Aston Martin Valhalla: el supercar del siglo XXI ya está aquí

Aston Martin Valhalla: el supercar del siglo XXI ya está aquí

Ambicioso y desgarradoramente bello, el superdeportivo de motor central de la marca británica es una reinterpretación fascinante en clave del siglo XXI del concepto original de Lamborghini. Lo conducimos y disfrutamos al máximo.

El viaje hacia Valhalla

El viaje a Valhalla es, según la leyenda, un camino complicado. Morir en batalla, esquivar lobos hambrientos y mantenerse en el favor de Odín son condiciones innegociables. Hoy, sin embargo, he encontrado una ruta mucho más sencilla hacia la tierra prometida.

Basta con buscar un botón oculto, abrir una elaborada puerta de apertura dihedral y dejarse caer en una generosamente equipada bañera de carbono que sitúa tu trasero prácticamente a ras del asfalto. Bienvenido al Valhalla, el segundo coche con motor central de Aston Martin –y el primero, el Valkyrie, fue una colaboración de precio desorbitado con Red Bull Racing– y un oportuno informe de progreso de 60 años sobre la evolución del superdeportivo.

La espera por este coche, esencialmente la respuesta de Aston a modelos como el buque insignia de Lamborghini, el Revuelto, y el nuevo 849 Testarossa de Ferrari, ha sido larga. El concepto original apareció en el último Salón de Ginebra previo a la pandemia, allá por 2019, y en ese tiempo nada menos que cuatro CEOs han pasado por las oficinas de Gaydon, todos ellos sin duda convencidos de que presidirían el lanzamiento de este ambicioso superdeportivo orientado al futuro.

Las emociones que es capaz de provocar, aunque sea por breves instantes, son intensísimas y hacen que el precio, cerca del millón, parezca trivial.

Un Aston Martin completamente nuevo

El Valhalla abre mucho terreno nuevo para la marca, que tras décadas de ciclos de auge y caída se encuentra –al igual que su equipo de Fórmula 1– tratando de rentabilizar una importante inversión y una inteligente política de fichajes; el ex de Bentley Adrian Hallmark, con su impecable trayectoria, ocupa el cargo de CEO desde finales de 2024.

Aston Martin Valhalla híbrido: 1.079 CV y tres motores eléctricos

Este es el primer Aston con un V8 de cigüeñal plano, el primero con tres motores eléctricos (uno en cada rueda delantera y un tercero entre el motor y la caja de cambios, convirtiéndolo en un superdeportivo de tracción total híbrido gasolina-eléctrico) y el primero con una transmisión de doble embrague.

El resultado es un pura sangre tri-motor de 1.079 CV con un precio que haría sonrojar incluso a los italianos: 850.000 euros antes de opciones –por lo que será muy fácil superar el millón–, más del doble que el 849 Testarossa o el sensacional Revuelto V12. Cifras de locura. Especialmente cuando, al menos sobre el papel, sus prestaciones son comparables. El Valhalla cuenta al menos con la baza de la exclusividad: se fabricarán 999 unidades.

Afortunadamente para Aston, la gente no compra superdeportivos solo por cifras, y es evidente que el Valhalla tiene opciones desde el primer momento. La belleza es un concepto muy personal pero, desde los ojos del que suscribe este artículo, el Valhalla está sin duda considerablemente más cerca de resultar visualmente atractivo que el 849 o el Revuelto.

Destacan las puertas dihedrales, los escapes superiores situados sobre la cubierta del motor, los enormes túneles Venturi inspirados en el Valkyrie, un alerón trasero activo que se eleva 255 mm, retrovisores montados sobre complejos brazos de fibra de carbono y una toma de aire en el techo al estilo F1.

Primer contacto en el Circuito de Navarra

Para hacerlo, nos encontramos en España, elegida para evitar el impredecible clima europeo a comienzos de la primavera.

Naturalmente, el Circuito de Navarra está más mojado que una foca. Los Michelin Pilot Sport Cup 2 quedan relegados al fondo del garaje y en su lugar se montan los más versátiles Pilot Sport S 5.

Bastan apenas 20 segundos para percibir la magia que ya experimentamos en la conducción del prototipo inicial.

La calibración de la dirección asistida eléctrica recuerda al Aston clásico trasladado a una configuración de motor central. No es especialmente pesada, pero transmite una sensación de aplomo y precisión en el eje delantero más refinada y deliberada que el equivalente, famoso por su nerviosismo, de Ferrari.

Una enorme rigidez lateral del conjunto permite al Valhalla ofrecer una agilidad frontal y una capacidad de entrada en curva absolutamente al nivel de los mejores.

