“Put your money where you put your mouth (pon tu dinero donde pones tu boca)”. Una cosa es hablar y otra hacer. Muchos que se dicen apasionados por el automovilismo y disponen de holgados recursos económicos no invierten un solo euro en su supuesta pasión. El caso de Teo Martín es todo lo contrario. Expiloto de rallyes y pista, forofo incorregible, patrocinador y propietario de un poderoso equipo, Teo sí que pone su dinero donde pone sus palabras.

Ya hace casi tres años que Teo nos comentó que estaba por construir y organizar un centro integral para reunir todas las disciplinas del deporte motor. Iba a incluir bajo un mismo techo instalaciones para formación y desarrollo de pilotos, ingenieros, mecánicos, para el diseño y construcción de automóviles de competición hasta F1, túnel de viento de estudio, zona de prueba de motores de combustión y eléctricos, taller para el mantenimiento de sus equipos de Fórmula 3 y GT, laboratorios de control de calidad, simuladores profesionales, simuladores para competición online, salas de conferencias y presentaciones para empresas y museo o exhibición de legendarios coches de carrera.

En ese momento de 2016 seguía incrementando su colección de más de 80 coches de competición, turismos de rallyes y pista, monoplazas, coches GT y Sport que había expuesto en su evento Madrid Motor Days y que hoy constituyen una asombrosa exhibición en sus instalaciones. Me mostró entonces, lleno de orgullo e ilusión, unos planos y una simulación de video de lo que iba a ser, desde 2018, su Teo Martín Motor & Sport Institute.

Y así fue, lo hizo punto por punto y ya lo tiene, o mejor dicho, España tiene, un templo del deporte y la tecnología  automotriz hispana que debería ser un revulsivo, un cambio de paradigma. Quién dijo aquello de que, tratándose de automovilismo, “¿en España no se puede?”.

Todo un templo del motor

Cuando uno se acerca en Alcorcón al nuevo edificio de más de 12.000 metros cuadrados, con un reluciente frente acristalado, podría recordar la misma escena que le dejó boquiabierto cuando conoció la sede de McLaren F1 en Inglaterra. Un enorme hall de entrada con elevado cielorraso a la altura de tres plantas, un F1 –el del equipo HRT que adquirió Teo en 2013– suspendido a 7 metros sobre la nítida pared de blanco nieve y, a la izquierda, sobre un pedestal de elevación hidráulica, el Audi R10 TDI ganador en Le Mans con Alan McNish, Rinaldo Capello y Tom Christensen en 2008. Y luz, mucha luz, como si fuese una fuente de energía e inspiración para toda la actividad que ya se desarrolla e irá in crescendo en las cuatro plantas interiores.

A la altura de la calle una gran sala central alargada con iluminación quirúrgica que alberga el taller de los fórmula 3 y los coches GT BMW del equipo Teo Martín Motorsport. Ocupan un amplio recinto donde cada vehículo tiene su muelle con sus propias mesas-cajones para todas las herramientas necesarias para el mantenimiento. Y a la derecha de este recinto con paredes de cristal, otra sala alargada y con suficiente profundidad y equipamientos donde las empresas tecnológicas, o asociadas de alguna manera al motor pueden hacer sus presentaciones técnicas y comerciales. Un ambiente adecuado, reforzador de la experiencia, creador de valor y emoción…

Y a la izquierda de la sala central, una alargada galería como la de la derecha, también en ambientes trasparentes, que constituye el departamento de diseño por ordenador (CAD) y que alberga a las máquinas de impresión 3D, de mecanizado computerizado ligero y de construcción de modelos; y un banco de siete actuadores de movimiento para simular lo que un automóvil allí montado sufre en pista. Se incluye un centro de meteorología y de medición digital de modelos para la posterior reproducción y confección rápida de moldes.

Nada que no tenga un equipo de fórmula 1 o una industria motor avanzada, pero no menos. Y todo esto al alcance de quienes le darán un uso más inmediato, los alumnos de la joint venture entre la Universidad Francisco de Vitoria y el Teo Martín Motor & Sport Institute. Desde la segunda planta donde se encuentran las aulas ya pueden descender los alumnos que cursan Ingeniería Industrial y las distintas especialidades del motor y la competición a hacer sus prácticas en esas máquinas. Sinergia total…

Un verdadero centro de ingeniería humana

Bajamos al primer subsuelo que abarca toda la planta del edificio que tiene en torno a 3.000 metros cuadrados, que en cuatro niveles supera los 12.000 metros cuadrados cubiertos.

Al centro, un gran hall de distribución que alberga al Dallara Formula 3.5 (ex World Series) con el que fue campeón Carlos Sainz Jr en 2014. Sobre las paredes, pinturas que transmiten dinamismo con imágenes idealizadas de pilotos admirados por Teo Martín, Ayrton Senna y Michael Schumacher.

