- Publicidad -

El que quizá ha sido el narco más conocido de España comenzó su carrera delictiva en los años 80, y no se cortaba en ir por su pueblo en un Ferrari Testarossa blanco. Tras varias condenas y con una actitud más discreta, Sito Miñanco ha vuelto a ser detenido.

Sito Miñanco en los tiempos en los que dirígia el club de futbol de su pueblo natal.

El mito del Ferrari Testarossa blanco se fraguó en el mundo audiovisual con la serie de TV “Corrupción en Miami”. En aquella época la ciudad norteamericana estaba sumida en un caos alimentado por la cocaína. La droga fluía desde Florida al resto del país, y en 1984 el FBI registró más de 1.200 asesinatos. En la serie los “narcos” presumían de mansiones, barcos y deportivos, pero curiosamente “Miami Vice” proyectó una imagen de sofisticación y glamour que sirvió para atraer a los turistas. Así que fue Don Johnson, en el papel del detective Sonny Crockett, el responsable de que todos quisiéramos tener un Testarossa blanco como el suyo.

Sonny Crockett y Ricardo Tubbs eran los personajes protagonistas de “Corrupción en Miami”.

Y los españoles los primeros, que en los rankings sobre drogas siempre somos una potencia mundial. Ahí estaba el narco gallego José Ramón Prado Bugallo (1955), más conocido como “Sito Miñanco”, paseándose por su pueblo (Cambados, en Pontevedra) en un Ferrari Testarossa blanco igualito que el de Sonny. Había comenzado con el contrabando de tabaco y una cosa llevó a la otra, y parece ser que la discreción no era su fuerte. En los años del Testarossa vivió su época dorada, quemando mucha pasta en coches, mujeres y juego. También se gastaba el dinero en el equipo de fútbol Juventud Cambados, que casi subió a Segunda y cuyos jugadores se cambiaban en unos vestuarios cinco estrellas. Cuando ascendieron a Segunda B en 1989 todo el pueblo lo celebró y el ayuntamiento les entregó una placa como reconocimiento, un trofeo que recibió de manos del alcalde el propio Miñanco. Sito tenía fama de generoso y cuentan que ayudó a la gente de su pueblo y a sus familiares, pagando incluso reparaciones en el colegio o la iglesia.

Pero a partir de ahí todo comenzó a torcerse, y desde entonces la Policía le ha seguido los pasos muy de cerca. En 1991 fue detenido en el marco de la célebre “Operación Nécora” y le metieron 20 años.

En el 98 comenzó a disfrutar de la condicional, pero en agosto de 2001 lo detuvieron de nuevo y le cayó una nueva condena, esta vez de 16 años. No fue hasta 2014 cuando comenzaron a dejarle salir de la cárcel durante el día. Ahora han vuelto a detenerle junto a otras 43 personas vinculadas a una red de tráfico de cocaína. Esta vez le detuvieron en un chalet de Algeciras desde el que presuntamente organizaba la importación y distribución de la droga. Muchos se preguntan que ha llevado a este célebre delincuente, que siempre ha estado vigilado de cerca por la Policía y que lógicamente debe tener un gran patrimonio oculto, a volver a delinquir. Hasta ahora ha pasado más de 20 años de su vida en la cárcel.

Tras algunos años un poco olvidado, otro Testarossa blanco volvió a ser un icono de la mala vida gracias a la película “El lobo de Wall Street”, aquel peliculón de Scorsese sobre el ascenso y caída de un astuto embaucador financiero. Leonardo Di Caprio interpretaba magistralmente al protagonista, un tipo simpático y con mucha labia aficionado a las drogas, al sexo de pago y a los deportivos italianos. Él mismo decía en la película: “mi Ferrari era blanco, como el de Don Johnson en Corrupción en Miami…”

Leonardo DiCaprio y Margot Robbie, en “El lobo de Wall Street”.

