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En Porsche se toman su tiempo para explicar qué es el concepto GTS. Esta denominación (gran turismo sport) era hasta hace poco muy rara en la marca, pero en los últimos tiempos la han adoptado varios modelos, todos ellos ejemplares en cuanto a deportividad: el Cayenne GTS de 2008, el 997 GTS de 2011 o los Panamera y Cayenne GTS de 2012. Ahora también lucen esas siglas los Boxster, Cayman y el 911, el último en llegar.

Nuestra toma de contacto con la gama comenzó en Málaga con un Boxster, desde donde nos dirigimos al circuito de Ascari en Ronda. Por supuesto no viajamos por la autopista sino por carreteras secundarias del interior. El motor de seis cilindros opuestos y 3.4 litros rinde 330 CV en el Boxster (82.500 euros) y 340 en el Cayman (85.300).

Cerca de Ascari rodamos en el Boxster a buen ritmo detrás de un Cayenne GTS (144.400 euros), quizá el que más te sorprende cuando lo conduces. Lleva un nuevo 3.6 V6 biturbo de 440 CV, anda como un demonio y su agilidad es impresionante para su peso. Otra opción habría sido conducir el Panamera (140.600 euros), que a pesar de ser una berlina es un gran deportivo, y con motor 4.8 V8 de 440 CV. Los coches que condujimos en la carretera son los mismos que usamos para rodar en el circuito, lo que dice mucho de su fiabilidad. Allí disfrutamos del 911, que se vende en cinco versiones GTS: Carrera GTS, Carrera GTS Cabriolet, Carrera 4 GTS, Carrera 4 GTS Cabriolet y Targa 4 GTS.

Ahora que tenemos a los dos juntos en un circuito no podemos dejar de preguntarnos: ¿911 o Boxster/Cayman? En Ascari tratamos esta cuestión con técnicos y probadores de la marca, que podían pasarse media hora explicando su punto de vista y, al final, te das cuenta que es una cuestión de gustos. Boxster/Cayman y 911 son dos conceptos diferentes por la posición del motor, aunque el seis cilindros es muy similar en ambos.

El Boxster con el motor central tiene una distribución de peso perfecta, es muy ágil y preciso. El 911 con el motor atrás tiene una distribución de peso imperfecta pero han conseguido que sea estable y fácil de conducir. Nuestra percepción es que con el 911 se puede jugar más en las curvas lentas, y en las de alta velocidad da más confianza. Pero en los cambios de apoyo rápidos, el Cayman es más ágil. Un 911 GTS no es tan increíblemente rápido como el Turbo ni tan de carreras como el GT3 pero es un 911 puro –especialmente un C2 manual–, una delicia para dar gracias al cielo todos los días.

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