Juan Pablo II venía a España. El Papamóvil, no.

Juan Pablo II venía a España. El Papamóvil, no.

El SEAT Panda Papamóvil nació en solo dos semanas para resolver un problema inesperado durante la visita de Juan Pablo II a España.

El SEAT Panda Papamóvil no estaba planeado. Era octubre de 1982 y Juan Pablo II estaba a punto de realizar su primera visita oficial a España. Todo parecía bajo control. Hasta que alguien comprobó los accesos del Santiago Bernabéu y del Camp Nou. El vehículo oficial del Vaticano era demasiado grande. No cabía.

Un problema urgente, un plazo imposible

En esos dos estadios estaban previstos actos multitudinarios. Juan Pablo II tenía que recorrer el interior para saludar a los fieles. Sin vehículo, era imposible. Así que el Vaticano trasladó el problema a las autoridades españolas. Y el encargo acabó en manos de SEAT, con apenas quince días de margen.

No había tiempo para grandes desarrollos. El equipo técnico de la fábrica de Zona Franca, en Barcelona, se puso manos a la obra casi de forma artesanal. Tenían que encontrar un coche pequeño, manejable y suficientemente visible. Listo para circular por el césped de dos de los estadios más grandes del país. Con el Papa a bordo.

El coche más humilde, la solución más inesperada

No eligieron una limusina. Tampoco un prototipo ni un vehículo de representación. Eligieron un SEAT Panda. El utilitario más popular del momento, el mismo que llenaba las calles de cualquier ciudad española. Su tamaño era exactamente lo que lo convertía en la respuesta obvia. Cabía donde el Papamóvil oficial no podía entrar.

Dos semanas para transformarlo

Los técnicos trabajaron contrarreloj. Eliminaron las ventanillas laterales, abatieron el parabrisas y reforzaron la parte trasera con una plataforma desde la que Juan Pablo II pudiera permanecer de pie. Añadieron barras acolchadas para sujetarse y una pequeña plataforma escamoteable para facilitar el acceso.

El exterior se terminó en blanco. Escudos pontificios en las puertas, banderas del Vaticano y de España sobre las aletas. Funcional, reconocible, y listo en el plazo acordado.

El Panda que nadie olvidó

El 3 de noviembre de 1982, en el Santiago Bernabéu, y el 7 de noviembre, en el Camp Nou, aquel pequeño Panda blanco recorrió los estadios con Juan Pablo II de pie en la parte trasera. Saludando. Bendiciendo. Ante decenas de miles de personas.

Fueron apenas unos metros. Apenas unos minutos. Pero fueron suficientes.

Más de cuatro décadas después, el Papamóvil de Juan Pablo II en España sigue existiendo. Se conserva en la colección de SEAT Históricos en Zona Franca, prácticamente intacto. Solo se han cambiado los neumáticos. El resto permanece tal y como salió de aquellas manos en 1982.

Es uno de los 375 vehículos de esa colección. Pero cuando aparece ante los visitantes, sigue provocando lo mismo: sorpresa. Porque cuesta creer que el problema más inesperado de la visita papal más importante del siglo en España lo resolviera, en dos semanas, el coche más modesto de la gama.

Eso es lo que tiene esta historia. No es una historia de ingeniería. Es la historia de un problema que nadie vio venir y de la solución más improbable que nadie habría imaginado.