Con la reciente presentación del Taycan, Porsche ha abierto una nueva dentro de su historia, con su primer berlina deportiva 100% eléctrica. Ya no hay duda que este será el primer vehículo eléctrico de la marca de otros que vendrán en los próximos años. Con esta nueva era, Porsche abre se abre a un nuevo mundo, pese a hacerlo sin perder su espíritu ni su identidad, elementos que han permanecido en la marca desde el primer 356 de los años 50. Hablamos tanto de su identidad deportiva como de su icónica silueta. Algo que en pocos años ha pasado de ser exclusiva del mítico modelo de la marca de Stuttgart, a estar presente en varios de sus modelos. Hoy lo escenificamos encarando el pasado y el presente de la marca en dos modelos muy distintos, pero aún así con muchas cosas en común, y es que hemos juntado el recién llegado Cayenne Coupé, con un 911 930 Turbo de los años 80.

A pesar de que ambos tienen la misma combinación de colores “todo negro” es evidente que, en los 30 años que han pasado entre uno y otro han cambiado muchas cosas. Además, pertenecen a segmentos totalmente distintos, sin embargo, siguen compartiendo mucho más que la misma silueta.

El 930 Turbo, un mito

¿Quién no ha sido fan de este coche? Con su culo gordo y su alerón inconfundible, el 930 Turbo formó parte de la decoración de miles de habitaciones de niños de todo el planeta durante años. No sólo eso, sino que desde su lanzamiento, ha generado una leyenda alrededor de su salvaje conducción debida a su entrega de potencia de “todo o nada”, que por otro lado os aseguro que tiene fundamento.

El caso es que tras arrancar a la bestia, con su sonido atronador, me pongo en marcha para encontrarme con mi compañero de ruta para hoy.

El primer SUV coupé de Porsche

Mi compañero de ruta para hoy es un Cayenne Coupé recién salido de fábrica, el primer SUV con silueta 911 de la marca de Stuttgart. Y diréis, ¿qué tiene que ver un Cayenne coupé de 2019 con un 930 de 1987 para hacer una comparativa?

Bien, esto no es una comparativa tradicional, es domingo y no se trabaja al uso. En realidad, dos Porschistas hemos quedado con nuestras mujeres para hacer una ruta e ir a comer una paella con los dos protagonistas que nos ocupan. Sin embargo, compararlos me resulta inevitable, así como intercambiar vehículos para sentir las sensaciones y comprobar la evolución que hay entre ambos. Una comparación innecesaria y que seguramente no aporte ningún dato significativo al lector, pero que me parece bonita, así que, por qué no hacerla.

Cara a cara

¿Tienen algo que ver dos modelos tan distintos como un 911 Turbo de 1987 y un Cayenne Coupé de 2019?; Más de 30 años los separan, uno representaba el tope de gama del 911 en los años 80 – sin contar el exclusivísimo 959 – y el otro es el modelo de acceso de la gama Cayenne Coupé.

Pues bien, la respuesta se hace evidente con sólo tenerlos uno frente al otro. Por supuesto que siguen teniendo mucho en común. Empezando por la misma silueta inconfundible, una silueta que durante décadas ha sido exclusiva del 911, pero que desde hace unos años la hemos visto repetida primero en el Panamera, y ahora en el Cayenne Coupé o el mismísimo Taycan.

Me llegan a decir hace unos años que habría un SUV con silueta 911 y me hubiera llevado manos a la cabeza, sin embargo lo vemos hecho realidad a día de hoy y sólo puedo decir que menudo acierto. Para gustos colores, pero personalmente me gusta más la estética del Cayenne Coupé que la del Cayenne “tradicional”.

El segundo elemento que encontramos en ambos modelos es la deportividad que destilan ambos por los 4 costados. No cabe duda que esta se representa de formas distintas; el 930 es un coche exageradamente ancho con un alerón brutal –aunque necesario-. Mucha gente no lo sabe, pero el por qué del inmenso alerón del 930 es que, además de su función aerodinámica, sirve para albergar el intercooler del motor de 6 cilindros turbo que de otro modo sobresaldría de la carrocería.

Sus llantas Fuchs en 16 pulgadas con mucha más garganta que el Carrera normal, y la doble salida de escape trasera remata una estética tan simple como deportiva, pero sobre todo inconfundible.

Por su parte, comparado con el 930 Turbo el aspecto del Cayenne es más sutil con su diseño moderno y armónico pero sin perder un ápice de deportividad. Sin que esto sea una crítica, hay que entender que el Cayenne es un SUV moderno en un mundo de vehículos modernos, y como tal es menos rompedor respecto al resto de lo que era un 911. A diferencia de antaño, los diseños actuales, por criterios de aerodinámica, legislación de seguridad, etc acaban siendo todos más similares entre ellos que en los años 80 cuando los coches de una marca a otra eran radicalmente distintos de formas, medidas y diseños.

