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Sir Stirling Moss ha muerto: el último superviviente de la época dorada

Guillermo Lahoz 12 de abril, 2020 | Tiempo de lectura 6-7 min

El legendario piloto Sir Stirling Moss (Londres 1929) ha fallecido a los 90 años en su residencia de Mayfair. Gran relaciones públicas, estaba retirado de la vida pública desde 2016, cuando cogió una infección de pecho en Singapur. Fue subcampeón del mundo de F1 en cuatro ocasiones, y logró la que para muchos es la mayor gesta de la historia del automovilismo, la victoria en la Mille Miglia de 1955.  

Nuestro Director Emilio Olivares junto a Moss en Goodwood
Moss en una imagen de 2011, junto al Ferrari 250 SWB con el que ganó en TT de Goodwood en 1961.

En los 50, cuando la policía paraba a alguien por conducir muy deprisa solían decirle: “¿quién se cree usted que es, Sir Stirling Moss?”. Moss era el último superviviente de una época dorada del automovilismo en la que los pilotos corrían en varias categorías. El británico fue subcampeón mundial de Fórmula 1 en 1954, 1955, 1956 y 1957, y tercero en 1958, 1959 y 1960, lo que le valió el sobrenombre de “rey sin corona”. Su victoria de F1 más recordada fue la que logró en el GP de Monaco de 1961 con su Lotus contra los Ferrari.

Un Moss muy joven en los boxes del Gran Premio de Italia, en julio de 1953.

Definitivamente eran otros tiempos, como recordaba el piloto en una entrevista para Car en 2009: “todo ha cambiado, y la presión que soportan los pilotos actuales es muy superior. Antes, aunque era mucho más peligroso, también era más divertido y había mucho compañerismo y camaradería entre los corredores. Estábamos en un deporte glamuroso, viajábamos por el mundo… además había un montón de chicas que nos seguían, y teníamos líos con ellas pero sin llegar a nada serio. Era fantástico (Moss vivía con Susie, su tercera esposa).

Moss al volante del Maserati 250F, uno de sus coches favoritos.

En los últimos años ella solía llevarle en su Smart, ya que el gran Stirling consideraba que en las carreteras había demasiada gente al volante que no sabía lo que hacía. Enzo Ferrari consideraba que Stirling Moss fue el piloto más polivalente de su época, y dijo de él que si hubiera puesto la razón por encima de la pasión, habría sido campeón mundial muchas veces. En efecto con frecuencia Moss eligió competir con coches británicos por patriotismo, aún cuando cuando no eran los más competitivos.

Stirling Moss
Stirling Moss con el BRM P25 en el Gran Premio de Inglaterra de F1 de 1959.

En la categoría reina siempre estuvo a la sombra de Fangio, al que Stirling no duda en reconocer como el más grande. “Yo era un piloto enamorado de la competición, hasta el punto de conducir a veces estúpidamente. Es cierto que perdí muchas carreras por conducir más deprisa de lo que hubiera necesitado. A pesar de ello no me lamento constantemente por no haber ganado un título. Por supuesto que me habría gustado mucho, pero Fangio era el mejor piloto del mundo. Ser el segundo tras el mejor es lo que pude conseguir”. Donde Stirling Moss no tenía rivales era en coches de Sport, categoría en la que logró su victoria más recordada con el Mercedes 300 SLR.

Victoria en la Mille Miglia

Por su nombre, este coche podría parecer una evolución sobre el 300 SL “alas de gaviota”, que nació en 1952 como coche de competición y que en 1955 se convirtió en un deportivo de calle. Sin embargo, el 300 SLR era muy diferente y muchísimo más rápido. La ligera estructura tubular sí derivaba de la empleada en el SL, pero el motor era casi idéntico al de los Formula 1 tipo W196. De hecho el nombre interno del SLR era W196 S. Se trataba de un 8 cilindros en línea con 310 CV y 235 kilos de peso. En la balanza el SLR en seco marcaba sólo 860 kilos.

Stirling Moss
Moss en el 300 SLR en 2004, casi 50 años después de su victoria.

