Piense en un coche capaz de llegar a 340 km/h. Ahora en uno que pueda hacerlo siendo descapotable. Uno de ellos es este Aston Martin DBS Superleggera Volante, la versión cabrio del Super GT británico que copa a lo más alto de la cadena alimenticia en Gaydon, con permiso del Valkyrie. Y es que cuando algo no se pueda mejorar, prueba a quitarle el techo. Eso hemos hecho nosotros precisamente a pesar del sol abrasador que vigilaba las carreteras de Tarragona durante nuestra prueba, y es que el sonido del V12 nos cautivaba  para plegar el techo y exponer nuestro cuero cabelludo a la radiación solar, como las sirenas atraían a los incautos marinos a las rocas de su alrededor.

Un poco de crema solar y una gorra después, estamos a los mandos del Super GT definitivo, del segundo modelo Volante en la actual gama Aston. Y es que este DBS Superleggera Volante se coloca por encima del DB11 Volante, que por ahora solo puede ser V8. El tercer miembro a la venta es el deportivo Vantage, que por ahora no goza de versión cabrio.

Comparado con el Superleggera coupé que probamos hace meses, Aston Martin ha tenido que rediseñar su zaga, pues el techo de lona necesita un hueco y un sistema de plegado eléctrico, lo cual ha modificado no solo su Aeroblade II, sino también la zona junto al paso de rueda posterior. Pero aún así han logrado mantener la carga aerodinámica a velocidad máxima casi inalterada, generando 177 kg, solo 3 menos que el coupé.

El resto del diseño sigue siendo una perfecta mezcla de brutalidad elegante. Cuando se sentaron a planear la creación del próximo DBS, el propio Andy Palmer le dijo literalmente al equipo de diseñadores “mi abuela ciega tiene que poder diferenciarlo de un DB11”. Así que hicieron todo lo que no se atrevieron con el coupé, añadiendo una gran parrilla delantera, dos tomas de aire sobre un capó interminable, una silueta digna de una top model latina, y una zaga bruta, con una discreta firma óptica pero una doble salida de escape a cada lado y un difusor nada discreto. El resultado es aerodinámica y estilísticamente perfecto.

El caso es que dar a los clientes la opción de tener este Super GT en versión cabrio implica enturbiar el apellido Superleggera, fruto de la colaboración con el estudio italiano. Casi 100 kilos más se añaden al conjunto, lo que nos deja un peso de 1.863 kg en seco, que por otro lado son 80 kg menos que el DB11 Volante, que tiene cuatro cilindros menos. Y es que este DBS Superleggera Volante usa fibra de carbono por todos lados, y más que podemos pedir en opción, como el caso de nuestra unidad, que llevaba los logos exteriores en fibra de carbono compuesta y los pilares A con las carcasas de carbono, novedad en la firma.

El mecanismo de plegado se activa con el botón de la consola central o desde fuera hasta a 2 metros con la llave. Gracias a que solo se eleva 260 mm, se puede accionar hasta a 50 km/h, tardando 14 segundos en guardarse y 16 en volver a ponerse. Lleva 8 capas de aislante y ciertamente con ella puesta a velocidad normal solo escuchamos el ruido aerodinámico de los retrovisores. Ahora bien, la visibilidad trasera es escasa, dejando ver solo la luna del coche que llevemos detrás, aunque un leve toque al acelerador ayudará a conocer la marca y modelo de este en un momento dado.

Y es que sin duda su motor es la joya alrededor de la que gira esta corona de oro y cristales preciosos. Un V12 de 5.2 litros biturbo, mejorando las cifras que conocíamos del DB11, pues aquí rinde 725 CV y 900 Nm de par. Es una bomba a cualquier régimen, y aunque es biturbo, en los modos más deportivos la respuesta al tocar el acelerador es tan inmediata que uno duda de si alguien olvidó instalarlos. Al menos hasta que hundes el pie y todo alrededor empieza a difuminarse.

