DS Nº8: viajar en modo eléctrico como nunca antes

DS Nº8: viajar en modo eléctrico como nunca antes

Con 750 km de autonomía, una silueta fastback que desafía las categorías y una obsesión casi enfermiza por el silencio, el primer eléctrico puro de la marca llega para cambiar las reglas del juego. De París a Barcelona, analizamos el modelo que quiere convertir a DS en el Louis Vuitton del automóvil.

El nacimiento de una nueva idea de lujo eléctrico

Francia domina la alta costura, la relojería, la marroquinería y la perfumería. Vuitton, Dior, Chanel o Hermès construyeron imperios culturales. Pero en automóvil, el lujo francés nunca logró consolidarse como referencia global… ¿hasta ahora?

Existe un problema curioso en el automóvil moderno: nunca los coches han sido tan buenos y, al mismo tiempo, tan parecidos. La electrificación ha conseguido algo que ni la globalización industrial ni las plataformas compartidas habían logrado del todo: homogeneizar la experiencia.

El DS Nº8 nace como reacción a todo esto. No como reacción técnica –también es un eléctrico–, sino como reacción cultural. DS no quiere competir en la carrera de la potencia ni en la de las pantallas. Su propuesta es otra: recuperar la idea de viajar bien. Puede sonar romántico, pero es exactamente la misma premisa que definió al mítico Citroën DS de 1955.

Diseño, aerodinámica y el “French Art of Travel”

Para comprobar si esa filosofía sigue teniendo sentido hoy, el escenario elegido no podía ser mejor: salir de París y llegar a Barcelona. Algo más de 1.700 kilómetros atravesando prácticamente todas las formas de carretera posibles en Europa occidental.

En su desarrollo inicial, Thierry Métroz y su equipo combinaron expresividad visual, facilidad de uso y eficiencia aerodinámica. El objetivo era claro: trasladar el lujo francés al automóvil bajo el concepto “French Art of Travel”.

El Nº8, primer modelo exclusivamente eléctrico de la marca, toma ideas del concept Aero Sport Lounge. Su desarrollo siguió un enfoque radical: la aerodinámica antes que el diseño. El resultado es un coeficiente de 0,24 y una autonomía WLTP de hasta 750 km, superando a rivales como Tesla Model Y o BMW i4.

Un viaje donde el silencio es protagonista

París nunca te deja marchar fácilmente. Ahí empieza nuestro viaje. No en la autopista. En el ruido. El DS Nº8 no intenta imponerse a ese escenario. Lo domestica.

La primera sensación no es potencia ni tecnología, sino ausencia de fricción. La ingeniería acústica elimina no solo decibelios, sino irregularidades. Triple sellado, trabajo aerodinámico y ajustes milimétricos convierten el caos exterior en un murmullo distante.

El coche no parece silencioso. Parece civilizado. A 130 km/h, el esfuerzo percibido es mínimo. La silueta fastback, los tiradores enrasados y la superficie limpia no son gestos de diseño; son decisiones energéticas.

Autonomía, tecnología y confort en marcha

La gama cuenta con tres versiones, hasta 375 CV y tracción total, con baterías de hasta 97,2 kWh y una autonomía cercana a los 750 km. La arquitectura de 400 voltios permite recargas del 20 al 80% en unos 28 minutos.

Tras la primera hora de autopista ocurre algo revelador: el cuerpo se adapta sin tensión. El sistema DS Active Scan, que lee la carretera, ajusta la suspensión antes de cada irregularidad. El resultado no es flotar, sino suavizar sin desconectar.

El interior apuesta por la atmósfera frente al espectáculo: instrumentación de 10,25”, pantalla de 16”, cuero Nappa y un enfoque que DS define como “chrome detox”. El sistema de sonido Focal Electra completa una experiencia donde el silencio no se rompe, se acompaña.

De París a Barcelona: una nueva forma de viajar

A medida que avanzamos hacia el sur, el Nº8 demuestra su equilibrio. No incita a atacar, incita a fluir. En las Gargantas del Tarn, la experiencia se vuelve casi contemplativa.

Después llega el Viaducto de Millau, donde el desplazamiento se vuelve abstracto. Y más tarde, los Pirineos, donde la tracción total reparte par con precisión silenciosa.

Tras más de 1.500 kilómetros, el estado físico sorprende: no hay fatiga, no hay saturación. La ingeniería invisible demuestra su valor.

Barcelona recibe con movimiento continuo. Y el Nº8 mantiene su compostura. No es un coche espectacular en cifras extremas, pero sí coherente en propósito.

Después de más de 1.700 kilómetros, la conclusión no es técnica. Es sensorial. Bajas del coche sin la sensación de haber completado una travesía exigente. Sientes simplemente que has llegado. Y esa naturalidad, en la era eléctrica, es probablemente la mayor sofisticación posible.