Esto supone una Durante las Mill Millas celebradas el 1 de mayo de 1955, Moss cubrió las 1.016 millas (1.634 km) del recorrido Brescia-Roma-Brescia en 10 horas, 7 minutos y 48 segundos, a una escalofriante media de 156 km/hora a través de las precarias carreteras y ciudades italianas de la época, con puntas de 270 km/h. Lo logró junto a su copiloto el periodista Denis Jenkinson, quien diseñó un libro de ruta que iba enrrollado en una caja y donde se indicaban las curvas peligrosas, los cruces y todo lo necesario para el recorrido.

Stirling Moss
Stirling Moss y su copiloto Denis Jenkinson en la Mille Miglia de 1955.

Cuando llegaron a la meta, exhaustos pero felices, Moss declaró: “creo que nunca en mi vida tendré la oportunidad de ganar una carrera tan maravillosa en un ambiente tan excitante”. Y tenía razón. El récord que marcaron es uno de los hitos del automovilismo y nunca fue superado, ya que la última vez que se celebró la Mille Miglia “de verdad” fue en 1957, edición en la que se produjo el accidente que costó la vida a nuestro compatriota Alfonso de Portago, su copiloto y varios espectadores.

Moss siguió compitiendo hasta 1962, cuando sufrió un grave accidente que le mantuvo inconsciente 32 días y seis meses inmovilizado. “En cuanto pude hablar dije que volvería a correr, pero pronto me di cuenta de que mi carrera deportiva había terminado. Hay pilotos que corren para conseguir puntos o para terminar, pero yo nunca fui así. Quería correr y quería ganar. Tras el accidente me sorprendí a mi mismo pensando donde tenía que frenar. El instinto para conducir se había ido, y supe que a mis 32 años había llegado el momento de dejarlo. Al fin y al cabo tenía suerte de seguir vivo y sin secuelas. Simplemente perdí la habilidad y la determinación necesarias para ganar”.

Stirling Moss
Moss con su libro biográfico «My racing life».

En su despacho, Moss tenía colgado el volante del Lotus Climax con el que se estrelló, completamente deformado por el golpe que le dio con la cabeza. En las últimas décadas el piloto inglés se había convertido en un auténtico gurú en el mundillo de los clásicos, invitado de honor en los eventos más prestigiosos, y anunciaba desde Viagra hasta productos para limpiar carrocerías. Además fue uno de los grandes pilotos que más modelos condujo, y hasta 2016 seguía poniéndose al volante cada vez que tenía ocasión: “algunos coches de aquella época eran maravillosos, y otros horribles. Los Maserati 250 F y coches de ese estilo eran deliciosos, y también los Cooper o los Aston Martin. El Mercedes SLR era rapidísimo y muy fiable, pero era delicado y exigente. En cambio recuerdo otros, como el BRM, que era absolutamente nefasto. Cuando hoy en día tengo ocasión de ponerme de nuevo a los mandos de estos coches puedo revivir muchas de aquellas sensaciones, aunque naturalmente voy mucho más lento…”

Stirling Moss
Stirling Moss junto a David Brabham en Silverstone, en 2014.

Logró la victoria con el 300 SLR con el dorsal 722 (por su hora de salida en la prueba, 7:22) que nunca ha estado en manos privadas. En el poco probable caso de que la casa Mercedes- Benz lo pusiera a la venta su precio podría superar los 50 millones de euros. Este vehículo fue restaurado por Mercedes y volvió a rugir en la Mille Miglia Histórica de 2005, su última carrera antes de instalarse definitivamente en el museo de la marca alemana. Ver a esta joya tomar de nuevo la salida en Brescia, con Sir Stirling Moss al volante cincuenta años después, fue un momento mágico. Como despedida el británico escribió en su carrocería: “Lo hicimos juntos. Mi agradecimiento y mi afecto. Ciao”. Hoy Moss también ha pasado a formar parte de la leyenda.

Stirling Moss
Sir Stirling Moss (1929-2020)
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