Prueba Opel Manta GSe, regreso eléctrico a los años 80
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Prueba Opel Manta GSe, electro-regreso a los 80

David Navarro 23 de diciembre, 2021 | Tiempo de lectura 10 min

Como si de un vis a vis de una penitenciaría se tratara, tuve un breve encuentro programado de 20 minutos con el Opel Manta GSe Elektromod. Y digo vis a vis porque fue en el INTA, a donde solo entras con un pase especial, te chequea el coche un vigilante y no puedes ir más que a la zona de la cita. Bajo el sol de invierno y sobre el áspero asfalto de las pistas de pruebas esperaba amarillo y reluciente este clásico reconvertido en coche eléctrico.

Viaje a 1974

Hace 47 años una señora de Wiesbaden, Alemania, adquiría su Opel Manta A, y después de 14 años se desprendía de él y llegaba hasta Opel, entrando a coger polvo a su división de clásicos.

El Manta original sobre el que se hizo el restomod

Aquel Manta era de color rojo con el clásico vinilo negro en el techo y sorprendentemente para la época, era automático. El coche sobrevivió al paso del tiempo hasta que, en lugar de ser desmantelado para servir de piezas a Opel Classic alguien pensó en una segunda oportunidad.

La directiva dio luz verde a crear este «restomod eléctrico» y en unos meses nació el Opel Manta GSe.

Vuelta a 2021

Y ahí estoy yo, a punto de conducir mi primer one-off. No existe otro Manta como este en el mundo, y por ahora Opel ha dicho que no lo producirá en masa, a pesar de los ruegos y preguntas de muchos aficionados.

Es la primera vez que lo tengo ante mi, y en persona parece más pequeño. Y es que el coche original no llegaba a 4,3 metros de largo, 1,63 de ancho y 1,36 de alto.

Este es un leve rediseño del original, pero conserva muchos elementos de este, otros en cambio se han modernizado, como los faros traseros LED, o las llantas, unas Ronal de 17 pulgadas.

El morro es lo más sugerente, con las ópticas LED del último Mokka en forma de rayo, que escoltan un panel luminoso que puede proyectar mensajes, aunque aquí no está operativo ahora.

De hecho, algo le pasa al coche, y por el momento no podemos moverlo. Así que sigo analizando sus detalles. Hay guiños chulos como la manta raya con código bidi junto al paso de rueda delantero, y el capó negro combina junto a los retrovisores del mismo color, los tiradores originales de las puertas o el aplique del pilar C.

La toma de carga está escondida en el lado derecho donde iría la de repostaje, a través de ella se carga la batería de 31 kWh escondida en el maletero, suficiente para 200 km de autonomía, aquí irrelevante porque es un coche de exhibición.

Abro su puerta sin marco, el «clack» que emite es genuino de los 70, pero nada más mirar al interior los asientos Recaro derivados de un Adam S delatan la mano del hombre del siglo XXI.

Son fantásticos para sentarte, y están tapizados en negro con detalles amarillos, combinando cuero y microfibra como el resto del interior del Opel Manta GSe.

Tecnología moderna con diseño retro

Frente a mi tengo un volante que bien podría ser el original, forrado en cuero y con tres radios, sin botones. Tras este hay dos pantallas, ahora apagadas, son las mismas que tenemos en los últimos modelos de Opel.

Detrás hay dos plazas útiles, y sorprendentemente veo un cambio manual entre ambos asientos. El equipo técnico cambió la caja automática original por otra de la misma época de Manta pero manual, de 4 velocidades.

Hay un pequeño altavoz Marshall, un botón rojo que supongo que es mejor no tocar salvo que vea humo, y un freno de mano original. Y fin, tapizados en Alcantara, cuero y poco más, han mantenido el sencillo interior con acierto.

¿Hora de conducir?

Tras una llamada, el Opel Manta GSe empieza a emitir un zumbido característico de coche eléctrico. Ahora si, toca rodar con este restomod.

Por cuestiones del guión, no vamos a usar el cambio manual, nos limitamos a seguir las instrucciones del técnico presente, así que giramos la llave, pisamos embrague, metemos segunda, soltamos embrague y aceleramos.

Como si fuéramos bosquimanos sorprendidos por el funcionamiento de un smartphone, empezamos a conducir el Manta GSe. Este va acelerando solo progresivamente y empiezo limitándome a girar el volante.

Lo primero que noto es una dirección de la época, con un tacto no muy directo pero si comunicativo. El coche vibra, escuchas todo, nada tiene que ver con la calidad de rodadura de un moderno Corsa-e por ejemplo.

Pero esa es la gracia de este restomod, tener las sensaciones del clásico con una propulsión eléctrica. La suspensión es algo dura delante pero detrás es más blanda, a ese eje se envían los 147 CV y 255 Nm de par.

Con solo 1.137 kg de peso, 175 kg más que el original, el Opel Manta GSe se mueve bien. No vamos rápidos, la pista de pruebas del INTA más que un circuito es un tramo de carretera, no es muy ancho. Así que vamos más pendientes del freno que del acelerador. Por suerte el equipo de frenos es moderno.

Doy tres vueltas mientras me graban, no son las que daría Walter Röhrl en su Opel Ascona, pero a mi me sirven para entender el coche, sentir lo especial que es y devolver entero este one-off eléctrico.

Fin del vis a vis con el Opel Manta GSe Elektromod. El guardia de turno no ha venido a buscarnos para invitarnos a salir pero tampoco queremos esas palabras incómodas. Cada vez más marcas se atreven a hacer estos experimentos. El de Opel está hecho con muy buen gusto, sencillo y sutil, respetando elementos clásicos pero mirando al futuro. Lástima que no salga como modelo de producción.

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