Y es que con un 0 a 100 km/h en 3,6 segundos, no hay muchos cabrios tan rápidos como este DBS Superleggera Volante. Pero lo que más cautiva es su capacidad para enviar al asfalto tanta brutalidad solo mediante el eje trasero. Gana y gana velocidad sin perder tracción con la misma facilidad con la que hace girar las cabezas de cualquiera a su paso, más en este Cosmos Orange en el que puede ir pintada la carrocería.

Y lo bueno es que para detenerlo, Aston equipa de serie los discos carbocerámicos de 410 mm de diámetro delante y 360 mm detrás, con unas pinzas de seis pistones delante. Un equipo más que suficiente para que paremos en seco a esta obra de arte de 1.860 kilos, pero que tendremos que calentar antes para que el pedal actúe como es debido. A propósito, Aston señaló que el tacto de este se ha modificado para que la parada no sea tan violenta al primer toque, es decir, más comodidad en el día a día.

Al cambio ZF de 8 velocidades no hay nada que reprocharle, se siente muy rápido en los modos más deportivos, y es cómodo y gentil en el modo GT, el más suave para todo. Las levas van montadas en la columna de un volante achatado por los lados y con un diseño y tacto exquisitos. Se pueden pedir de carbono y el tacto de estas, aunque no es duro, es lo suficientemente bueno.

Esta transmisión va montada en el eje posterior, logrando gracias al peso extra del sistema de la capota, un reparto de pesos de 50:50, algo que en el coupé era de 51:49. Esto nos deja con un DBS Superleggera Volante muy dócil, de respuestas naturales y sin sorpresas de subviraje o sobreviraje. El modo GT nos ofrece un coche cómodo, tranquilo y válido para cualquier desplazamiento. Pero con poner el modo Sport o Sport Plus a través del botón del volante, todo se pone en Defcon 4, listo para el ataque de forma rápida y precisa.

No da miedo virar rápido, ni en curvas lentas ni rápidas, a pesar de que mide más de dos metros de ancho, el DBS Superleggera Volante se mueve con una gran soltura en carreteras estrechas y reviradas. La dirección solo tiene dos vueltas y media, por lo que la rapidez está garantizada, aunque va igual de filtrada que otros gran turismo de menor tamaño. Aún así con sus enormes llantas de 21 pulgadas es un coche relativamente cómodo.

De hecho, la suspensión en modo GT ya ofrece un buen balance entre deportividad y comodidad. Esta es de amortiguadores adaptativos, que podemos endurecer pasando de forma independiente a los modos Sport o Sport Plus, solo recomendables para zonas muy lisas y sin baches. Lo que no tiene regulación independiente es su escape, poniendo a rugir y petardear a sus doce cilindros en cuanto pasamos del modo GT al Sport. El sonido es muy envolvente y evocador, pero solo suena a verdadero V12 cuando sobrepasamos las 6.000 rpm, y el corte llega a solo 7.000 rpm… No se puede tener todo.

En cuanto al interior, todo es idéntico al DB11, pero igualmente cautivador y enfocado a la conducción, con mucho cuero, fibra de carbono y botones brillantes por todos lados. Los mandos para regular el asiento nunca los encontrarás a la primera salvo que ya tuvieras un Aston, pues están en el túnel central y un en la puerta o en la parte baja de estos. A propósito, recogen tan bien como se ven con ese nuevo patrón de tapizado específico para el DBS.

La tecnología a bordo está presente en forma de un cockpit digital de pantalla central para las revoluciones y la velocidad y dos laterales para otra información, así como la pantalla de la consola central de conocida tecnología germana. Funciona bien y su sistema multimedia es resolutivo pero no está a la altura de este coche. Debemos mencionar que lleva dos plazas traseras, pero son solo eso.

Dos horas y doscientos kilómetros después de estar al volante del Aston DBS Superleggera Volante nos bajamos con un sabor claro, es el Super GT cabrio que nos habían prometido, con una potencia desbordante y una filosofía enfocada a viajar rápido por cualquier vía sin miedo a explotar ese V12. El precio de poder hacerlo es igualmente violento, 301.000 euros, pero no olvidemos que es a día de hoy la cúspide de la gama Aston Martin.

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