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¡La que han montado entre la marca japonesa con nuestros amigos de 8.000 vueltas! Una concentración de más de 200 coches Subaru que se congregaron en el trazado madrileño, el circuito del Jarama. El día no era muy alentador para apretar en pista, pero no todos los días te citan en un circuito para probar coches, y más si se trata del Subaru BRZ o el WRX STI 2018; por tanto, no importaba la lluvia o los “ríos” que corrieran en la pista, nosotros nos levantamos de nuestra cama ese día con la misma ilusión con la que se despierta un niño por navidad. 

Dicho esto, también hay que destacar que 8.000 vueltas mostró el calendario para este año en un briefting previo al trackday. Teníamos una hora y todos mirábamos el cielo, el cual no nos daba muy buena cara al vislumbrar un cielo completamente encapotado de nubes, con la lluvia como invitado sorpresa. Sin embargo, hay que aprender a “bailar” también bajo la lluvia, y no veas como se les da a estos dos canallas -BRZ y WRX STI-.

Subaru BRZ

Primero nos subimos a los mandos de del pequeño deportivo biplaza de tracción trasera, el cual aloja un motor bóxer de 2.0 litros y 200 CV transmitidos a las ruedas posteriores a través de una caja manual de seis velocidades. Es uno de los coches más divertidos que he tenido el placer en probar en los últimos años; no solo lo es por su chasis, sino porque tiene un motor que le encanta estirar hasta el infinito y una de las posiciones de conducción más deportivas del mercado.

Deportivos como este hay pocos, podíamos estar discutiendo mucho tiempo de si los 200 CV son o no suficientes para lograr una conducción deportiva. Hay gente que piensa que debería sobre pasar estos para que fuera el coche perfecto, pero desde mi juicio veo que es un motor muy versátil y aprovechable, lo que ocurre es que primero tienes que conocerlo bien. 

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En primer lugar este motor bóxer es un motor atmosférico que rinde a su máxima a las 5.500 vueltas, por tanto debes de mantener el pie en tabla mucho tiempo hasta que el cuenta revoluciones llegue hasta las 6.900 vueltas (a partir de las 7.000 entra el corte); esa franja es su patio de recreo, donde vemos la mejor cara de la segunda generación del BRZ. La aceleración es muy progresiva y vemos que se “ahoga” un poco a bajar revoluciones -como es normal-, pero si estiramos las marchas y logramos hacer un buen juego de pies, podemos sacar oro puro de esos 200 CV.

La tracción trasera también da mucho juego, se nota más reactivo un coche de esta condición por lo agresivo y ágil que puede llegar a ser en curva. Sin embargo, debido también a los neumáticos con una banda de rodadura no muy amplia, los límites del coche se asoman continuamente cuando los buscamos, es exigente en conducción deportiva, hay que encontrar el punto al gas. Sin embargo, una vez le coges el truco es una delicia.

Como dirían en inglés: “tail happy car”; un deportivo nacido casi para hacer drift, ya que es muy sencillo cruzar el coche y mantenerlo en una trazada segura. A su vez, tracciona de maravilla si lo queremos gracias al diferencial de deslizamiento limitado que equipa, así como el ESP que mantiene en trazada al coche y la trasera derrapa -podemos también configurarlo para que nos deje cierto margen, antes de actuar-.

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Diversión a raudales en un deportivo muy atractivo visualmente y sentimentalmente. No encontrarás un deportivo con un carácter tan enfocado a la pura conducción como este. No tiente otro fin, no es un coche que haya sido diseñado para la eficiencia -aún así, durante una prueba previa, nos hizo unos consumos de solo 7,6 l/100 km-, solo para que vuelvas a encontrarte con el niño que llevas dentro.

Subaru WRX STI 2018

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Un mito viviente, aunque por desgracia por muy poco -aunque la marca ha confirmado que mantendrá en stock varias unidades a pesar del cese de producción-. Delante tenemos al modelo JDM deportivo por exclencia, un turismo japonés que nació con ADN de competición y que se ha extendido hasta la carretera, dando a luz a maravillas de la ingeniería como esta.

El WRX STI 2018 tiene un corazón grande, y no lo digo porque sea simpático precisamente -ya que es duro de roer en pista y fuera de ella-, sino porque son 300 los caballos que descansan bajo el capó del “Impreza” moderno, en formación bóxer. Unido a esto tenemos una transmisión manual de seis velocidades, con un tacto sencillamente perfecto, muy a la par del BRZ.

Impresiona nada más verlo; cuando lo tienes delante eres consciente de que estas delante de uno de los modelo de tu infancia, que han crecido a tu lado en muchas de las películas y videojuegos que viste o jugaste… la piel de gallina se hace presente cuando escuchamos rugir su motor. 

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Su apariencia es igual de agresiva, y más si vemos la variante Rally Edition, la cual monta un descomunal alerón trasero en el cual puede desayunar -adjunto foto arriba para demostrarlo-. Este no solo hace al coche más bonito visualmente, sino más eficiente en la pista al ganar mayor apoyo aerodinámico, el cual podemos notar en todo momento cuando apretamos la máquina.

El Impreza no sería nadie sin un buen padrino, y ese es el Symmetrical AWD que hereda del mundo de la competición, que tuvo más protagonismo en la jornada lluviosa que ningún otro. Y es que hablando de este sistema de tracción no puedo evitar que me venga a la cabeza la frase “puede con todo”. Hace unos meses me monté detrás del volante del Levorg, el cual también equipa este sistema, y es increíble lo que hace este. No solo proporciona tracción a las cuatro ruedas, sino que logra sacar agarre de donde ni siquiera sabías que existía.

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Dentro vemos una configuración similar a la del Levorg -punto en contra para el WRX STI, el cual debería tener un interior distinto a la berlina familiar-, aunque con aires más deportivos. Los asientos Recaro proporcionan un gran sustento en curva, logrando aferrarte en cada movimiento; sin embargo, la posición no es tan óptima como en el BRZ, ya que en el Impreza nos encontramos más elevados de lo que nos gustaría en un coche de estas dimensiones. A pesar de ello, es simplemente hacerte a ese puesto de conducción.

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Entramos a pista y lo primer que notamos es que agarra infinitamente más que el BRZ -como es obvio también-, motivo que nos hace explorar los límites del WRX STI mucho más rápido. Balance casi inexistente en la carrocería, frenos a la altura -firmados por Brembo, seis pistones en la delantera y dos en la trasera-, el diferencial hace las maravillas unido al AWD de Subaru. Cuando la trasera se iba, tenías que hacer lo contrario a tus reacciones naturales, que es frenar, ya que si aceleramos en pleno sobreviraje conseguimos que el morro entre de nuevo en la trazada al disponer de tracción en el eje delantero. Traducción: da igual las condiciones climáticas, siempre vas a ir por donde quieras.

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El motor bóxer de 300 CV empuja como un obús, logrando entrar al corte en las 7.500 rpm. Sobre las 4.200 vueltas, ahí es donde vemos la personalidad real del WRX STI, el cual se muestra rápido pero estable en las aceleraciones y frenadas bruscas. Es tan flexible este motor, que durante nuestra prueba en el circuito, en el 80% del tiempo íbamos en tercera marcha, enlazando cuarta y quinta en la salida de Pegaso y en la recta de meta. Muy rápido en curva y letal en rectas.

Terminamos una jornada llena de diversión en la que, una vez más, se ha demostrado que no se necesita una cuadra excesivamente grande para disfrutar como un enano.