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En línea con su tradición, el Porsche 911 fue inscrito en numerosas carreras y pronto comenzó a destacar, ganando el Montecarlo en 1968, 1969 y 1970. Conducido por expertos, su magnífico motor, su excelente motricidad, su capacidad de frenada y su facilidad para el coleteo se convirtieron en armas casi imbatibles.

En cualquier caso no era un coche recomendable para prestar a tu mejor amigo en un día de lluvia, a no ser, claro está, que el objetivo fuera cobrar el seguro. Era para los que sabían cuando hay que frenar y cuando acelerar, y que prefieren entrar en las curvas despacio, evitando el subviraje, y salir rápido. Por si alguien lo dudaba, el carismático Steve McQueen se ocupó de rubricarlo en la película Le Mans (1971). En ella aparecía llegando al circuito en un 911, convirtiendo definitivamente al Porsche en un icono del automovilismo.

Porsche 911

La evolución del coche a lo largo del tiempo podría definirse como una lucha contra la física. Había que mantener el concepto pero hacerlo más neutro y conducible y, por supuesto, más rápido. Esta aventura ha ido dejando modelos como el Carrera RS 2.7 de 1973, el 911 más valorado. Se construyeron 1.525 unidades de esta versión con 210 CV y el inconfundible alerón con forma de cola de pato.

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Otro modelo mítico es el turbo, presentado en 1975 con motor de 3 litros y 260 CV, y que pasó a 3.3 litros y 300 CV en 1978. Su diseño ancho y su mecánica, dura y brutal, le convirtieron en lo más parecido a un coche de competición. El turbocompresor tenía un retardo enorme y, como contaba bromeando Walter Rohrl, podías pisar el acelerador a fondo y empezar a contar hasta 10, “y entonces la patada era tan fuerte como si otro coche te hubiera alcanzado por detrás”. A finales de los setenta, el Porsche 911 pasó por sus peores momentos, y varios directivos de la empresa, deslumbrados por el moderno 928, querían eliminarlo de la gama.

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Afortunadamente se mantuvo en producción, y en 1982 nació el primer cabrio, seguido dos años después por el popular Carrera 3.2 de 231 CV. Muchos aficionados consideran 1989, fecha de lanzamiento del Porsche 911 tipo 964, como el año que marcó el fin del verdadero 911. El 964 trajo la tracción total (en el Carrera 4) y los frenos ABS. También hay quienes piensan que el último 911 “de verdad” fue el fantástico 993 de 1994, que conservaba el motor refrigerado por aire pero que estrenaba la suspensión multibrazo.

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Con ellos terminaba, en cierto modo, el comportamiento un tanto impredecible de estos coches, un camino que el 996 de 1997, con el motor refrigerado por agua en posición más adelantada y con control de estabilidad, terminó de trazar. Cuarenta y tres años después le quedan muy pocos defectos, pero siguen siendo parte de su encanto, y los que lo entienden de verdad sólo pueden juzgarlo subjetivamente, como a un gran amor. Recuerde que tener un Porsche 911 es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida.

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