Viento en popa a toda vela

Viento en popa a toda vela

Estaba claro que desde República Checa no iban a desaprovechar la oportunidad. Son 211 CV y una autonomía de 440 km para el nuevo eléctrico que se fabrica en Pamplona.

En Múnich, entre semáforos, rotondas y tráfico denso, el nuevo Škoda Epiq se siente más cerca de un buen utilitario que de un SUV eléctrico pesado: gira con facilidad, responde al acelerador sin tirones y permite modular la retención cómodamente. Esa primera impresión importa porque su planteamiento es el de un vehículo de acceso a la marca, además de hacer fácil el uso diario de un eléctrico.

La unidad probada, el Epiq 55, entrega 155 kW (210 CV) y 290 Nm a las ruedas delanteras mediante un motor síncrono de imanes permanentes. La batería, de 52 kWh netos, anuncia hasta 440 km de autonomía. La clave está en cómo administra esa potencia. Al salir de un cruce empuja bien y contundente, sabiendo que los eléctricos de por sí gozan de más par motor.

Si se insiste con el acelerador al abrir gas en una horquilla cerrada, el eje delantero deja claro que tiene que digerir todo el par, pero eso no es problema porque equipa suspensiones tipo MacPherson con brazos triangulares inferiores y barra estabilizadora transversal en la proa. No hay reacciones bruscas, aunque sí una ligera tendencia a ensanchar la trazada que invita a ser limpio con volante y pedal derecho.

En las carreteras del oeste de Austria aparece una de sus mejores cualidades. El coche apoya con precisión y el eje trasero de torsión mantiene la carrocería bien sujeta, con movimientos contenidos y reacciones progresivas. No te pide atacar directamente, pero sí permite mantener un ritmo alto sin que el chasis parezca trabajar por encima del límite. En firme roto filtra excelente y evita esa sequedad que todavía acompaña a algunos eléctricos pequeños.

En Autobahn (sin límite de velocidad) cambia la escala. A 120 o 130 km/h se muestra estable, con pocas correcciones de volante y una rumorosidad aerodinámica bien contenida. El Cx de 0,275 ayuda, y también explica el trabajo en lamas activas, bajos carenados, air curtains y pasos de rueda. Si elevamos la velocidad seguimos teniendo un habitáculo bien aislado al ruido.

La gestión de la regeneración está muy bien resuelta. También convence el tacto del freno, fácil de dosificar, pese a combinar esa regeneración y la frenada hidráulica. En modo B permite conducir con un solo pedal hasta detenerse por completo, algo especialmente cómodo al volver a entrar en población o en una bajada prolongada. En carretera abierta, dejarlo rodar con menor retención resulta más natural y evita esa sensación de freno permanente que puede crear algo de fatiga.

Por dentro, el Epiq recupera una vieja virtud de Škoda: sacar más espacio del que sugieren sus dimensiones. La marca construyó buena parte de su reputación moderna sobre coches sencillos de entender y muy bien aprovechados, y aquí esa receta reaparece en clave eléctrica. Hay 475 litros de maletero, un frunk de 25 litros y un habitáculo que prioriza huecos útiles y visibilidad sobre artificios.

La pantalla central es de 13 pulgadas, bastante grande, pero ni molesta la vista ni es “difícil” de manejar. En general siempre han tenido buenos ordenadores de abordo en el grupo, y eso es algo que el Epiq debía mantener. Todo se controla de forma táctil, salvo algunas acciones como las luces de emergencia o la función de desempañar ambas lunas, entre otras.

El resultado es muy positivo. Tiene potencia de sobra, un chasis equilibrado, buen aprovechamiento interior y autonomía razonable para su tamaño. Su carga rápida, del 10 al 80% en unos 24 minutos, completa un conjunto más que coherente.

Škoda Peaq, turno del hermano mayor

En el mismo viaje en el que probamos el Epiq tuvimos ocasión de conducir también el nuevo Škoda Peaq, un SUV eléctrico de 4,87 metros que juega en otra liga por tamaño, espacio y planteamiento. La primera impresión al volante es la de un coche grande pero bien asentado, con una entrega de potencia progresiva y una respuesta limpia al acelerador.

Probamos la versión 90, con 210 kW, 545 Nm y tracción trasera, una configuración que mueve con solvencia el conjunto y permite acelerar de 0 a 100 km/h en 7,1 segundos. En carretera rápida destaca por estabilidad y confort, mientras que en zonas reviradas se nota más su batalla, aunque mantiene un comportamiento predecible.

La batería de 91 kWh permite superar los 640 km de autonomía y admite una carga del 10 al 80% en 28 minutos. Dentro, el Peaq juega su mejor carta: hasta siete plazas, 935 litros de maletero en configuración de cinco plazas y un ambiente orientado al confort. Es la interpretación eléctrica y más ambiciosa del concepto Kodiaq.