PRUEBAS CARRUSEL

Prueba Mercedes AMG GT R Roadster, excitación rápida

RevistaCAR 12 de abril, 2020 | Tiempo de lectura 7-8 min

Antes de que caiga el rayo del V8 o hablemos de dureza de amortiguadores con este Mercedes AMG GT R Roadster, tomemos un momento para hablar de la gama del AMG de dos plazas, ya que si no eres de la élite de Stuttgart, trabajador de Affalterbach o mecánico en un concesionario, no entenderás a la perfección la gama AMG GT.

Prueba Mercedes AMG GT R Roadster

De AMG GT S a GT R PRO

El AMG comprometido pero adorable y estrictamente de dos plazas llegó en 2014 en formato coupé, una especie de sucesor del SLS y el segundo deportivo puro de AMG. Esta nueva creación en forma coupé tuvo dos versiones, siendo la segunda en aquel momento, el AMG GT S, la de acceso ahora, con 522 CV y 185.600 euros de precio de partida. Le sigue el nivel C, no de cabrio o convertible, que por 192.400 euros nos da 557 CV y cambios en su estética y chasis. En lo más alto el R, 585 CV y 212.000 euros, y el R PRO, más radical aún. Solo el C y el R tienen versión Roadster, con precios de 207.900 euros y 253.000 euros respectivamente. Además la unidad probada lleva los frenos carbocerámicos de 10.473 euros.

Vale, lo tenemos. Empecemos con la prueba del Mercedes AMG GT R Roadster. Primero, sin embargo, debes familiarizarte con una cabina que los pilotos de combate veteranos describirían como «ocupada». Al igual que cualquier otro AMG GT, la cabina del R Roadster aglutina multitud de aparatos como el laboratorio de un científico loco, aunque, como ese científico loco, en un par de elementos puedes poner tu mano exactamente en lo que quieres, como el selector de opciones del volante o la ruleta de modos al estilo «manettino».

Aquí el sistema multimedia es una revisión del anterior en lugar de una nueva generación con nuevos manos, lo cual llegará en la siguiente generación del AMG GT.

Seleccionados todos los parámetros, techo plegado, modo Sport o Sport+ pero con un modo relajado para la amortiguación y cambio manual, y estamos listos para partir. El túnel de transmisión ultra ancho puede acurrucarse en sus costillas izquierdas, pero esta es una posición de conducción emocionantemente útil, un efecto realzado por las ventanas con de pequeño tamaño del GT R, la postura baja y el capó sin fin, aunque un entorno de conducción tapizado lujosamente con los asientos deportivos en cuero napa marrón.

Empieza a moverte y el AMG GT R Roadster es un dispositivo abiertamente mecánico a velocidades de un solo dígito, con el V8 rugiendo mientras la goma fría del frontal chirría viciosamente bajo el bloqueo total de la dirección. Pero hay algo prometedor, no menos importante es la potencia del motor: en ciudad nos ponemos a velocidad legal en una fracción del potencial del motor, algo imaginable cuando tenemos un V8 entregando 585 CV y 700 Nm de par.

¿Entonces es adorable u odioso?

Pues resulta que todo depende de la velocidad. Viajando a ritmo normal el AMG no convence en su andar, incluso cuando pones los amortiguadores ajustables en el modo más suave, el chasis sigue siendo de circuito y se nota si la carretera no es una alfombra, algo bastante difícil de encontrar normalmente más allá de los circuitos.

El hecho de que sea un coche ancho, dos metros debido a la anchura de vías impuesta por el eje trasero activo, y su cabina de estilo hot-rod con un cockpit montado más atrás, tampoco ayuda mucho a la visibilidad que si es buena en otros rivales como el McLaren 570S de motor central o el menos intimidante Porsche 911 Carrera.

Pero el GT R Roadster se siente mejor cuanto más rápido vas. Encuentra un tramo de carretera sinuoso y suave y el AMG no quiere velocidad, ni entre las curvas: el V8 es un arma, su poder lo dispara desde las curvas como un disco de hockey golpeado y enviándote furioso hacia la siguiente zona de frenado con una violencia apenas creíble, o a través de ellas, gracias a la huella de goma que el AMG apoya en la carretera. Y, contrariamente a su silueta de muscle-car, el Roadster cambia de dirección con una agilidad casi cómica, ayudado por ese sistema de dirección del eje trasero dulcemente calibrado.

Prueba Mercedes AMG GT R Roadster

¿Divertido no? Por supuesto. Con el techo plegado, lo hace en 11 segundos, el V8 inunda tus sentidos, y el hecho de que el R no sea un cachorro conduciendo rápido, respondiendo a que debes trabajar para dar las órdenes correctas en el momento correcto para mitigar los movimientos que no deseamos, deficiencias que son parte de la diversión.

Sin embargo, carece de sentido, al menos a priori. El Mercedes AMG GT R Roadster es un formato de diversión deportiva extrañamente gratificante. Por debajo del Pro, el R es el AMG GT en su forma más intensa y enfocada a la pista, su chasis brillante está ajustado para arañar décimas y hacer las funciones de coche de GT3 para circuito con el que volver a casa.

Prueba Mercedes AMG GT R Roadster

Es el 911 GT3 de AMG, siendo el Pro el GT3 RS equivalente. Porsche no ofrece este último en versión descapotable, aunque si que tenemos un Speedster que es ahora si, un GT3 sin techo. Al igual que este último, ningún propietario pensará de primeras en meter en circuito su AMG GT R Roadster. Así que ¿por qué cuando creas el GT más capaz y envolvente de todos comprometerías su rigidez y su peso para llegar a este punto? Simplemente el cliente de este coche quiere disfrutar de las cualidades del AMG GT R a cielo abierto en carretera. O así lo haríamos nosotros.

Si te encanta el ambiente del AMG GT R, no estás solo en esto, y la idea de un V8 descapotable con el corazón de un coche deportivo, el GT C Roadster más asequible es el camino a seguir. Es una máquina mucho más sofisticada y elegante y con un precio considerablemente menor. Sin embargo, nuestro protagonista tiene un plus, solo habrá 750 unidades, así que cuando llegue su sustituto su valor será mucho mayor que su hermano sin alerón.

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