Madrid será Las Vegas o será un solar de 200 millones de euros. Mientras el alcalde garantiza que el 13 de septiembre rugirán los motores, VOX activa la alarma roja: si el 31 de mayo no hay pista, la capital se asoma a un abismo financiero de 400 millones.
La política en Madrid ha decidido que la Formula 1 no es un deporte, es un órdago. José Luis Martínez-Almeida ha bajado la bandera de cuadros en el Pleno de Cibeles: «Habrá F1 el 13 y 14 de septiembre». Una frase lapidaria que pretende acallar los rumores de retrasos, pero que choca frontalmente con la cruda realidad de las excavadoras en IFEMA.
La calculadora del desastre: 400 millones en juego
Seamos críticos: el optimismo de Almeida es, como mínimo, temerario. Javier Ortega Smith (VOX) ha puesto sobre la mesa los números que nadie quiere mirar. Si el circuito de Formula 1 de Madrid no se entrega el 31 de mayo para su homologación por la FIA, Madrid entra en barrena.
EL CRONÓMETRO DE CIBELES
Gastos directos sin retorno.
El coste de «no celebrarse».
No hablamos de calderilla. El «lucro cesante» —lo que dejaríamos de ganar en una década— se estima en 400 millones de euros. A eso súmale 200 millones en gastos sin retorno y penalizaciones que harían temblar las arcas de cualquier ciudad. Almeida insiste en que «ni un euro» saldrá del presupuesto municipal, pero en IFEMA, el Ayuntamiento es socio, y cuando el promotor falla, el socio acaba pagando la fiesta.
¿Realidad o propaganda? El muro del 31 de mayo
La experiencia nos dice que en las grandes obras de Madrid (como en las de tu propia casa, o esa fisura que esperemos te deje caminar pronto), los plazos son una sugerencia, no una ley. Almeida se escuda en que los tribunales han rechazado las cautelares de la izquierda. Bien por él. Pero los jueces no asfaltan curvas de 90 grados ni instalan muros de protección Tecpro.

El alcalde saca pecho comparando Madrid con Barcelona, criticando los millones que la Generalitat ha inyectado en Montmeló. Es una táctica clásica de distracción: mirar al vecino para no ver las grietas propias. Madrid ha elegido ser una de las 20 ciudades del mundo en el circo de la F1, un privilegio que, si sale mal, se convertirá en una losa histórica.
Veredicto: A 300 km/h por el filo de la navaja
Madrid tiene el ADN de los eventos masivos, y la autoridad de IFEMA es real. Pero garantizar un evento de esta magnitud con obras que dependen de una fecha límite tan próxima (mayo) es puro equilibrismo político. Si el 13 de septiembre Fernando Alonso y Max Verstappen (con o sin Mercedes) no están en la parrilla de salida, el ridículo internacional será proporcional a la ambición de la propuesta.

Quedan apenas dos meses para la homologación. En la F1, una décima de segundo es un mundo; en la obra pública de Madrid, dos meses son un suspiro. Almeida se lo juega todo al rojo. Esperemos que no termine en bandera roja.
