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En un mercado plagado de SUVs, lo tienes más difícil para destacar sobre el resto. Mazda lo sabe y su buque insignia para desmarcarse de la media es sus motores Skyactiv y el afamado diseño “KODO”, que lleva implementando en los modelos más actuales. Presentado en el Salón de Nueva York –justo donde se dio a conocer el primer modelo CX-3-, la variante 2018 del CX-3 representa un pequeño paso más allá en la idea de la firma japonesa de crossover perfecto para la movilidad urbana.

Sin embargo no lo tiene fácil, ya que tenemos a varios superventas del mercado plantándole cara en el segmento; entre ellos, el Renault Captur, Toyota C-HR, Kia Stonic, Hyundai Kona, Dacia Duster, entre otros. El lenguaje de diseño de los japoneses siempre es algo muy característico dentro del mercado, ya que apelan a estéticas más atrevidas y extravagantes que sus compañeros europeos –aunque poco a poco el diseño se esté europeizando poco a poco-. Por ello, y como el diseño sigue siendo la razón número uno a la hora de comprar un coche, el CX-3 acapara muchas miradas.

Diseño

Para empezar el CX-3 2018 destaca por su díselo KODO rediseñado ligeramente, aunque sin cambios aparentes para el ojo no entrenado. El frontal prominente que caracteriza a los modelos Mazda hace que se distinga entre los de su clase. La gran parrilla delantera trapezoidal recibe una acabado cromado, junto con unos faros LED (en la versión Luxury, como iba equipada nuestra unidad de prensa) alargados y nervios en el capó marcados.

Las dimensiones del CX-3 son compactas, con  4.270 mm de largo, 1.765 mm de ancho y 1.535 mm de alto. De perfil vemos una línea estilizada con un techo flotante –gracias al contraste en el pilar C que presenta un color negro- que le confiere un aspecto dinámico y moderno. A su vez, los pasos de rueda reciben una gran musculatura, unidos a guardabarros de plástico tanto en la parte delantera como trasera –sacando a relucir su temperamento offroader. Las taloneras también reciben un acabado cromado en esta variante, lo que siempre se agradece ya que mejora la belleza general del modelo. Las llantas de 18 pulgadas en acabado plata y negro son un gran acierto, siempre y cuando estemos comprometidos en sacrificar algo de confort en marcha en pos de deportividad.

Por tu parte, la zaga presenta un aspecto redondeado con una doble salida de escape cromada –funcional, por fortuna-, unido a un paragolpes bajo en plástico, para resistir los pequeños golpes del día a día. Los grupos ópticos en esta parte también presentan una tecnología LED.

Interior

Sigue el mismo diseño KODO que los modelos actuales de Mazda, que aprovechan a las mil maravillas los materiales más modestos para hacer de lo ordinario algo extraordinario. Como nuestra unidad montaba el acabado anteriormente mencionado, tenemos inserciones de cuero y rojo en la consola central y en las puertas, así como en el reposabrazos delantero.

En la consola central vemos una pantalla táctil de 6,5 pulgadas del sistema Mazda Connect. El funcionamiento es sencillo y no es nada ostentoso, equipado con navegador y todos los elementos de conectividad que puedes esperar en cualquier coche moderno –junto con tomas Jack y USB-. A través de un mando giratorio que tenemos en el túnel central podemos navegar a través de los menús. Simple, fácil y para toda la familia.

Motores

En cuanto a los bloques de potencia, tenemos dos motores gasolina de 2.0 litros con potencias que oscilan entre los 120 y 150 CV, con opción de incorporar tracción 4X2 o 4X4. Existe una única motorización diésel (la de nuestra unidad de pruebas); se trata un bloque de 1.5 litros diésel con tecnología Skyactiv con 105 CV con tracción delantera o total.

Sensaciones

Tiene ese carácter deportivo que Mazda imprime en sus modelos, con una posición del conductor más baja de lo que cabría esperar en un crossover. La calidad percibida es alta, gracias en parte a las inserciones de cuero en blanco que implementaba nuestra unidad –acabado Luxury-, unido a una configuración interior orientada directamente al conductor, excepto por algunos detalles que si “cojean”.

