En un mercado donde los robots han erradicado al factor humano y los coches se desarrollan en la mitad de tiempo que en Occidente, Honda ha tomado una decisión desesperada: devolverle el mando a los ingenieros
La industria del motor ha recibido una sacudida eléctrica. Tras años de declive en China —cinco años consecutivos de caída libre—, la marca del ala dorada ha decidido separar de nuevo su departamento de Honda R&D. Es una marcha atrás en toda regla a la fusión de 2020, una fisura en la estrategia de eficiencia que el propio Mibe apoyó en su día y que ahora, tras ver la cruda realidad de la automatización total en Shanghái, reconoce como un error estratégico.
La ingeniería como salvavidas (o última voluntad)
Separar Honda R&D de la estructura matriz de Honda Motor es un movimiento de autoridad interna. Se acabó la dictadura de los contables que impuso Takahiro Hachigo en 2020. Mibe quiere que sus ingenieros vuelvan a «mancharse las manos» en las carreras para trasladar ese conocimiento a la calle, una cultura que ya le dio gloria a la marca pero que también la hizo sufrir en búnkeres como el de McLaren en su día.

Sin embargo, seamos críticos: ¿Es suficiente con soltarle la correa a los ingenieros cuando el mercado chino ya te ha expulsado? La retirada estratégica hacia la India con el Honda 0 α SUV es un reconocimiento implícito de que en China la batalla está perdida. Honda está intentando replicar su éxito histórico en mercados emergentes porque en los mercados tecnológicos líderes se ha quedado sin oxígeno.
Un acto de fe en un mundo de algoritmos
El análisis de fondo nos deja una conclusión amarga: Honda está intentando resolver un problema de economía de escala y automatización con una solución de filosofía de diseño. Es loable que Mibe reconozca que «no tienen oportunidad» bajo las reglas actuales, pero devolverle el poder a los ingenieros solo funcionará si esos mismos ingenieros son capaces de automatizar sus propios procesos al nivel de Tesla o BYD.

En 2026, ser una «marca de ingenieros» ya no es una ventaja competitiva si no eres capaz de fabricar a la velocidad del rayo. Honda ha vuelto a sus raíces para no morir, pero el riesgo es que, mientras ellos redescubren su ADN, el resto del mundo termine de borrar su nombre de los mapas de ventas más importantes.
