Acaba de volver a hacer historia en los Grammy y, una vez más, Bad Bunny demuestra que su ambición no entiende de límites. El artista puertorriqueño vive uno de los momentos más dulces de su carrera. Sin embargo, más allá del escenario hay otra pasión que late con fuerza: los coches. No hablamos de caprichos puntuales, sino de una colección que mezcla carácter, exclusividad y mucha personalidad.
Los deportivos: potencia extrema y adrenalina utilizable
Dentro del apartado más pasional de su garaje conviven dos mundos claramente diferenciados. Por un lado, aparece el equilibrio perfecto entre deportividad y uso diario del BMW M4, un coupé de altas prestaciones que combina precisión alemana y una estética agresiva, aunque plenamente utilizable en el día a día. Por otro, surge la exageración técnica hecha hipercoche: el Bugatti Chiron, uno de los modelos más exclusivos del planeta y auténtico símbolo de poder y estatus.
Así, la dualidad resulta evidente. Mientras tanto, el M4 representa la deportividad cotidiana, el Bugatti encarna las cifras estratosféricas reservadas para momentos especiales. En consecuencia, hablamos de dos formas muy distintas de entender la velocidad bajo un mismo nombre.
Los utilitarios: lujo robusto y discreción estratégica
En su faceta más práctica, el contraste vuelve a hacerse visible. En este terreno, entra en juego una bestia sobre cuatro ruedas como el Mercedes-Benz Clase G, icono del lujo robusto, presencia intimidante y ADN todoterreno. Al mismo tiempo, convive un mucho más sutil Toyota Corolla de 2003.
De este modo, el contraste es tan intencionado como interesante. Del mismo modo, pasamos del SUV que no pasa desapercibido al compacto que permite moverse con discreción y sin levantar miradas. En definitiva, se trata de elegir entre poder o anonimato, según el día.
Los clásicos: identidad y raíces

Además, Bad Bunny no se olvida de los clásicos. En su colección figura un Pontiac GTO, uno de los grandes nombres del muscle car americano.
De hecho, como en sus canciones, en su estilo y en su forma de entender la vida hay un guiño constante al pasado. Por eso, tradición, carácter y rebeldía conviven en una misma narrativa. En su música lo convierte en himno; en su garaje, en acero y gasolina.