Se trata del ingreso a lo que es un verdadero centro de ingeniería humana (Bio Engineering Center). Desde aquí se accede al gimnasio, a las salas de simuladores y a los despachos médicos, psicológicos, fisioterapia, osteopatía, nutrición y coaching. El mismo gimnasio es un ejemplo de lo que pueden utilizar hoy en día deportistas profesionales y atletas olímpicos. Todo tipo de máquinas para entrenamiento físico, varias de ellas asistidas por motores eléctricos y programas de trabajo y medición avanzados para tareas de rehabilitación.

Para los pilotos, máquinas para refuerzo del cuello, el tronco y mejorar el equilibrio, tiempos de reacción y visión periférica con aplicaciones y pantalla para exigencias multitarea. Aquí se potencia el talento. Tampoco falta un habitáculo criogénico para recuperación rápida de músculos y máquinas de sanación rápida para brazos, hombros, piernas… El sueño de cualquier fisioterapeuta. Por detrás del gimnasio, puede observarse una piscina angosta y alargada y un área de sauna para reproducir climas calurosos y húmedos, que completa esta área física. Esta zona es el corazón del apoyo a los deportistas de élite que utilizarán el centro porque no solo apoya a los fisioterapeutas sino también al servicio de osteopatía y nutrición deportiva.

Saltamos al mundo virtual

El instituto cuenta con una sala con tres simuladores de competición online con volantes potentes y precisos. Son para el equipo de competición online del MSI. Otra sala aloja a ocho simuladores para entretenimiento y eventos. Del mismo lado, en dos ámbitos independientes, con sus respectivas multipantallas y ordenadores, los simuladores para los pilotos de competición. Uno con un habitáculo de un vehículo GT y otro con el chasis y carrocería de un monoplaza. En estos simuladores entrenan los pilotos del equipo de Teo Martín y se prueban la puesta a punto antes de cada carrera. Tras una puerta acorazada con acceso controlado se guardan los secretos tecnológicos de la instalación. El túnel del viento a escala ¼ que puede utilizarse para estudio y ensayo de maquetas de carrocerías sencillas y componentes de las mismas. La sala de plegado, corte y soldado de tubos que permite construir chasis de metal. De estos materiales será el prototipo para el rallye raid Dakar que Teo Martín tiene en mente hacer. Tampoco faltan salas para el tratamiento de carrocerías en fibra de vidrio y salas para chapa y cabinas de pintura.

En otros ambientes muy amplios, las salas de corte y patronaje de las telas de fibra de carbono. Adjunto a ellas, las zonas de laminado y aplicación de resina en los moldes que, después, se curarán en el enorme autoclave de alta presión que permitiría tratar el chasis de un monoplaza tipo fórmula 1 y, eventualmente, un coche de GT.

Los motores también pueden recibir atención en el MSI. Ya sea de coches de competición convencionales, como totalmente eléctricos o moto GP, se pueden probar en dinamómetros específicos, incluyendo uno de rodillos para automóviles completos.

En realidad uno puede entrar al MSI con una idea y salir convertido en piloto, ingeniero, atleta de élite y al volante de su propio coche de competición diseñado y totalmente construido en esas instalaciones. No existe en Europa un recinto que albergue todas las disciplinas con este nivel de profundidad.

Lo de convertir a jóvenes en personal altamente cualificado, como mecánicos, técnicos e ingenieros, de sistemas industriales y de competición se realiza en la segunda planta, la superior del recinto. Allí operan las aulas de la joint venture MSI y la Universidad Francisco de Vitoria, con capacidad para 300 estudiantes que ya cursan sus materias. De momento, un curso lectivo completo cuesta en torno a 11.500 euros.

Y en sándwich entre la planta de acceso y la de enseñanza, la gran planta diáfana que reúne la colección de los más de 80 automóviles de competición de Teo Martín. Prolijamente alineados a los costados como en guardia de honor, delimitan un área para presentaciones corporativas con una gran pantalla de video y facilidades de audio. Todo lo necesario para eventos, conferencias, clases magistrales. Testigos de la puesta en funcionamiento gradual del sueño de Teo, son vehículos que han hecho historia en el automovilismo. Por ejemplo el Lancia Stratos de Sandro Munari, el Lancia 037 de Miki Biasion, el Porsche 911 ganador en Montecarlo, unidades del DTM alemán y el Epsylon que corrió en Le Mans en 2008. Se incluyen los chasis operativos del único equipo español en la historia de la fórmula 1, el HRT que en su momento adquirió Martín.Todo lo que hay allí expuesto podría constituir un museo que daría envidia a los mejores del mundo en la materia.

Cuando los clientes consultan a un coach sobre la factibilidad de algún “proyecto loco”, estos suelen decirles: “Apunta a las estrellas y se te dará la luna”. Pues la pasión ya ha llevado a Teo más o menos por allí, y el impulso sigue…

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