Por ironías del destino, pese a ser esta una escena de coches que deben su existencia a una Alemania de la que nadie puede estar orgulloso, los propietarios de Volkswagen refrigerados por aire, como estos, se cuentan entre los más diversos y tolerantes del mundo. Acuda a una de sus reuniones y verá coches fabricados entre los años cuarenta y la década de los dos mil, desde deportivos hasta pick-up de doble cabina, modificados y cien por cien originales, de adolescentes o jubilados, sin olvidar el famoso Beetle.

Son clubes de propietarios a los que no es demasiado difícil acceder, pues frecuentemente los precios de estos vehículos son bajos, requieren un mantenimiento que puede hacerlo uno mismo y, además, existen verdaderas joyas a las que cuesta no echarles el guante.

En esta comparativa hemos juntados los tres más deseados, el Beetle (Type 1), el Microbus (Type 2) y el Karmann Ghia (Type 14). En el caso de la camper, estamos conduciendo una de las primeras Split Screen del mercado, y, pese a que las originales de 1955 tiene precios de seis cifras, se pueden encontrar otras por alrededor de 20.000 euros. Luego tenemos el Beetle de la década de 1970, el cual lograba un asombroso equilibrio entre look clásico, manejabilidad moderna y un precio asequible, con unidades en buen estado por 10.000 euros. Y, pese a que el espectacular Karmann Ghia era prohibitivamente caro cuando se lanzó al mercado –prácticamente doblaba el precio del Beetle– hoy en día pueden encontrarse en buen estado por 15.000 euros.

Sin embargo, como no podía ser de otra manera, con series de fabricación tan prolongadas y al tratarse de modelos con varias décadas a sus espaldas, hay mucho que averiguar antes de sacar el talonario. A lo largo de las siguientes páginas, le proponemos una recomendable iniciación…

Volkswagen Beetle (1938-2003)

A lo largo de su vida se produjeron más de 21 millones de Beetle, la inmensa mayoría de ellos en la sede de Volkswagen en Wolfsdburgo (Alemania), en México y Brasil. Todas las generaciones y modelos mantienen cierta continuidad, pero el experto Bill Rudman resalta el modelo de 1967 como el coche a comprar. “Combina un aspecto clásico con facultades modernas, como un sistema eléctrico de 12 voltios o el motor de 1.5”, nos explica.

Volkswagen Beetle

Los precios son relativamente asequibles, teniendo en cuenta el estatus icónico del Beetle. Por 15.000 euros puede hacerse con una buena unidad de 1967, mientras que por 10.000 podrá adquirir cualquiera de los modelos de 1968 en adelante.

Potenciados por motores cuatro cilindros en línea de 1.131 cc o 1.192 cc que desarrollaban 25 o 30 CV, estos coches son fácilmente diferenciables por la forma ovalada de su luna trasera –dividida en dos antes de 1953–, por los pequeños faros traseros y por el fino paragolpes delantero estilo cuchilla. Pueden conseguirse entre 20.000 y 30.000 euros como máximo.

Nosotros estamos conduciendo una unidad propiedad de Volkswagen, un modelo 1.2 restaurado por completo y uno de los últimos fabricados en Alemania. Los ensanchados paragolpes, el mayor tamaño de las luces traseras y el encogimiento del capó y la cubierta trasera nos indican que se trata de un modelo “moderno” fabricado tras la transición de 1967. Un coche del que nos sorprende la comodidad de sus inclinados asientos de terciopelo, los enormes huecos bajo el pequeño salpicadero, que proporcionan espacio más que de sobra para las piernas, y el velocímetro de la consola central, que tarda 35 segundos en moverse desde el 0 hasta el 100 km/h.

Volkswagen Beetle

La experiencia al volante es sorprendentemente estimulante: el fino volante se mueve con precisión, la palanca de cambio se desliza suavemente hasta seleccionar la marcha, los frenos son efectivos y, tras un rato rodando, el Beetle se asienta, dándole a uno la confianza necesaria para apretarme incluso en una carretera con curvas. El apretarle es relativo, claro está, pero el motor refrigerado por aire tiene tanto carisma y entusiasmo que nos convence de que ir a 80 km/h por una carretera secundaria es todo un logro. 

Asequible, divertido y fácil de mantener, el Volkswagen Beetle sería un gran clásico incluso si dejamos de lado su aportación a la historia, a la cultura popular y al desarrollo del automóvil. Pero este amplio significado hace que haya aún más razones para comprarlo.