Entre ellos encontramos una pantalla demasiado alejada de nosotros como para ser táctil, de la misma forma que, si no queremos utilizar la pantalla, podemos navegar a través del mando giratorio que se encuentra detrás del freno de mano. Este está localizado en una posición un poco incómoda en alguna ocasiones, ya que tienes que llevar el brazo demasiado atrás, posición no muy natural y que hubiera estado mejor reubicarlo justo delante de la palanca de cambios o, en su defecto, en la parte de la consola central donde vemos una sección en cuero. En cuanto al sistema de infoentretenimeinto Mazda Connect, gráficos correctos y manejo bastante intuitivo, buen sistema de navegación, así como disfrutar de gran conectividad gracias a la posibilidad de conectar nuestro Smartphone, a través de las aplicaciones Android Auto o Apple CarPlay.

La comodidad que sentimos dentro del CX-3 es notable, con unos asientos muy confortables con buen sustento en curva, unido a una dirección con toques deportivos que no están de más en un vehículo de estas características. La suspensión es ligeramente más firme de lo esperado, con un tarado corto que hace que tenga un comportamiento muy parecido al que podemos encontrar en el Mazda 3.

Pasamos a su “corazón” nipón, el cual se trata de un 1.5 litros diésel de 105 CV y 270 Nm que arroja unos consumos ridículos; las medias que hacíamos en una conducción convencional eran nunca más de 4,7 l/100 km (dejándonos muy cerca del consumo homologado de 4,0 l/100 km). Un motor altísimamente eficiente con un par bastante considerable teniendo en cuenta la potencia que profesa, la cual estaba disponible apenas después del ralentí. Sorprendente por sus prestaciones y también por montar un cambio manual –como montaba nuestra unidad, aunque también está disponible con cambio automático- con un tacto muy exquisito, con recorridos cortos y directos.

 

El confort en marcha se hace patente no solo por lo confortable que pueden llegar a ser sus asientos, sino porque también disfrutamos de un aislamiento acústico del motor diésel sobresaliente, por debajo de las 2.500 rpm apenas es audible. En la parte delantera, espacio para todo tipo de alturas, pero en las traseras vemos que no ocurre lo mismo; vemos que son plazas no muy amplias para personas altas, ya que con el asiento del conductor en posición para mis 1,80 metros de altura, tuve difícil acceso a las plazas de la segunda fila, con poco espacio para la rodillas, aunque generoso para la cabeza. El túnel central dificulta la estancia para un adulto en la parte central, quedando relegada en exclusiva para una persona joven.

El maletero puede albergar una capacidad –con los asientos en su posición- de 350 litros, más o menos como su competencia directa, con el Kona con 361 litros; Stonic con 332 litros o, para finalizar, 377 para el Captur. Con los asientos abatidos podemos llegar hasta un máximo de 1.260 litros. Por tanto, estamos ante una capacidad en la parte posterior correcta, aunque quizás, con un voladizo delantero más pequeño, mejoraría la habitabilidad interior, sobre todo para los ocupantes de las plazas traseras.

Sin embargo, delante tenemos uno de los pequeños crossover más deportivos del mercado; todo no lo puedes tener, por desgracia. El Mazda CX-3 2018 se presenta como una alternativa muy buena, la cual fue concebida para priorizar tus sensaciones en la conducción y deportividad, concepto que suele ser antagonista del confort en marcha, aunque no siempre es el caso. Por tanto, el crossover japonés me deja con un buen sabor de boca por varios puntos: motor diésel de las más eficientes que he tenido el honor de probar, cambio manual sin pegas, buena tracción en curva –con un reparto de par sublime gracias al G-Vectoring Control-, tacto de la dirección con tendencias deportivas y comodidad en marcha notable. Un coche redondo que, a pesar de algunos “peros”, parte con un precio bastante competitivo, situándose en los 18.585 euros.

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