Origen del Testarossa

El Salón de París de 1984 fue el lugar elegido por Ferrari para mostrar el coche que deslumbraría al mundo, aunque la noche anterior se presentó en el club Lido, en los Campos Elíseos. Su diseño era algo nunca visto, con esas líneas tan limpias y fluidas, aparentemente sencillas, salidas de los estudios Pininfarina. El grupo de diseñadores que lo hicieron posible estaba dirigido por Leonardo Fioravanti, creador de los 308/328 o 288 GTO, aunque al parecer el autor de las líneas maestras fue Emanele Nicosia. La fuerza de su estilo era tan grande que en el catálogo comercial, el que daban en los concesionarios, no había ni una sola palabra. Sólo páginas con fotos y al final los datos técnicos. Si algún coche se vendía solo, era este, a pesar de que costaba 24 millones de pesetas.

Los Testarossa de primera serie llevaban las llantas con tuerca central y un único y extraño retrovisor.

Conviene ambientarnos sobre el ambiente automovilístico de la época; fue en 1984 cuando se lanzó el primer Seat Ibiza, y el Fiat Uno se llevó el título de “Coche del Año en Europa”. De la misma cosecha fue el disco “Born in the USA” de Bruce Springsteen, o películas inolvidables como “Cazafantasmas” o “Terminator”.

Volviendo al Testarossa, quizá el único elemento que no convenció a todos fue el retrovisor único en el lado del conductor, y colocado a media altura sobre el pilar que soporta el parabrisas. A partir del Salón de Ginebra de 1987 ya montaron dos, y colocados en la parte baja del pilar. Técnicamente el coche era similar al 512 BBi al que sustituyó. En cuanto a la estructura seguía con la tradición de la marca y empleaba una estructura tubular de acero, con subestructuras para soportar el motor o la suspensión. La carrocería era mayoritariamente de aluminio, con las puertas y el techo de acero. Medía 4.485 mm. de largo, con una distancia entre ejes de 2.550 mm. Pero lo más llamativo es que era muy bajo y anchísimo, con 1.976 mm. de lado a lado, lo que le hace más ancho que cualquier Ferrari de la gama actual. Un F12 es más largo (4.610 mm.) pero respecto a la anchura se queda en 1.942 mm.

Al levantar el capó trasero queda a la vista el majestuoso 12 cilindros con los cilindros opuestos. Lo que salta a la vista son esas culatas rojas que dan su nombre al modelo (el Testa Rossa original era un biplaza de carreras de los años 50). También queda claro que esta mecánica va colocada en una posición algo alta, porque debajo está el cambio y el diferencial. Lo mismo pasaba en el 512 BBi, y algo así nunca es bueno, porque el centro de gravedad del coche no está todo lo bajo que debería.

A partir de 1987, se cambiaron las llantas por estas con cinco tuercas.

El motor rinde 390 CV y tiene un rendimiento muy bueno incluso para los parámetros actuales, progresivo, elástico, con mucho par y rabioso a altas revoluciones. Sin duda lo mejor de este biplaza. Si no le buscas las cosquillas el Testarossa es un Gran Turismo fantástico, con mucho espacio para las piernas y pensado para viajar por carreteras amplias y en buen estado a ritmos endiablados, y con un límite de adherencia muy alto. También lleva diferencial de deslizamiento limitado. Pero sabemos que el Testarossa no tiene fama de ofrecer un comportamiento brillante y eso se debe a que mucha gente le exige ser lo que no es, es decir, un coche de carreras. Se mantuvo en producción con muy pocos cambios hasta 1991, y tuvo dos evoluciones: el 512 TR de 1992 (2.280 unidades producidas) y el escaso F512 M, solo 501 unidades (1994).

Se fabricaron más de 7.000 unidades (hasta 1991) y en los años de la crisis se llegaron a ver unidades a la venta por menos de 50.000 euros, pero hoy difícilmente encontrarás alguno por menos de 100.000.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

veinte + trece =