En el universo de KTM hay motos concebidas para devorar circuitos y otras diseñadas para el día a día. La nueva KTM 390 SMC R se sitúa precisamente en ese punto intermedio en el que la funcionalidad cotidiana y la diversión pura se encuentran. Dentro de la gama de la firma de Mattighofen ocupa el espacio lógico entre la radical 690 SMC R y la accesible 125 SMC R, completando la escalera dentro de la familia Supermotard con una propuesta muy coherente para los usuarios del carnet A2.
Sobre el papel promete exactamente lo que uno espera de una supermotard: ligereza, agilidad y una conducción directa. Pero más allá de las cifras, lo interesante es comprobar cómo se comporta en el mundo real. Durante una semana completa la utilizamos como una moto de diario, desplazándonos al trabajo, moviéndonos por la ciudad y aprovechando el fin de semana para salir a carreteras secundarias donde realmente puede mostrar su carácter.

Desde el primer momento queda claro que KTM ha conseguido un equilibrio muy interesante. A pesar de su enfoque deportivo, la 390 SMC R sigue siendo una moto accesible en tamaño y ergonomía. El asiento se sitúa a 860 milímetros del suelo, lo que permite mantener una postura dominante y cómoda al mismo tiempo. Es una moto estrecha, ligera y muy fácil de manejar incluso en entornos urbanos. Como es habitual en la marca, KTM también es transparente respecto a su proceso industrial: aunque el desarrollo se realiza en Austria, la producción y el ensamblaje se llevan a cabo en India.
Un monocilíndrico que encaja perfectamente con su filosofía
El corazón de la KTM 390 SMC R es el conocido motor LC4c de 399 centímetros cúbicos, un monocilíndrico moderno con culata compacta que comparte arquitectura con el de la 390 Duke. En este caso desarrolla 44,2 caballos de potencia, una cifra que encaja perfectamente con el concepto de esta moto.
No se trata de una máquina que impresione por velocidad máxima, sino por la manera en que entrega la potencia. La respuesta es inmediata y muy viva, con ese carácter típico de los monocilíndricos que invita a jugar constantemente con el acelerador. En el tráfico urbano se muestra sorprendentemente dócil y manejable, pero basta abrir gas con decisión para descubrir un lado mucho más juguetón.


La electrónica permite adaptar su comportamiento mediante dos modos de conducción, Street y Sport. La diferencia entre ambos se percibe principalmente en la respuesta del acelerador, siendo el modo Sport claramente más directo. La moto recuerda el modo utilizado la última vez, por lo que no es necesario configurarlo cada vez que se arranca.
La gestión electrónica corre a cargo de Bosch, tanto en la inyección como en el sistema ABS de doble canal 10.3MB. Además del funcionamiento convencional, existe un modo Supermoto que permite una conducción más agresiva con el tren trasero. El conjunto se completa con control de tracción, embrague antirrebote PASC y una caja de cambios de seis velocidades que funciona con precisión. KTM ofrece también la posibilidad de instalar un quickshifter como accesorio.
Uno de los aspectos más sorprendentes durante la semana de uso fue el consumo. KTM declara una media de 3,4 litros cada cien kilómetros y, en la práctica, las cifras reales se mantienen muy cerca de ese registro incluso combinando ciudad y conducción dinámica en carretera.
Parte ciclo ligera y muy comunicativa
Donde realmente se percibe el ADN supermotard es en la parte ciclo. La KTM 390 SMC R utiliza un bastidor tubular de acero de dos piezas que deriva directamente de la arquitectura utilizada en la familia Duke, pero combinado con un basculante de estilo offroad que alarga ligeramente la distancia entre ejes. Este detalle aporta mayor estabilidad y una mejor tracción cuando se acelera con decisión a la salida de las curvas.
Las suspensiones están firmadas por WP y utilizan componentes APEX con largo recorrido, algo esencial para una moto de este tipo. La horquilla delantera de 43 milímetros permite ajustes en compresión y rebote, mientras que el amortiguador trasero puede regularse en rebote y precarga. El resultado es un conjunto muy comunicativo, capaz de absorber baches urbanos con facilidad y al mismo tiempo ofrecer suficiente firmeza cuando se rueda rápido.

La estética supermotard se refuerza con llantas de radios de aluminio, que además permiten aventurarse ocasionalmente fuera del asfalto o afrontar carreteras en peor estado sin preocupaciones. Los neumáticos Michelin Power 6 aportan un nivel de agarre muy alto y encajan perfectamente con el carácter de la moto.
En cuanto a los frenos, KTM recurre a ByBre, la división de Brembo especializada en este tipo de configuraciones. La pinza delantera de anclaje radial con dos pistones ofrece potencia suficiente y un tacto muy progresivo, lo que permite dosificar con precisión la frenada incluso cuando se rueda con un estilo más agresivo.
Tecnología simple pero bien integrada
Aunque el enfoque de la 390 SMC R es claramente mecánico y divertido, la tecnología también está presente. Frente al piloto se encuentra una pantalla TFT de 4,2 pulgadas que ofrece toda la información necesaria con una lectura muy clara gracias a su cristal polarizado antirreflejos.
El sistema permite conectividad con el smartphone a través de la aplicación KTM Connect, lo que añade funciones como la gestión de llamadas, el control de la música o la navegación básica. Todo se maneja mediante una botonera de cuatro direcciones situada en el manillar. El conjunto se completa con iluminación full LED y una práctica toma USB para cargar dispositivos.
Viviendo con ella cada día
En el uso cotidiano la KTM 390 SMC R demuestra una de sus mayores virtudes: su ligereza. En ciudad resulta extremadamente fácil de manejar, con un manillar ancho que ofrece gran control del tren delantero y permite moverse con agilidad entre el tráfico.
La posición de conducción es erguida y muy natural, algo que facilita la visibilidad y reduce la fatiga en trayectos diarios. Además, el motor tiene suficiente empuje a bajas revoluciones como para no obligar a jugar constantemente con el cambio.

Sin embargo, donde realmente revela su personalidad es fuera de la ciudad. En carreteras secundarias la moto se transforma en una auténtica máquina de diversión. La ligereza del conjunto hace que cada movimiento se traduzca inmediatamente en un cambio de dirección, y el carácter del motor invita a acelerar con decisión entre curva y curva.
Con el modo Supermoto activado, incluso permite insinuar ligeros deslizamientos del tren trasero en frenadas fuertes, lo que añade una dosis extra de diversión para aquellos con más experiencia.








