Andreas Nikolaus Lauda (Niki Lauda, 1949-2019, Viena) siguió corriendo. Lo hacía de dos maneras. La de carne y hueso como director y socio del equipo Mercedes de fórmula 1, y como leyenda del automovilismo.

Hace algunos años, pudimos repasar la biografía del piloto austriaco reflejada en la película Rush. Hacer una película centrada en el automovilismo respetando la realidad de este singular deporte en el que los personajes van “encerrados” en una caja voladora resulta muy difícil. Solo una obra se salva de la quema desde el punto de vista de los verdaderos forofos, Grand Prix, de 1966, dirigida por John Frankeheimer y con Yves Montand y Eve Marie Saint. Grand Prix ha sido intocable, al menos, hasta la aparición de Rush.

Niki Lauda

Los críticos recibieron de muy buen grado los esfuerzos del oscarizado director estadounidense Ron Howard (Apolo XIII, Frost-Nixon, El Código Da Vinci) en torno a este breve pero trascendental episodio de la historia de la F1. Verdadero admirador de la F1, Howard se pasó dos años viajando a las carreras para empaparse desde dentro de lo que es la F1. Y lo que más se le elogia es el respeto que ha tenido por los personajes, por el ambiente y lo que era la F1 hace unos cuarenta años.

Niki Lauda: “Hubiese deseado que James hubiese visto la película porque estoy seguro de que le habría gustado mucho”, declaró el habitualmente taciturno y hosco Lauda a los periodistas de la F1. Y cuando le repitieron una frase que dice casi al comenzar la película, sonrió de esa manera dura que tiene él, pero concediendo la veracidad de esas líneas que pintaban una época: “Cada año veinticinco personas comienzan el campeonato y, cada año, dos mueren”.

Niki Lauda

En los setenta la fórmula 1 consumía vidas de pilotos a un ritmo vertiginoso. Los chasis eran tubos de aluminio fino como las hojas de un árbol, llenos de combustible que no resistían golpes y ardían con facilidad. El morbo de la muerte sobrevolando circuitos y la hábil negociación de un tal Bernie Ecclestone con las cadenas internacionales de televisión estaban poniendo a la F1 en el mapa de los entretenimientos insoslayables, y el duelo Hunt-Lauda y ciertos sucesos en Nürburgring iban a darle un crucial empuje de audiencia e interés.

Tanto Lauda como Hunt tenían un ímpetu irrefrenable por batirse, aunque el austriaco era el más calculador de los dos. No obstante, a pesar que la película los muestra con una rivalidad ácida, demasiado personal, Lauda confiesa: “De muy jóvenes James y yo solíamos salir juntos en Londres. Incluso pasé una noche en su apartamento. Pero no solos, éramos cuatro”.

Su duelo es al automovilismo lo que Mozart vs Salieri fue a la música, Kennedy vs Khrushchev a la geopolítica y Gates vs Jobs a la tecnología.

Han pasado 43 años desde 1976, cuando ambos se enfrentaron en un épico duelo por el cetro de los Grandes Premios. Lauda era el campeón establecido, un peso pesado respaldado por el ya legendario equipo Ferrari. Hunt, el rebelde informal que llegaba a los circuitos y a conferencias de prensa en desteñidos vaqueros y despeinado. James era famoso por entrenarse principalmente bailando en discotecas o acodado a la barra de los pubs. Para ascender Hunt había contado con el dinero del millonario británico Lord Hesketh, que compartía fiestas con el afable James. Lauda, miembro de aristocracia industrial austriaca había comprado su primera butaca en la F1, BRM, con un crédito concedido por un banco amigo de la familia.

Niki Lauda

Hunt falleció a los 45 años de un infarto en su residencia de Wimbledon en 1993 pero, como si fuera el bueno de la película, Lauda sobrevivió a la suicida F1 de los setenta, ganó tres campeonatos, dos más que Hunt, recibió dos riñones en donación (en 1997 y en 2005) y ha seguido vinculado al automovilismo. No han sido estos, según el mismo Lauda, los momentos peores por los que pasó. Uno de ellos, dice ,fue cuando “un periodista, poco después de mi accidente, me preguntó si era cierto que mi esposa iba a pedir el divorcio por la forma en que había quedado mi rostro”.

También añade: “Nunca me acordé de detalles del accidente. Solo una vez, en Ibiza, donde vivo con  Marlene, fumamos un poco y en ese estado me acuerdo que en el momento del accidente pensaba ‘¡no puede ser, no puede ser que yo vaya a morir así!’. Jamás volví a fumar”.

Niki Lauda

Niki Lauda había sido campeón en 1975, le decían el Computer por su matemática manera de correr y tratar al automovilismo. Hunt era el joven informal que era capaz de ganar sin renunciar a lo que él consideraba placeres igualmente valiosos: el encanto de  las mujeres.

