Bahréin, sino en el GP de Arabia Saudí (Jeddah), previsto para la semana siguiente. Cancelar tres grandes premios (uno de motos y dos de F1) supondría un golpe económico y logístico sin precedentes recientes.
Efecto dominó: El deporte huye de la zona de conflicto
El colapso de la agenda no es exclusivo del motor. El ecosistema deportivo está activando sus protocolos de evacuación:
- Fútbol: La Federación de Fútbol de Irán (FFIRI) ha suspendido indefinidamente la Persian Gulf Pro League tras admitir que no pueden garantizar la seguridad.
- Baloncesto: La Euroleague Basketball ha cancelado el torneo clasificatorio Adidas NextGen en Abu Dhabi, calificando la decisión como «la acción más responsable en este momento».
El deporte de motor, acostumbrado a esquivar polémicas sobre derechos humanos con el argumento de que «el deporte no hace política», se da cuenta ahora de que la política y la guerra sí hacen deporte. O, en este caso, lo cancelan.








