Si eres aficionado a seguir las subastas de clásicos de alto nivel, quizá hayas visto varios coches “ex Sha de Persia”. Y es que con sus automóviles pasa algo parecido a lo que ocurre con “los Cadillac de Elvis”, que tuvo tantos que casi abundan en el mercado. Sin ir más lejos, en el reciente Royal Bahrain Concours fue elegido “Best of Show” un maravilloso Lamborghini Miura SV de 1971 (chasis 4870) que le perteneció.

Mohammad Reza Pahlavi (1919-1980) fue el último Sha de Persia y su vida nunca fue convencional. Su padre, Reza Shah, ya era aficionado a los coches y tuvo numerosos Rolls-Royce, como el Silver Ghost empleado en su coronación en 1926, además de coches americanos como Pierce-Arrow o Cadillac.
La compañía petrolífera Anglo-Iranian Oil Company se había fundado en 1909 y pronto el dinero comenzó a brotar. El joven Mohammad Reza aprendió a conducir a los 10 años en un Chrysler 75 de 1929 y, en 1931, fue enviado a estudiar a un internado en Suiza.
Tenía solo 13 años cuando pidió permiso a su padre para comprarse un coche. Tras estudiar muchos catálogos eligió un Hispano-Suiza J12 amarillo con carrocería Saoutchik, la unidad expuesta en el Salón de París de 1931. Un V12 de 9,4 litros y 220 CV no están mal para empezar. Aunque tenía chófer, lo usó con frecuencia y se lo llevó a Irán cuando terminó sus estudios.

Mientras tanto, su padre había emprendido una serie de reformas para unificar la nación, modernizar la sociedad y potenciar el ejército. De hecho, Irán fue el primer país de la zona con fuerza aérea, con aparatos Junkers, Hawker, de Havilland o Polikarpov, como los que operaron en la Guerra Civil Española.
En 1937 recibió un regalo muy especial de Hitler: un Mercedes 500K Autobahnkurier que también disfrutó el joven príncipe. En ese mismo periodo, el rey Ghazy de Irak tuvo un espectacular 500K roadster con carrocería Erdmann & Rossi, aunque falleció en 1939 al volante de un Buick.

Un Bugatti como regalo de boda
En 1939 el Sha se casó en un matrimonio de conveniencia con la bella Fawzia Fuad (1921-2013), hija del rey Faruq de Egipto. Como regalo de la delegación francesa recibió un Bugatti Type 57C con carrocería única de Vanvooren y, de los británicos, un Rolls-Royce Phantom III.

Un año después nació su hija Shahnaz. El mejor regalo nunca llegó a entregarse: Alemania había encargado un Mercedes 770 Cabriolet B de 1940, un modelo único que la guerra impidió entregar.
En 1941 británicos y soviéticos invadieron Irán para asegurar el control del petróleo y, un mes después, Reza Shah abdicó en su hijo. Tras la guerra, Mohammad Reza Pahlavi recuperó el poder con el beneplácito de los aliados.

Comenzaban sus años dorados. En 1948 se divorció de Fawzia y un año después completó su entrenamiento como piloto, siendo el Hawker Hurricane su avión favorito. También era aficionado a la equitación y a las mujeres, especialmente rubias europeas.
En 1949 sufrió un atentado y en 1953 se produjo un hecho clave: el primer ministro Mohammad Mossadegh intentó nacionalizar la industria petrolífera. Londres reaccionó y la CIA organizó un golpe de Estado para afianzar al Sha, algo reconocido por la propia agencia en 2013.

Desde entonces, el Sha reforzó un régimen dictatorial apoyado por una policía secreta muy dura. Sus visitas de Estado solían venir acompañadas de nuevas adquisiciones para su colección automovilística.
En 1951 se casó con Soraya, de padre iraní y madre alemana. Ella tenía 18 años y él, 36. Aunque disponía del presupuesto nacional sin límites, siempre impulsó la modernización del país.

En los años 70, las mujeres iraníes podían vestir al modo occidental, algo impensable hoy. Hasta la llegada del Sultán de Brunei en los años 80, ningún gobernante disfrutó de un garaje comparable: Mercedes 600 Pullman, Rolls-Royce, Cadillac, Ferrari, Aston Martin, Mercedes 300 SL y piezas únicas como el Chrysler K-300 Ghia de 1955.

En 1957 visitó España y el INI, con el beneplácito de Franco, le regaló un Pegaso Z-102 (chasis 0119), la primera berlinetta Touring. Tras varios propietarios, hoy pertenece a Jordi Arilla.

Trató directamente con Enzo Ferrari
El Sha visitaba con frecuencia las fábricas del norte de Italia antes de ir a St. Moritz. En la autobiografía de Franco Gozzi se recogen numerosas anécdotas, como la célebre historia del mecánico Nino Bellei y sus “corbatas del Sha”, o la entrega de un Ferrari en Florencia tras alcanzar 279 km/h en los túneles de la autopista.

Un Maserati bautizado con su nombre
Entre sus piezas más especiales destacó un Ferrari 410 Superamerica Series II de 1957, subastado en 2015 por cinco millones de dólares. Poco después llegó el Maserati 5000 GT “Sha de Persia”, desarrollado a partir de una propuesta personal del monarca. Se produjeron 34 unidades con carrocerías de ocho carroceros distintos.

El Sha también poseyó dos Ferrari 500 Superfast, uno de los coches más exclusivos de la historia. En 1967 se coronó Shahanshah (rey de reyes) en medio de fastuosas celebraciones.
Durante los años setenta impulsó la modernización del ejército iraní, siendo el único país al que EE. UU. vendió cazas F-14 Tomcat, y fue además promotor del Mercedes G.
En su garaje destacaron los Lamborghini, especialmente los Miura. El Miura SVJ (chasis 4934) fue su favorito y en 1997 se subastó por 497.500 dólares, estableciendo un récord. También hubo Countach, como el LP400 regalado al príncipe Reza en 1977.

Adiós al trono
El reinado del Sha terminó en 1979 con la revolución islámica, que lo obligó a exiliarse a Egipto, donde murió de cáncer un año después. De su tercer matrimonio con Farah Diba nacieron cuatro hijos.
Reza, el heredero, vive en Nueva York y es opositor al régimen actual. Muchos de los coches del Sha se subastaron tras la revolución, mientras que otros se conservan en el museo nacional del automóvil de Teherán, recordando la historia de un hombre que lo tuvo todo… o al menos, todo lo que el dinero podía comprar.