Emocionante e intuitivo incluso en mojado

Incluso en mojado, el Valhalla resulta inmediatamente emocionante e intuitivo, y dada la calidad de la ingeniería no es difícil entender por qué.

El precio y las ventajas en prestaciones hacían imprescindible un monocasco de fibra de carbono, desarrollado junto al equipo de Fórmula 1. Flanqueado por subchasis de aluminio, el monocasco inferior pesa solo 74,2 kg.

Aerodinámica de Fórmula 1 para la carretera

Dada la estilizada silueta del coche, la gestión aerodinámica es impresionante.

Aunque el Aston incorpora elementos activos delante y detrás, es en la zaga donde las líneas limpias se ven realmente alteradas por ese alerón hidráulico. Como su equivalente oculto en el frontal, el alerón trasero puede actuar como DRS y aerofreno, pasando de una función a otra en medio segundo.

También contribuye a esos 600 kg de carga aerodinámica, 185 kg más que el 849 Testarossa a velocidades similares.

En la transición de la curva cinco a la seis, una larga doble izquierda que premia una frenada firme y precisa, hay un momento en el que, al levantar el pie, el sistema Integrated Vehicle Dynamics Control (IVC) coordina todos los sistemas para cerrar suavemente la trayectoria y hacer girar con precisión más de 1,7 toneladas de superdeportivo de última generación.

Evolucionado respecto al visto en el DB12, el IVC integra ahora el torque vectoring del eje delantero eléctrico, la distribución de par del sistema de tracción total eléctrica y la frenada regenerativa bajo un mismo paraguas.

El V8 biturbo que impulsa al Valhalla

Situado a pocos centímetros detrás del conductor hay un V8 biturbo de 4.0 litros con cigüeñal plano que desarrolla 828 CV y 857 Nm.

Procedente del AMG GT Black Series, ha recibido numerosas modificaciones específicas para el Valhalla, incluyendo nuevos árboles de levas, colectores de escape, pistones rediseñados y un compresor de mayor tamaño en los turbos.

Probablemente debido a su mayor peso en seco, el Valhalla no transmite la misma sensación de aceleración que el 849 Testarossa. Pero la velocidad en línea recta y la respuesta siguen estando claramente en territorio balístico.

Del circuito a la carretera

Al abandonar el Circuito de Navarra y salir a carretera abierta, me siento dividido.

El Valhalla ofrece un chasis magnífico, un diseño espectacular y una electrónica brillante. Pero el tren motriz debería ofrecer algo más por 850.000 euros.

Y hablando de eso, apenas cinco kilómetros después de salir del circuito, mi bolsa ya ha acabado en el hueco de los pies del pasajero. No hay absolutamente ningún espacio de carga en el Valhalla, lo cual es una lástima.

Sobre todo porque el habitáculo –revestido en fibra de carbono, Alcántara y cuero– tiene todo lo demás que podrías desear.

Una perspectiva privilegiada

Al dirigir el morro bajo y ancho del Aston hacia las carreteras serpenteantes del Parque Natural de Izki, algo no encaja.

El sonido.

Discreto y apagado en circuito, ahora tengo una perspectiva privilegiada de la orquesta a bordo. Piedras que golpean la bañera de carbono, los enormes neumáticos traseros de 335 mm que rugen y la banda sonora del sistema híbrido siempre presente.

Lejos de vivir exclusivamente en altas revoluciones, los turbos silban y resoplan, inundando el habitáculo con una sinfonía caótica llena de energía y emoción.

Rápido y confortable

Estoy en modo Race, la única opción si quieres el alerón desplegado, pero el Valhalla no tiene intención de enviarme a su homónimo celestial.

La tracción es excepcional y la caja de cambios ejecuta los cambios con precisión mediante las levas. En carreteras de montaña sinuosas estoy rodando más rápido de lo que debería, pero el Valhalla parece imparable.

A partir de 240 km/h, el alerón reduce activamente la carga aerodinámica para mantenerla en unos 600 kg constantes. El coche podría generar más, pero hacerlo requeriría una suspensión más dura y, por tanto, un peor confort de marcha.

Muchos superdeportivos actuales son tan equilibrados que el pico de emoción se diluye al suavizar sus extremos. No ocurre así con el Valhalla. Sí, hay imperfecciones. Pero cuando brilla, lo hace con una intensidad trascendental.

Objetivamente, ni tú ni yo estaremos nunca en paz con su precio frente al 849 Testarossa o el Revuelto. Pero para quienes pueden gastar varios cientos de miles de euros en un superdeportivo, la decisión no se rige por la lógica ni el presupuesto.

Las emociones que el Valhalla es capaz de provocar, aunque sea por breves instantes, son intensísimas y hacen que el precio de entrada parezca trivial.