No es solo una serie de vídeos en YouTube; es la confesión de Norbert Singer sobre cómo Porsche utilizó el reglamento del Grupo 5 como un lienzo para la humillación tecnológica
Cincuenta años después de su homologación original en 1976, Porsche ha reunido por primera vez a las cinco piezas clave del rompecabezas 935. Acompañado por Timo Bernhard, el legendario ingeniero Norbert Singer ha abierto el búnker de sus recuerdos para explicar cómo una silueta de un 911 terminó convirtiéndose en una máquina capaz de rodar a 366 km/h en Hunaudières.
1976-1977: La era de la potencia dosificable
El inicio fue una guerra de despachos. El primer 935 de 1976 tuvo que ser defendido pieza a pieza ante los inspectores de la FIA. Pero la verdadera fisura en la competencia llegó en 1977 con el salto a la tecnología biturbo.
THE 935 ENGINEERING EVOLUTION
Reducción del lag mediante dos turbos pequeños. Prioridad: Entrega de potencia dosificable.
Perforación de componentes y chasis de aluminio. Peso final por debajo del límite FIA.
Culata refrigerada por agua y carrocería Long Tail. 366 km/h en Hunaudières.
Singer lo explica con la frialdad del genio: no buscaban más potencia bruta, buscaban manejabilidad. Al dividir el gran turbo en dos unidades más pequeñas, eliminaron el lag asesino y permitieron a los pilotos atacar donde otros solo intentaban sobrevivir.
«Baby» y «Moby Dick»: Los extremos de la obsesión
Si el 935/77 fue la evolución lógica, el 935 «Baby» y el 935/78 «Moby Dick» fueron las bofetadas de Porsche a la lógica del mercado.

- El «Baby»: Fue una cura de adelgazamiento radical para competir en la categoría de 2.0 litros. Perforaron la llave de contacto, eliminaron el ajuste del asiento y sustituyeron el acero por aluminio hasta que el coche pesó menos del mínimo permitido. Con un motor de solo 1.4 litros, era una bestia de altas revoluciones que exigía un respeto absoluto.
- «Moby Dick»: Es, probablemente, el coche de carreras más icónico de la historia. Singer dejó de intentar mejorar el 911 y diseñó un coche al límite de la legalidad aerodinámica. El resultado fue un motor de 3.2 litros y 845 CV que aventajaba en dos segundos por vuelta a cualquier rival en Silverstone.
El fin de la ingenuidad reglamentaria
La autoridad de Norbert Singer en estos episodios nos recuerda que Porsche no ganaba solo por presupuesto, sino por una capacidad de lectura técnica casi insultante. El 935 no era un coche amable; era una herramienta de precisión diseñada para explotar cada coma del reglamento de la FIA.

En este 75º aniversario, el mensaje es claro: un coche de carreras debe ser rápido, pero sobre todo debe ser el resultado de la voluntad de replantearse todo. El Porsche 935 mató a la competencia porque sus ingenieros nunca se conformaron con la interpretación obvia de la ley. Hoy, en 2026, el «Moby Dick» sigue pareciendo un visitante del futuro en un mundo de reglas cada vez más asfixiantes.








