Cada disciplina tiene su meca, Le Mans, Indianápolis, Mónaco, Nürburgring… En España tenemos la suerte de tener una en el mundo de los rallyes desde hace cinco años, Trasmiera. En la tierra de las rabas, los sobaos y las quesadas, se dan cita tres días al año miles de aficionados a los rallyes para ver correr juntos a modelos de todas las épocas y categorías de este deporte de locos y apasionados llamado rallye. De locos porque hay que estarlo un poco para pasar 4 horas en una cuneta viendo pasar coches, y de apasionados porque si no lo fueran (y fuéramos), no tendría lugar. Allí acudimos para vivir el Rallye Festival Trasmiera 2018 desde dos perspectivas, como público y como organización, porque como pilotos, por ahora, no podemos.

La jornada del jueves empieza tranquila, sirve para saciar el mono de volver al rallye, porque quien va, suele repetir. Un tramo, el Ravenol, y una visita al edén, también llamado parque cerrado. Allí, entre sillas de playa, bidones de gasolina, tiendas de campaña y furgonetas, descansan las joyas que en un rato estarán quemando gasolina por algún tramo de Cantabria. 170 coches inscritos, venidos de todos lados de Europa, principalmente Inglaterra por lo que vemos y oímos, todos en excelente estado, todos dispuestos a disfrutar.

A disfrutar que no a competir, porque en el Rallye Festival Trasmiera no hay cronos, no hay primero ni segundo, solo se va a pasarlo bien y a deleitar al publico en cada uno de los 10 tramos que lo componen. Esto es fundamental para el buen funcionamiento del evento, a pesar de que muchos piden que se pongan tiempos, su ideólogo Andrés Bueno Arroyo se niega a ceder ante ese  cambio, porque sabe que mataría el espíritu de la prueba, el espíritu Trasmiera. La idea de celebrar este evento viene de su visita al Eifel Rallye Festival, celebrado a pocos kilómetros de Nürburgring. Aquella zona goza de ausencia de policía y hay leyes que protegen el motorsport desde que la zona se convirtió en los años 20 en lugar de culto al automovilismo y nació el circuito. Así que por qué no traer eso a España, un evento que reúna a equipos y amantes de los rallyes, con coches míticos y además trayendo nombres igual de legendarios. Dicho y hecho, la voluntad es más fuerte que el dinero y en Cantabria se daban las mejores condiciones para ello gracias a una buena cultura de este deporte.

Rallye Festival Trasmiera 2018

Andrés nos explicaba que a los que llegan de nuevas les da dos normas, flexibilidad y disfrute, si se cumplen, todo sale bien y todo el mundo vuelve a casa contento. Solo así se explica que un evento de tal magnitud salga bien con solo 6 personas al cargo. Además de ellos hay muchos voluntarios y gente que se presta a echar una mano, pero el núcleo de la organización es ese, no hay más. El teléfono echa humo mientras comemos, a Andrés le paran cada dos por tres de camino al parque cerrado, saluda en varios idiomas, y mientras va haciendo fotos. Todos le conocen y viceversa.

Poder caminar junto a un Ford RS200 abierto es todo un lujo, es como que te abran la puerta del zoo y caminar entre las bestias. Bestias porque allí hay de todo. De un simple Escort MKI a un Audi Quattro ex-Michelle Mouton original. Y así 170 coches, a uno le acaba doliendo el cuello de tanto mirar a todos lados, porque después del Escort WRC aparecen dos Celica GT-Ford, pero justo al lado hay dos RS200, y más allá un par de Stratos, detrás de los cuales hay un MG Metro o un 205 T16 Evo2 con las vergüenzas al aire y dos Audi Quattro juntos como si fueran coches de flota. Hasta las furgonetas que tiran de los remolques son Transit RS Edition y llevan llantas OZ como las de los Lancer EVO. Así es el Rally Festival Trasmiera.

Lo bonito es ver la gente que hay, un público entregado y apasionado. Por el parque cerrado del Trasmiera pasan mayores, adolescentes, niños y no tan jóvenes, todos deambulando entre asistencia y asistencia, la mayoría sin cordones de separación, pudiendo posar junto a tu coche favorito o simplemente pedir montarte. La escena más llamativa y entrañable la protagonizó un chaval de unos 10 años, sentado en uno de los solo 3 Opel Ascona 400 que existen en el mundo y que llevó Walter Rörhl, con los auriculares puestos y revolucionando el motor con una sonrisa de oreja a oreja. Hay relevo.

El personaje más entrañable fue un simpático japonés que conocimos, Mr. Sato, que llevaba cinco años seguidos viniendo desde la otra punta del mundo a ver el Trasmiera, y que tiene la suerte de poseer un Peugeot 205 T16 Evo1 original, el cual restauró hacía poco en Francia, pero que no pudo traer para correr porque no encontró remolque.

Llegaba el tramo especial de Ravenol, y siendo un jueves laborable, allí había una cantidad impresionante de gente. Cada coche pasaba tres veces, a modo de bucle, lo cual propiciaba que a veces pasaran hasta cincocoches seguidos, y eso aumenta aún más su espectacularidad si los que pasan son un Audi Quattro, un 205 T16, dos R5 Maxi Turbo y un MG Metro. Ver un tramo del Rallye Festival Trasmiera es como recorrer la historia de los rallyes en una tarde, y volver a recuperar sonidos tan míticos como el del V6 del Startos, los “flat-six” de los 911 de los 70-80 o los cinco cilindros de la escuadra de los cuatro aros. Algunos van rápido, otros con más cautela, y los hay que van a dar puro espectáculo, cruzando el coche todo lo que pueden y más al pasar por curva, lo cual se agradece cuando llevas ya tres horas en el tramo viendo pasar coches una y otra vez.

Por el Rallye Festival Trasmiera no solo pasan coches de legenda, también pilotos de renombre como Harri Toivonen (hermano de Henrri), Jimmy McRae (padre de Colin) o Juha Kankkunen, cuatro veces campeón del mundo, que este año participó con el Toyota Celica ST185 de Nicky Grist, que le hizo de copiloto en el evento. Por desgracia el Escort WRC de Harri acabó siendo una barbacoa y no acabó el rallye, Juha tuvo un toque con el Celica y McRae salió limpio de la prueba.

Rallye Festival Trasmiera 2018

Rallye Festival Trasmiera 2018

Siempre había visto las fotos, los vídeos y escuchado las historias de lo que era un Rallye Festival Trasmiera, pero verlo, vivirlo y conocer sus entresijos hace que la experiencia se magnifique y que muy posiblemente sea irrepetible. Sin embargo, intentaremos repetir visita a Hoznayo y sus tramos, para volver a admirar el espíritu Trasmiera, su gente y sus leyendas de las cuatro ruedas.

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