El británico, tras un debut gris en 2025, encuentra en el SF-26 la herramienta para volver a sentirse competitivo en una era técnica que muchos ya han bautizado como la de la «Fórmula E con esteroides»
La entrada en vigor del nuevo reglamento técnico de 2026 ha generado una fractura inmediata en el paddock. Tras la primera prueba real en Albert Park, las críticas no se han hecho esperar. Los detractores, con Max Verstappen a la cabeza, no han escatimado en calificativos negativos para unos coches que, según el piloto de Red Bull, carecen del alma de sus predecesores. Sin embargo, en el box de Ferrari se respira una atmósfera distinta.
Lewis Hamilton parece haber encontrado en esta metamorfosis reglamentaria el bálsamo que necesitaba tras un 2025 para el olvido. Su primer año vestido de rojo se saldó sin un solo podio, pero el inicio de esta temporada ha cambiado el discurso del heptacampeón. Su cuarta posición en Melbourne, partiendo desde la séptima plaza, es algo más que un buen resultado; es la confirmación de que el SF-26 tiene el potencial para pelear en la parte alta.
«Diversión» contra «Supervivencia»
La valoración de Hamilton al bajarse del coche contrasta radicalmente con el malestar general. «Personalmente, me encantó la carrera. El coche es realmente divertido de conducir. Hubo buenas batallas con mucho toma y daca», declaraba el británico. Una postura que choca frontalmente con la de pilotos como Lando Norris o el propio Verstappen, quienes ven en la gestión energética de los nuevos motores una limitación excesiva.

Para Hamilton, la clave reside en el ritmo de carrera. El ’44’ aseguró haber tenido la velocidad necesaria para alcanzar a su compañero, Charles Leclerc, y arrebatarle el tercer cajón del podio si la prueba hubiera durado un par de vueltas más. Este optimismo no es casual: Ferrari parece haber dado con la tecla en el apartado del chasis.
El veredicto del paddock: ¿Tiene Ferrari el mejor coche?
A pesar de la victoria de Mercedes (con George Russell y el debutante Kimi Antonelli firmando un doblete), las miradas se centran en Maranello. El propio Lando Norris no dudó en señalar a la Scuderia como la referencia actual: «Vemos claramente que Ferrari tiene el mejor coche. Su velocidad en las curvas es increíble».

Hamilton coincide en parte con este análisis, aunque identifica con precisión dónde está la brecha con sus antiguos compañeros de Mercedes. «Los coches son igual de rápidos en las curvas. Tenemos que averiguar si la diferencia es potencia o batería«, explicaba el británico tras la carrera. Esa décima final en clasificación y la gestión de la energía eléctrica parecen ser los últimos obstáculos para que Ferrari rompa una sequía de victorias que se prolonga desde octubre de 2024.
El objetivo para el Gran Premio de China es claro: cerrar la brecha en el motor para capitalizar el que, según muchos, es el chasis más equilibrado de esta nueva era.