Volkswagen Microbus (1950-2013)

Todos los VW refrigerados por aire son objeto de culto, pero ninguno de tal manera como el Microbús, conocida informalmente como la caravana de  Volkswagen. Se basa en los mismos mecanismos fiables del Beetle, y a día de hoy se pueden encontrar modelos bay-window, producidos entre 1968 y 1972, por 15.000/20.000 euros, y unidades posteriores a 1972 aún más baratas. Las más caras son las split-window (o slitties), que fueron producidas desde 1950 hasta 1967. “Si tienes suerte las encuentras por 20.000 euros, sino, pueden subir hasta los 110.000”, nos dice Bill Rudman.

La caravana que nosotros estamos conduciendo, sin embrago, es una excepcionalmente cuidada Samba, la versión más lujosa, que se caracteriza por sus 23 ventanas y por su doble puerta, estilo granero, en lugar de la típica puerta corredera que permite acceder a los asientos traseros. Matriculada por primera vez en Noruega, se anuncia en Car-Iconics por 146.000 euros.

Es necesario escalar e inmediatamente después agacharse para poder acceder al estrecho asiento tipo banco de la primera fila. Su clásica forma, reconocible desde el exterior, lo es igual desde el interior. Por encima del hombro, encontramos ventanas de tamaño normal y una hilera de pequeñas claraboyas que la adornan como las joyas a un anillo. En la parte delantera, los paneles de las puertas crean un elegante arco paralelo a las rodillas que recorre toda la caravana hasta topar con la placa de VW situada en el frontal.

El conductor se sienta en el extremo anterior, asomándose como si de una ventana de un rascacielos se tratase, y actúa mediante un fino volante Bakelite que es prácticamente horizontal.

La velocidad no es su fuerte, pero es una máquina cálida y con carácter, en parte gracias a su propulsor de cuatro cilindros refrigerado por aire. Los modernos asegurarán que viajar en un bus tan antiguo no tiene encanto ninguno, pero se equivocan. No se trata de llegar pronto, sino de disfrutar el viaje, y eso, con esta impresionante obra de arte industrial, está asegurado.

Karmann Ghia (1955-1975)

Antes de 1955 ya se la había ocurrido a alguien fabricar un deportivo en base a las mecánicas del Beetle… pero desde este año hasta 1975 fue la propia Volkswagen la que combinó, con la ayuda de Karmann, el motor de su escarabajo con la carrocería sport diseñada por Carrozzeria Ghia.

Partiendo de la plataforma de un Beetle ensanchada, y producido a mano en la fabrica de Karmann en Osnabrück (más tarde en Brasil), el Karmann Ghia se hizo realidad con un diseño que, aún hoy, parece racional y sugerente.

Mientras que la mecánica es simple y relativamente asequible, la carrocería a medida representa un gran coste potencial. El enorme capó parece quedar interrumpido por el compartimento de equipajes, pero en verdad envuelve varias secciones que están soldadas entre sí. Detalles caros de cambiar, que no se limitan al frontal; Bill Rudman recuerda haber visto un alerón trasero en eBay por 900 euros.

Los modelos lowlight, producidos hasta 1959 y apodado así por la posición más baja de los faros e intermitentes, son los más valiosos. Por uno en buen estado pueden llegar a pedir 30.000 euros, mientras que por uno en condiciones excepcionales la cifra asciende hasta los 70.000 euros.

La maquinaría siguió evolucionando conforme lo hacía el Beetle, por lo que en 1967 también sustituyó su sistema eléctrico por uno de 12 voltios e introdujo el motor 1.5. Los modelos producidos después del lowlight, pero antes de esta modernización, se pueden encontrar, en buenas condiciones, por 20.000 euros, pero si lo que se busca es uno de los modelos 12v producidos hasta 1970, habrá que desembolsar cerca de 30.000 euros.

Los posteriores, apodados cariñosamente fat-chick Ghia por los entusiastas, debido al ensanchamiento de su paragolpes, son los más baratos. Fabricados a partir de 1971, una buena unidad puede rondar los 15.000 euros, pero por 6.000 es posible encontrar alguno aceptable.

El motor 1.6 litros del modelo de 1969 que nosotros estamos probando mantiene el carismático rugido del Beetle, modelo con el que tampoco existe una gran diferencia en cuanto a rendimiento. El cambio sigue siendo sorprendentemente suave y directo. Además, monta una suspensión trasera independiente que, introducida en 1967, ayuda a mejorar el confort de la marcha. Algo también posible gracias a la mejorada suavidad de la dirección, que transmite la sensación de ir conduciendo sobre raíles. Un coche que, en definitiva, nos permite revivir aquellos maravillosos años del automovilismo en los que las emisiones no eran un problema. 

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