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La marca coreana ha dado un salto al vacío hacia un mundo en el que no se había adentrado con anterioridad; en este caso hablamos del segmento de las berlinas deportivas, en el que vemos por primera vez un modelo Kia diseñado con filosofía “heredada de BMW”. Te preguntarás, ¿qué tiene que ver una marca alemana como BMW en la creación de un modelo coreano? En un principio te diría que nada, pero hay que ir un poco más allá y descubrir al “padre” de la criatura. Se trata del ex jefe de diseño de los modelos M de la marca bávara, Pierre Leclercq, quien ha formado parte del proyecto del Stinger, siguiendo un lenguaje de diseño fiel a Kia –como el diseño “tiger nose” de la parrilla delantera-, junto con elementos dinámicos que pertenecieron a los M2, M3, M4, M5 y M6 que diseñó tiempo atrás.

Diseño exterior

Antes de comenzar por la parte estilística del Stinger, destacar que nuestra unidad de pruebas contaba con el acabado GT Line, por tanto tiene connotaciones más deportivas que las variantes de entrada, aunque no tan extremas como en el modelo V6 de 370 CV. Comencemos por la parte delantera, donde encontramos la herencia de la marca coreana en la calandra  en forma de cascada, apodada comúnmente como “tiger nose”. Sus grupos ópticos son alargados y se extienden por los hombros laterales, partidos en dos conjuntos –con tecnología LED-; de la misma forma tenemos unas entradas de aire en los laterales del paragolpes, que sirven para refrigera los frenos que aloja dentro de las llantas de 18 pulgadas, junto con una aleta detrás de los pasos de rueda delanteros.

Proseguimos con el lateral, donde vemos unas líneas marcadas en la parte baja de las puertas, con la salida de aire anteriormente mencionada detrás de la rueda –con un acabado cromado-. También encontramos otros elementos en cromado, como en los marcos de las puertas y en los retrovisores –calefactado-.

Llegamos a la zaga del Stinger, la vista más destacada de esta berlina deportiva, ya que podemos ver un lenguaje de diseño nunca antes visto en la marca, con unos grupos ópticos unidos por una fina línea LED –la cual sirve como luz de freno-, así como un escape doble en la parte derecha del paragolpes trasero junto con un pequeño difusor deportivo. Una de las partes más destacadas es la caída de techo hacia el portón posterior, la cual hace entrever su naturaleza de “sportback”.

El Stinger es una berlina bastante grande, con 4.830 mm de largo, 1.870 mm de ancho y 1.400 mm de alto.

Interior

La deportividad se acentúa al entrar dentro del Stinger; vemos que en la configuración interior abundan las líneas horizontales, junto con una mezcla entre materiales simples y premium. Tenemos un volante deportivo achatado en la parte baja –con el logo GT Line grabado en él-, el cual también cuenta con levas detrás del volante –solo tenemos transmisión automática disponible en la berlina-. Unido a ello vemos un cuadro de instrumentos detrás del mismo con diales de grandes dimensiones, junto con una pequeña pantalla digital para ver la información primordial del coche.

En la consola central comenzamos a ver otro material, el aluminio pulido. Esta está configurada con una pantalla flotante táctil en la parte superior, junto con un sistema de ventilación triple con inserciones cromadas. El sistema de climatización se encuentra justo debajo de los controles de la radio y, por último, tenemos la zona de la palanca de cambios, la cual está rodeada de aluminio pulido que le da un toque extra de personalidad y refinamiento. Disponemos también de un pequeño mando giratorio, con el que podemos alternar los modos de conducción, así como una botonería para adicional antes de llegar al reposabrazos central de cuero.

En líneas generales, Kia ha logrado aunar dos mundos tan dispares, como el de los materiales simples y los premium, donde como resultado tenemos un habitáculo con una calidad percibida muy buena, junto con una visibilidad correcta.