El interior: dos universos distintos

El interior sí que es otro mundo; las diferencias entre un modelo y otro son astronómicas; aquí sí que se nota el paso del tiempo, uno totalmente analógico, y el otro lleno de pantallas y tecnología, aunque algo tienen en común. La posición de conducción es muy buena en ambos; en el turbo francamente baja, en el Cayenne mucho más elevada, pero tanto una como otra se adaptan perfectamente al conductor.  Otro factor común es la gran calidad que desprenden tanto los materiales como los acabados, algo que no ha cambiado en Porsche.

El interior del Cayenne es totalmente moderno y tecnológico, sin embargo, da gusto ver algunos guiños al pasado, como es el caso de la estupenda tapicería de piel negra con la sección central de los asientos con la mítica tela pepita. Si hay que ponerle un pero, es que la consola central de aspecto moderno y acristalado en ocasiones puede reflectar el sol y  puede llegar a deslumbrar al conductor puntualmente. Por lo demás todo es de 10.

En cuanto al Turbo, todo es analógico, claro y sencillo. Deportividad y esencia Porsche en estado puro, sin nada superfluo. Nada. Asientos envolventes, un cuadro claro con toda la información necesaria a la vista del conductor, un cambio de marchas preciso –aunque con un recorrido un tanto excesivo-, y poco más. Por mi no haría falta ni la radio, porque el sonido del 6 cilindros turbo es música para los oídos.

Al volante

Donde más se diferencian el 911 930 Turbo y el Cayenne, sin contar el espacio interior, es en la conducción. El SUV coupé es potente, rápido, eficaz, fácil de conducir, ágil… Pese a su alto centro de gravedad y relativamente elevado peso, resulta francamente sencillo de conducir rápido, incluso en el modo sport+, con un comportamiento dinámico excelente y una entrega de potencia progresiva que permiten rodar rapidísimo sin despeinarse. Además, es francamente confortable, algo que valoran especialmente las acompañantes.

El 930 es distinto. Es una bestia parda, un animal salvaje de todo o nada. Con prácticamente la misma potencia que el Cayenne, 330cv de uno por 340cv del otro, el Turbo dispone de una caja de 4 marchas de relación larga, y tiene una entrega de potencia brutal. A bajo régimen se comporta como un 911 3.2 atmosférico de la época –aunque con algo menos de bajos- sin embargo cuando entra el turbo el empuje es salvaje. Hay que tener en cuenta que entre que se pisa el acelerador a fondo y entra el turbo hay un importante lag, un intervalo de tiempo en que no pasa nada. Y de repente, todo. A esto hay que sumarle la ausencia de cualquier tipo de controles o ayudas, lo que convierte la conducción del turbo en una auténtica aventura. Hay que aprender a domarlo, pero cuando se consigue resulta muy emocionante. La adrenalina se pone a flor de piel, nada que ver con el Cayenne, que resulta muchísimo más domable. Con todo, los asientos del 911 siguen siendo cómodos, pero la dureza y comportamiento del coche difícilmente permiten relajarse.

Aunque no nos engañemos, se puede ir fácilmente más rápido con el Cayenne que con el 911 por una carretera de curvas, ahora bien, a nivel de sensaciones no tiene nada que ver uno con otro. Así pues, el Cayenne es mucho más eficaz rápido y refinado, sin embargo el Turbo proporciona muchas más sensaciones al conductor.

Una difícil elección

Llegados a este punto, resulta que tanto el nuevo Cayenne Coupé como el 911 Turbo cuestan prácticamente lo mismo. Y es que el nuevo SUV de la marca de Stuttgart parte de alrededor de 100.000€ desde la versión base, 135.262€ esta unidad en concreto, un poco más que los Porsche 911 turbo de los 80. De ahí tanto uno como otro pueden llegar a costar bastante más en función de versiones y extras en el caso del Cayenne, y del estado y la versión del turbo.

El resumen es claro: los dos Porsches salen por el mismo precio. Vistas las cualidades de uno y de otro ¿Cuál os quedaríais vosotros?

Yo, francamente lo tengo claro. Me quedaría los dos. El Cayenne me ha encantado por deportivo, espacioso, eficaz y cómodo –además es el favorito de mi mujer-. Pero el 930… el 930 es un mito de mi infancia, y un productor de sensaciones puro que permite disfrutar de la conducción más salvaje, y analógica, algo que hoy en día es imposible de encontrar. Así que con esta decisión tomada, mejor que me vaya a dormir porque ya es hora de dejar de soñar despierto.

Texto y fotos por: Dani Blasco

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