El ejecutivo italo-canadiense, Sergio Marchionne, fue ingresado el pasado domingo en una clínica de Zurich por una grave dolencia. Su magnífica labor al frente de FCA ha permitido al grupo superar una profunda crisis.

En un comunicado oficial John Elkann, el presidente de la multinacional italiana, ha confirmado su muerte. “Con la más profunda tristeza EXOR (la firma que controla los bienes de los Agnelli) ha conocido el fallecimiento de Sergio Marchionne. Desgraciadamente ha ocurrido lo que nos temíamos.

John Elkann, heredero de la familia Agnelli, junto a Marchionne en un salón del automóvil

Sergio Marchionne, hombre y amigo, ha muerto. Creo que la mejor manera de honrar su memoria es seguir construyendo sobre el legado que él nos dejó, sobre los valores de responsabilidad y apertura en los que él tanto creía”.

Marchionne fue sustituido como CEO de la empresa el pasado fin de semana por Mike Manley, quien hasta ahora era el CEO de Jeep. Tras años de duro trabajo para salvar de la quiebra a la multinacional italiana, Marchionne iba a dejar el cargo en abril.

El directivo italo-canadiense Sergio Marchionne (Chieti, Italia, 1952), hijo de un carabinieri, emigró con su familia a Canadá cuando tenía 13 años, y años después se graduó en Derecho y Administración de Empresas. Tras una brillante carrera, en 1994 se trasladó a Suiza, donde ocupó importantes puestos directivos en empresas ajenas al automóvil y llamó la atención de la familia Agnelli.

Le ficharon para dirigir la multinacional como CEO desde 2004, cuando la empresa italiana se encontraba cerca del abismo. El presidente desde entonces siempre ha sido el joven John Elkann Agnelli (1976), el representante de la familia Agnelli en la empresa.

Cuatro años después de su llegada a FCA, en una maniobra maestra Marchionne tomó el control de Chrysler de manos del gobierno estadounidense, que se había declarado en bancarrota. En estos años el grupo ha mejorado notablemente sus resultados hasta ser rentable, y como dijo en alguna ocasión, “hemos recorrido un camino muy, muy largo en estos años”.

En octubre de 2014 se dio por completado el proceso de fusión entre Fiat y Chrysler, con la salida a bolsa en Nueva York de FCA (Fiat Chrysler Automobiles). Esto supuso un hecho histórico para la compañía y para la trayectoria profesional de Marchionne.

A la izquierda Montezemolo, presidente de Ferrari hasta 2014 y artífice del éxito de la empresa. A su lado, Marchionne.

No había que escuchar mucho tiempo a Marchionne para concluir que era un tipo muy listo, rápido e irónico. A diferencia de otros altos ejecutivos no llevaba nunca traje, sino que siempre iba con camisa y jersey azul, de los de debía tener varias decenas.

A sus 66 años el directivo trabajaba más de doce horas todos los días de la semana y prácticamente exigía lo mismo a sus directivos más cercanos. Viajaba continuamente en el jet de la empresa entre las sedes de Detroit y Turín, donde le gustaba jugar al poker con sus colaboradores. En la compañía cuentan historias de ejecutivos que iban a Detroit con maleta para tres días y se tenían que quedar tres semanas, o de secretarias que apenas veían a su familia cuando “el jefe” estaba en la oficina.

Siempre se marcó objetivos muy difíciles y luchó por conseguirlos. Cuando algunos lo consideraron poco realista él respondió: “nadie creyó en 2009 en el plan para Chrysler, pero hemos cumplido con todos los números previstos”. Le gustaba marcarse planes ambiciosos porque lo contrario sería “establecer la mediocridad como marca de la casa”.

En la foto, Marchionne junto a Mike Manley, nuevo CEO de FCA.

Asumió también la presidencia de Ferrari en 2014, tras una serie de desencuentros con el gran Luca de Montezemolo, quien dirigió con brillantez la empresa de Maranello entre 1991 y 2014.

Durante el año pasado el grupo FCA facturó 111.000 millones de euros y logró un beneficio operativo de 3.800 millones de euros. No sería exagerado decir que Marchionne ha hecho más por Italia que todos sus políticos juntos en la última década. En 2016 fue nombrado “Cavaliere del Lavoro” por el presidente italiano Luca Napolitano. Hoy toda la nación lamenta su pérdida.

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