Sensaciones

 

Ya tuve la ocasión de probar la variante más deportiva de todas, la V6 de 370 CV durante la presentación que realizó la marca en Mallorca el año pasado; a pesar de ello, hoy hablamos de su variante más “ecológica”, la cual monta un motor diésel turboalimentado de 2.2 litros y 200 CV unida a la transmisión automática de ocho velocidades “made in Kia”.

Lo primero que noto al subirme en el Stinger es una posición de conducción muy deportiva, muy a la par de sus rivales más directos –BMW Serie 4 y Audi A5 Sportback-, con unos asientos muy confortables pero a la vez con buena sujeción lateral –destacar que son los primeros asientos deportivos como tal que Kia lanza al mercado-. La dirección tiene un tacto más duro de lo que cabría esperar en una berlina de este segmento; en este apartado es donde más se nota la influencia de BMW en este modelo, ya que encontramos una desmultiplicación similar a la presente en los modelos germanos.

Tras enlazar un par de curvas vemos que el aplomo es sensacional, con una suspensión más tirando a rígida aunque sin sacrificar en exceso el confort. En una circulación “serena”, el motor diésel de 200 CV se muestra muy reactivo a bajar vueltas –su patio de juego se encuentra entre las 1.750 y las 3.400 rpm-, unido a la transmisión realizada –en exclusiva- por la marca coreana, la cual en modo automático gestiona de manera brillante el confort de marcha, pero que cuando queremos gestionarla de forma manual –a través de las levas de detrás del volante- vemos que tiene alguna carencia.

Como es lógico, es una transmisión montada y pensada para conducir con ella de forma convencional, para el día a día. En modo manual quizás no sea la más rápida del mercado. Estamos delante de una que utiliza convertidor de par con absorción de péndulo centrífugo, lo que reduce las vibraciones torsionales en la transmisión y, de la misma forma, garantiza mejor fluidez entre marchas.

Los modos de conducción me sorprendieron por su versatilidad. Consta de cuatro: Smart, Eco, Confort y Sport +; en el primero de ellos, el coche “aprende”  de nuestra conducción y se adapta a ella, alternando entre el modo Eco y el Confort dependiendo de si pisamos mucho el acelerador o no. Por otra parte, el modo deportivo Sport + saca a relucir el verdadero carácter deportivo de la berlina,  ajustando la dureza de la dirección, suspensión y sensibilidad del acelerador. Sensaciones muy positivas al enlazar curvas reviradas, con una sensación de firmeza y agarre muy alto.

El espacio interior es muy generoso, tanto para las plazas delanteras como para la trasera –aunque sigue habiendo un túnel central que dificultará la estancia para un adulto en el centro de la fila posterior-. A pesar de ello, los dos adultos que pueden ir atrás, tendrán tanto espacio disponible que podrán hasta casi estirarse si lo desean.

Nuestra variante era tracción total, aunque podemos optar por incorporar tracción trasera si se desea. La sensación de seguridad dentro del Stinger AWD era increíble, unido a consumos por debajo de los 6 litros a los 100 durante nuestro test conduciendo de forma normal, y alcanzando los 8,5 l/100 km en conducción deportiva.

En general, el Kia Stinger se establece como el buque insignia de la deportividad para la marca, asentando unos nuevos valores que pueden dar pie a una senda de nuevas variantes deportivas. Su plataforma es sensacional y permite enlazar curvas con un aplomo y seguridad sorprendentes –y más si equipamos la variante de tracción a las cuatro ruedas-, junto con este motor diésel de 200 CV que se comporta de manera increíble para los viajes largos, con consumos muy contenidos. La única pega –y no afectaría demasiado a esta variante- es la transmisión en modo manual, la cual se muestra menos reactiva de lo esperado, pero funciona de manera brillante en modo automático.

Su precio parte desde los 37.900 euros en esta variante diésel con el acabado Style. Precio que estaría ligeramente por debajo al de sus rivales, el BMW Serie 4 y el Audi A5 Sportback.

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