Celebrar el talento femenino un solo día al año es un insulto cuando tienes a la «Generación de Oro» ganando Mundiales de enero a diciembre
Si el calendario tiene 365 días, el motociclismo femenino español necesita 366 para colocar todos sus trofeos. En vísperas del Día Internacional de la Mujer, la RFME y su Comisión Femenina han lanzado un mensaje que debería resonar en todos los despachos de marketing deportivo: se acabaron las cuotas de cortesía.
Bajo el lema «Más que un día, una temporada de podios», Sandra Gómez, coordinadora de la comisión y leyenda del Hard Enduro, ha puesto los puntos sobre las íes. El motociclismo español no vive de gestos simbólicos, vive de una hegemonía aplastante. «Reclamamos nuestro lugar con resultados», sentencia Gómez. Y los resultados son, sencillamente, incontestables.
El monopolio de la velocidad
La situación en los circuitos es de dominio total. El Mundial de Motociclismo Femenino (WorldWCR) se ha convertido en el patio de recreo de las españolas. María Herrera llega como vigente Campeona del Mundo 2025, habiendo tomado el testigo de Ana Carrasco (Campeona 2024).

Pero no están solas. Beatriz Neila y Sara Sánchez han convertido el podio mundialista en un monólogo español, cerrando el paso a rivales italianas o británicas. Es una dictadura de talento que se extiende a Europa con Natalia Rivera. Si en MotoGP se habla de la armada española, en el WorldWCR directamente no hay armada rival.
Reinas del barro y la técnica
Fuera del asfalto, la historia se repite con la misma contundencia. Berta Abellán ha destrozado la hegemonía británica en el Trial, ostentando la corona mundial de 2025 y ganando hace nada el X-Trial de Barcelona 2026.

En el Motocross, Daniela Guillén es una fija en el cajón, mientras que Mireia Badía reina en el Enduro. Y por si fuera poco, la propia Sandra Gómez sigue humillando a la lógica física terminando rallies como el Romaniacs en categoría Gold.
No es una moda pasajera. La cantera viene pisando fuerte con nombres como Daniela Hernando o Abril Monserrat. El mensaje de este 8 de marzo es claro: no las feliciten por ser mujeres, felicítenlas porque son las más rápidas del mundo.
