La marca británica ya se ha asegurado su lugar en la historia de los superdeportivos gracias al F1 de 1992 y al P1 de 2013. Ahora llega el W1, con 1.275 CV directos a las ruedas traseras. Solo se fabricarán 399 unidades a un precio de 2,54 millones de euros.
¿Cuántos fabricantes de automóviles pueden destilar su ADN en solo tres modelos? Los McLaren F1, el P1 y el W1 definen la excelencia en la marca británica. En esta ocasión, la denominación alfanumérica rinde homenaje al primer Campeonato de Constructores de F1 de la marca, algo curioso ya que su arquitectura parece estar diseñada en torno a las sensaciones de conducción y no a números astronómicos.
El W1 es el nuevo rival del Ferrari F80, que equipa un V6 biturbo con tres motores eléctricos y tracción total. Sí, las estadísticas de Maranello siguen siendo de otro mundo, entre ellas 1.200 CV y una velocidad máxima de 350 km/h. Pero espera a ver lo de Woking: estrena una motorización híbrida que rinde en total 1.275 CV. De ellos 916 CV procedentes de un nuevo V8 biturbo de 4.0 litros que sube hasta 9.200 rpm, y 342 CV vienen del módulo E, que pesa solo 20 kilos e integra el motor eléctrico y la unidad de control.

Este es un motor de flujo radial, un “molinillo” de 24.000 rpm alimentado por una diminuta batería de 1,3 kWh. El E-motor presume de una increíble potencia específica de 23 CV por kilo. Además y a diferencia del F80, toda la potencia se envía a las ruedas traseras. McLaren también sigue su propio camino con dirección y frenos hidráulicos, opciones desafiantemente analógicas y puristas en un mundo cada vez más digital. Además, cuando el conductor quiere discreción en su distinguida zona residencial, puede conducirse un máximo de 2 km. en modo eléctrico.
En la apariencia del W1 tampoco hay nada convencional. Aparte su característico frontal de “ojos entrecerrados”, las cosas se ponen interesantes detrás de los pasos de rueda delanteros, donde el conductor y el pasajero pueden estirar el brazo hacia adelante y tocar los pegajosos neumáticos frontales cuando se levantan las puertas. El W1 tiene lleva unas estilo “alas de gaviota”, a diferencia de la configuración diédrica de los McLaren anteriores. La razón es que su superficie está plagada de formas aerodinámicas y no habrían podido cerrarse en ángulo.
Los pilares A cónicos, las abultadas tomas de aire y las partes traseras descaradamente expuestas añaden interés visual. Es un estilo muy diferente de sus antecesores: el P1 era deliciosamente voluptuoso y el F1 mostraba líneas limpias y austeras.
Siguen por el buen camino
Te asombren o no sus líneas, lo que jamás te dejará indiferente es su rendimiento. McLaren sigue por el buen camino en cuanto a dar capital importancia a la reducción de peso. Se queda en 1.399 kg (el bastidor por supuesto es de fibra de carbono), lo que permite la mejor relación potencia-peso de su clase, 911 CV/tonelada, la más alta jamás alcanzada por un McLaren.




Además la aerodinámica de efecto suelo inspirada en la F1 y el modo “Race” se combinan para ofrecer una radical transformación del carácter al pasar de la carretera a la pista. En el modo “Race” rebaja la parte delantera y trasera 37 mm y 17 mm, respectivamente. El alerón trasero también se extiende 300 mm, algo prohibido para la mayoría de las burocracias legislativas.
El descenso de la nueva suspensión (Race Active Chassis Control III) no es tan instantáneo como en el Ford GT o el Mustang GTD, pero la rebaja de altura permite generar hasta 350 kg de carga aerodinámica en el eje delantero y 650 kg. en el trasero. La postura agazapada es transformadora, aunque solo se puede conducir en ese modo cuando el GPS a bordo reconoce que el W1 está en un circuito de carreras.
Aislado del mundo exterior
El habitáculo es más futurista, aislándote del mundo exterior a través de asientos hundidos e integrados en un entorno donde la función es lo primero. Pasa por encima del ancho umbral de la puerta, acomódate en el asiento con los pies hacia adelante y estírate muy arriba para tirar de las puertas ascendentes y cerrarlas. Al menos hay una pequeña correa de cuero que se recoge de forma limpia contra la puerta mediante una pestaña magnética.
Una vez instalado en el interior de era espacial, el ambiente de coche de carreras se percibe profundamente: los asientos fijos exigen ajustar el volante con respecto a tu posición, y tirar de un pestillo para deslizar el pedalier con resorte, hacia adelante o hacia atrás. La vista hacia adelante es reconfortante y alienígena, con el salpicadero, las puertas y los asientos decorados con un tono naranja cuyo moteado que nos recuerdan a la piel de los reptiles.


