¿Es el coche el último acto de libertad?

¿Es el coche el último acto de libertad?

Reivindicamos la esencia de la movilidad individual frente a la burocracia que pretende reducir el automóvil a un simple electrodoméstico

Vivimos una paradoja técnica sin precedentes. Si analizamos la oferta actual, desde el Ferrari Amalfi hasta los nuevos utilitarios como el Kia EV2, los automóviles nunca han sido tan buenos. Son prodigios de la ingeniería, capaces de protegernos y de entregarnos prestaciones que hace una década eran ciencia ficción. Pero, de forma paralela, el coche se ha convertido en el «enemigo oficial» de una nueva religión administrativa, y conducir, aún más.

La paradoja del automóvil moderno: más tecnología, menos libertad

Hoy, los radares se reproducen con la velocidad de la mixomatosis y las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) brotan con la misma insistencia que los bares en España. Parece que todo aquello que huela a humo, gasolina o, simplemente, a movilidad individual, resulta sospechoso para quienes diseñan el futuro desde un despacho político.

Para los entusiastas del motor, el automóvil nunca ha sido una simple máquina para ir del punto A al punto B. Es un símbolo de progreso inventado por ingenieros visionarios y empresarios valientes, no por burócratas ni apóstoles del carril bici. El coche permitió explorar el mundo, descubrir paisajes y, en no pocas ocasiones, escapar.

El coche no es un electrodoméstico: la importancia de la emoción

Reducir el coche a un objeto racional, silencioso y aburrido —como si fuera un vagón de Metro— es olvidar el componente más profundamente humano de la conducción: la emoción. Ese instante en que el motor responde y la carretera se abre ante nosotros es una experiencia que ningún videojuego ni transporte colectivo puede replicar.

En CAR, herederos de aquella mítica revista llamada AP donde muchos nos iniciamos, seguimos creyendo en una filosofía clara: ser la publicación de motor «estilo de vida». No nos obsesiona solo la cifra pura de potencia; nos importa la historia de perfección que hay detrás de cada modelo y, sobre todo, la libertad de conducir.

El legado de Giovanni Agnelli y el futuro de CAR

Como decía el gran Giovanni Agnelli, a quien tuvimos el honor de entrevistar: «El coche es la extensión más elegante de la libertad del hombre». El problema no es que el automóvil cambie hacia la electrificación o lo digital; el verdadero problema sería que dejáramos de amarlo y que cambiásemos nosotros, aceptando que nuestra movilidad sea regulada hasta en la intensidad de nuestras sonrisas.

Conducir sigue siendo uno de los últimos actos de libertad que nos quedan en un mundo que intenta controlarlo todo. Y en CAR, seguiremos defendiendo esa ilusión, porque un sueño con matrícula siempre será más valioso que cualquier «electrodoméstico», por muy eficiente que sea.

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