Según los comentarios, Howard, un apasionado de la fórmula 1 a pesar de ser estadounidense, ha respetado no solo la esencia de ambos personajes. “Han hecho un buen trabajo”, ha declarado Lauda, “el actor que me encarna [Daniel Brühl] vino a verme y sintonizamos muy pronto, le invité al Gran Premio de Brasil. Me decía que sería muy difícil interpretarme porque estoy vivo y todo el mundo conoce mi lenguaje corporal. Pero debo decirlo, lo veo en la pantalla y pienso… ‘¡Pero si ese soy yo!”.

Howard tenía material para hacer un buen trabajo y entusiasmar al público en general. No solo se lo habían proporcionado ambos personajes totalmente opuestos sino también el casi fatal accidente que Niki Lauda sufrió el 1 de agosto de 1976, en el viejo y legendario circuito de Nürburgring.

Durante el GP de Alemania, el Ferrari 312 de Lauda chocó contra un talud y estalló en llamas con su piloto atrapado. Sus colegas de pista Arturo Merzario, Harald Ertl y Guy Edwards lo salvaron; no sin que antes Lauda sufriera quemaduras serias en su rostro e inhalara gases nocivos a alta temperatura que afectaron a sus pulmones.

Niki Lauda

Era una oportunidad que Hunt no se esperaba. Era tercero en el campeonato y estaba dedicado más que nunca a competir sin distracciones. A comienzos de año había negociado con el famoso actor Richard Burton “traspasarle” por un millón de dólares a su bella esposa, la modelo Suzy Miller, con la que se había casado, en un irreflexivo acto, en octubre de 1974. Hunt no quería responsabilidades y así siempre lo decía. “Con Suzy y Richard [Burton] siempre muy amigos”, solía contar a quienes le visitaban en su residencia de Marbella.

Todo esto queda reflejado en la cinta de Howard quien también muestra a Marlene, la primera esposa de Lauda y madre de sus dos primeros hijos, Lucas y Matias. El actor australiano Chris Hemsworth (Thor, Los Vengadores, y marido de Elsa Pataky) encarna a Hunt y el alemán nacido en Barcelona, Daniel Brühl (Good Bye Lenin) a Niki Lauda.

En agosto de 1976, Niki Lauda, líder destacado del certamen, estaba en el hospital con horribles quemaduras y se temía por su vida. Faltaban siete carreras y aunque Jody Schecker era el escolta, Hunt, tercero, a 27 puntos de Lauda, podía ser el favorito, ya que su McLaren M-23 rendía mucho más que el Tyrrell de Scheckter. Comenzaron así dos carreras: Hunt acumulando puntos en las pistas –ganó en Alemania– y Lauda en el hospital de Mannheim pensando cómo volver lo mas rápido posible. Para Enzo Ferrari, Lauda era un lisiado convaleciente al que había que reemplazar lo más rápido posible. Consciente, pero sin poder ver por los vendajes, Lauda lo cuenta siempre: “Quería pelear, no dejarme ir”. Todavía hoy recuerda con ira cómo un sacerdote le dio, prematuramente, la extremaución. Ningún confort. Al cuarto día supo que viviría. Poco después de haber perdido la oreja derecha y sus párpados. Contra todo pronóstico se repuso mucho mas rápido de lo esperado y obligó a Ferrari a tener listo un coche para el Gran Premio de Italia. Niki Lauda, vendado, dolorido, enfrentado a rostros incrédulos que no se atrevían a mirar sus horribles cicatrices estaba de regreso. Para pelear punto por punto. Hunt avanzaba como una apisonadora: tras Alemania, con Lauda recuperándose, ganó en Holanda. Lauda le recuperó tres puntos en Italia, donde los comisarios, por un discutible tema de octanaje de combustible, mandaron a los McLaren al fondo del pelotón.

Niki Lauda

Pero, imparable, Hunt volvió a ganar en Canadá y Estados Unidos. Así quedaba dispuesta la escena para la definición en Monte Fuji, Japón. El 24 de octubre de 1976 un tifón se abatió sobre el circuito de Fuji que estaba parcialmente inundado. Presionados por sus equipos, los pilotos decidieron correr a pesar del gran peligro. Niki Lauda, que había criticado duramente a Nürburgring por su peligrosidad el día anterior a su accidente, pensaba que era una locura salir a pista. Comenzó la carrera por razones contractuales y al cabo de dos vueltas se retiró. Se necesitaba valor, mucho valor para enfrentarse a la ira de Ferrari en esas circunstancias. En la carrera Hunt llegó a ser líder pero, al comenzar a secarse la pista perdió esa posición. Un inesperado cambio de neumáticos le llevó a la quinta posición. Le bastaba ser cuarto para superar a Lauda. En la penúltima vuelta superó a Clay Regazzoni y Alan Jones para subir al podio. Era el nuevo campeón.

Desde CAR, le rendimos un homenaje a Niki Lauda, que nos ha dejado en su vida terrestre, pero siempre estará con nosotros. Su esencia seguirá viva para lo que queda de historia, y la fórmula 1 jamás olvidará el legado que Niki, con tanto sacrificio, nos ha dejado.

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