Enciende el V8 mediante el botón superior, toca la gran leva de cambio de fibra de carbono de la derecha y todo en el W1 se siente vivo, incluso rodando a paso de peatón: la dirección transmite cada grano del asfalto con la honestidad de un kart, y los frenos –de seis pistones en la parte delantera y cuatro en la trasera– reducen la velocidad con una linealidad progresiva. Las sensaciones son como un wagyu orgánico al punto medio frente a una hamburguesa de Burger, o una cerveza de grifo frente a una lata.
A exprimirlo en mugello
La excelente visibilidad delantera solo te incita a más, y el circuito de Mugello (5,1 km) es un terreno de juego endiablado para profundizar en el amplio repertorio de habilidades del W1. El modo Race ofrece mayor flexibilidad, pero hoy estamos en el más agresivo aerodinámicamente, el Race+, gracias a las superficies suavemente cristalinas del circuito.
La aceleración es feroz en la configuración GP (pensada para conservar las vueltas) y francamente impresionante en Sprint, que dirige todos los electrones hacia el avance. Calzado con neumáticos P Zero Trofeo RS, que Pirelli describe como neumáticos de pista homologados para calle, el W1 entra en las curvas con la precisión quirúrgica propia de un bisturí. A alta velocidad, hay suficiente carga aerodinámica para sentir un agarre sobrenatural mientras tu cohete sale disparado a través de la curva.



Desde la marca avisan de que es más rápido que un Speedtail hasta 300 km/h en línea recta y aventaja en 3 segundos por vuelta a un McLaren Senna en el circuito de referencia de la marca británica. Para incrementar la urgencia está el botón rojo “Boost” en el lado derecho del volante, mientras que la resistencia aerodinámica se puede reducir mediante el botón azul “Aero” en el izquierdo.
Mientras salgo disparado de la última curva de la vuelta hacia la recta de 1,1 km, presiono ambos mientras sujeto con fuerza el volante con la parte superior plana, equipado con el primer indicador de cambio de marchas de McLaren en un coche de calle. El velocímetro digital sube a una velocidad imposible mientras la caja de cambios de doble embrague y ocho velocidades cambia de marcha, con la asistencia eléctrica ayudando a crear un flujo de potencia continuo. La marcha atrás es eléctrica.
Mientras corono la última subida antes de que la pista baje y se peralte en una curva cerrada a la derecha, veo brevemente 301 km/h antes de pisar a fondo el pedal izquierdo para provocar la fuerza de frenado proporcionada por los frenos carbocer
Cliente Moto GP
Fabio Quartararo (2.7) acaba de sumar a su garaje una de las piezas más exclusivas de McLaren. Eduardo Costabal, CEO de McLaren Barcelona, entregó al piloto francés de MotoGP un espectacular McLaren 750 LM, edición limitada a solo 50 unidades creada para conmemorar el 30º aniversario del histórico triunfo de la marca en las 24 Horas de Le Mans.


Su ejemplar es, además, el número 20, el mismo dorsal con el que compite en el Mundial. Basado en el McLaren 750S, mantiene el V8 biturbo de 4.0 litros y 750 CV, pero añade una configuración mucho más exclusiva.
La unidad de Quartararo luce carrocería negra, abundante fibra de carbono y un habitáculo con cuero y Alcántara, además de detalles en el tradicional naranja de McLaren.


El 750S convencional ronda los 340.000 euros, aunque esta serie limitada eleva considerablemente su exclusividad y, previsiblemente, también su valor.







