«No pagamos a los artistas»: La regla de oro para pintar un BMW Art Car

«No pagamos a los artistas»: La regla de oro para pintar un BMW Art Car

Podría parecer que BMW suelta cheques en blanco para conseguir a artistas como Jeff Koons o Andy Warhol. La realidad es muy distinta: libertad total (o casi), cero honorarios y una obsesión por el peso

¿Cuánto cobra un artista de talla mundial por pintar un BMW Art Car? Un lienzo que vale millones de euros y que va a ser visto por todo el planeta. La respuesta de Thomas Girst, jefe de compromiso cultural de BMW, es tan sorprendente como rotunda: nada.

En el reciente 50 aniversario de la colección celebrado en el Rétromobile de París, los responsables de este museo rodante han desvelado la «letra pequeña» del contrato más deseado del mundo del arte. BMW cubre todos los gastos de producción, viajes y eventos, pero no paga honorarios por el trabajo artístico. La razón es mantener la pureza del proyecto: el artista debe querer hacerlo por prestigio y pasión, no por dinero.

El caso de Jeff Koons

El ejemplo más extremo de esta política es Jeff Koons. El artista estadounidense, famoso por vender su escultura «Rabbit» por 91 millones de dólares (récord para un artista vivo), no solo aceptó estas condiciones, sino que fue más allá.

Jeff Koons creó uno de los mejores BMW Art Car del S.XXI
Jeff Koons creó uno de los mejores BMW Art Car del S.XXI Revista Car

Koons pidió expresamente formar parte de la colección para unirse a sus ídolos, Roy Lichtenstein y Andy Warhol. Como BMW no paga por hacer un Art Car, la marca suele compensar al artista regalándole un coche de producción. Koons rechazó quedárselo: donó el valor de los dos BMW que recibió como compensación a su fundación para la protección de niños desaparecidos.

La única prohibición: El peso

La «Libertad Restringida»: Las tres prohibiciones sagradas

Aunque BMW promete «honrar la libertad creativa» de los autores, Thomas Girst admite que esta libertad tiene límites físicos innegociables. Los ingenieros entregan el coche con tres advertencias que el artista no puede ignorar bajo ningún concepto:

  1. No se puede interferir con las ruedas.
  2. No se puede alterar el peso del vehículo.
  3. No se puede romper la aerodinámica.

Esta última norma es vital. Girst recuerda con ironía el «coche capullo» de Olafur Eliasson en 2007 (el modelo H2R cubierto de hielo y estructura), un diseño conceptual fascinante pero que sería un desastre en una recta de competición. «Suponemos que esas normas son también para que no se repita aquello», bromea. En un coche de carreras como el M Hybrid V8 que compitió en 2024, cualquier gramo de pintura extra o cualquier relieve en la carrocería puede significar perder segundos por vuelta.

«El pájaro tiene que cantar tan bien como luce»

Hervé Poulain, el piloto y subastador que inventó todo este concepto en 1975, lo resume con una frase lapidaria: «El pájaro tiene que cantar tan bellamente como luce». Poulain insiste en que los Art Cars no son ejercicios de relaciones públicas para las revistas de cultura. «A todo el equipo solo le importaba el resultado competitivo», asegura. Si el coche es precioso pero lento, el proyecto fracasa.

Hervé Poulain fue el creador del concepto BMW Art Car Revista Car

De hecho, los propios artistas acaban convirtiéndose en los más exigentes con la ingeniería. Según Girst, al final «cada artista quiere que su coche gane y no se rompa». Porque no hay nada menos artístico que ver tu obra maestra parada en el arcén con el motor humeando en la primera vuelta.