Prueba Mustang Bullitt y Dodge Challenger SRT Hellcat, americanos os recibimos con alegría

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Prueba Mustang Bullitt y Dodge Challenger SRT Hellcat, americanos os recibimos con alegría

Guillermo Lahoz 21 de julio, 2019 | Tiempo de lectura 7 min

Muy posiblemente lleves media vida escuchando a Guns n’Roses, soñando con chicas del Playboy, vistiendo Levi’s y comiendo hamburguesas doble bypass con extra de todo. ¿No crees que ha llegado el momento de dar el paso definitivo? La historia que te traemos aquí comienza en 1968, en San Francisco. Allí se rodó la película Bullitt, en la que Steve McQueen al volante de su Mustang verde protagonizó una legendaria persecución contra un cupé Dodge Charger negro.

En realidad el Challenger fue presentado a finales de 1969 y actualmente el Charger es la berlina y el Challenger es el cupé, pero esos son detalles sin importancia. Lo que realmente nos interesa de aquella época son los muscle cars, esos deportivos supermotorizados. Hoy son clásicos recordados y venerados, tanto que los dos coches que nos ocupan son remakes de aquellos.

Nuestra comparativa es algo injusta porque, aunque son modelos con un estilo similar y dirigidos a clientes con gustos parecidos, el Dodge Challenger rinde 700 CV y el Mustang Bullitt “casi” 500 –pronto lanzarán en EE UU un Shelby GT500 con 700 CV–. Pero la parte buena para este último es que el Mustang lo puedes comprar en cualquier concesionario español, y el Dodge no se vende en nuestro país.

Para hacer nuestro pequeño homenaje a la película Bullitt hemos pedido el Mustang a Ford, pero encontrar un Dodge Challenger negro ha sido un poco más difícil. Finalmente contactamos con un entusiasta que compró el suyo en Las Vegas (EE UU) en 2017 y después lo importó a España.

Hay quien piensa que estos coches solo encajan en Estados Unidos, y que conducirlos por Europa es como comer chuletas para desayunar. Pero no estamos de acuerdo. En un continente obsesionado con lo “eco” y lo políticamente correcto, estas poderosas máquinas se nos antojan como iconos de la individualidad y la libertad.

El Mustang es un coche espectacular, aunque debido a su éxito comercial –es el deportivo más vendido del mundo– ya nos estamos acostumbrando a verlo por las calles. Respecto al Challenger no es solo que su aspecto sea agresivo; es que si lo ves aparcado de noche en una calle solitaria con dos tipos dentro, pensarás que vienen a matarte. Cuando lo tenemos delante, con ese sonido del motor, todos sonreímos como niños y decimos: “¡tío, cómo mola!”, o cosas aún más expresivas y malsonantes.

Una relación precio/potencia imbatible

Y es que son grandes en todos los sentidos: el Mustang mide 4,78 de largo, y el Challenger supera ligeramente los 5 metros (5.017 mm). O sea, que mide 10 centímetros menos que un Mercedes Clase S. Otro aspecto que comparten estos coches es su espacio interior suficiente para cuatro adultos y su imbatible relación precio/potencia. El Mustang cuesta 55.550 euros y rinde 460 CV. No encontrarás ningún deportivo europeo que ofrezca un rendimiento similar por ese precio. Y el Challenger Hellcat cuesta en EEUU 65.500 dólares (57.900 euros). Sorprende comprobar que allí puedes comprar un Challenger 3.6 V6 desde 27.000 dólares (23.800 euros).

Llega el momento de empezar a conducir y lo hacemos con el Mustang. Ya habrás oído eso de que a los coches americanos no hay quien los meta en una curva y tal, pero son prejuicios del pasado. Es verdad que son grandes y pesados y no se mueven como un BMW equivalente, pero son precisos, equilibrados y lo suficientemente ágiles. Además sus mecánicas son una maravilla, tanto para correr (mucho) como también para pasear con la banda sonora de sus V8. Con ellos cualquier recorrido es especial, y eso es de lo mejor que se puede decir de un coche.

Mustang

El Mustang lleva suspensión trasera multibrazo desde 2015, y cuenta con una dirección precisa y unos frenos eficaces. No es como un coche europeo, es algo peculiar y lleno de carácter. Ves el gran capó delante de ti y vibras con la fuerza del fantástico propulsor. También engancha el tacto algo duro del cambio manual. Lleva además un sistema que en las reducciones hace automáticamente el equivalente al “punta tacón” y que funciona de maravilla (y es desconectable). Como cualquier deportivo moderno también ofrece cuatro modos de conducción, y en la gama 2018 se ha incluido un sistema en el que puedes elegir cuatro niveles de sonido del escape.

El Bullitt cuesta 55.550 euros, 6.250 euros más que el 5.0 V8 normal. ¿Merece la pena pagar esta cantidad extra? Probablemente sí, porque esta preciosidad tiene aún más encanto que el normal y mantendrá mejor su valor como usado. Respecto al Mustang normal, además del color verde, los logos de Bullitt o el pomo del cambio blanco, esta versión lleva de serie los asientos ventilados y calefactados, el navegador y el equipo de sonido B&O de 1.000 W. La suspensión MangaRide sigue siendo opcional (2.200 euros).

Y nos subimos al Challenger

Imponente desde cualquier punto de vista, ya sea estético o mecánico. Su dueño tuvo antes un Mustang 5.0 Cabrio de 2015, y es un enamorado del concepto americano del automóvil. Tanto que compró incluso un Dodge 3700 de los fabricados en Villaverde. Pero se le rompía algo cada dos por tres, y el día que te fallan los frenos te planteas si vale más tu clásico o tu vida…

Como español residente en EE UU, también experimentó que tener allí un coche así es fácil. Dando por supuesto de que la gasolina cuesta la mitad que aquí, también es mucho más barato el mantenimiento. De hecho, antes de meter el Challenger en el contenedor, lo rellenó de recambios para los próximos 200.000 km. El aceite hay que cambiarlo cada 5.000 millas (8.000 km) y en EE UU el aceite le costaba 35 dólares y el filtro, seis. “En España me cobran 96 euros”.

Nos enseña que el Challenger Hellcat tiene dos llaves: con una rinde 500 CV (la negra) y con la otra 700 (al roja). Según te despiertes cada día, eliges una u otra. La plataforma del Challenger es de origen Mercedes, de cuando la fusión Daimler-Chrysler, la del Clase E que usó también el Chrysler 300C. Puede parecer obsoleta pero no lo está, y además su suspensión regulable está bien elaborada, con doble trapecio delante, multibrazo atrás y amortiguadores Bilstein regulables. También presume de frenada con los Brembo de seis pistones. Hay que decir que es bastante civilizado, ya que puedes elegir entre tres modos de conducción. Los asientos son muy cómodos y el maletero enorme, y cuenta con una pantalla digital táctil donde poder analizar todos los parámetros de la descomunal mecánica.

Y es que todo lo que contemos queda ensombrecido por la potencia de su motor Hemi 6.2 V8 con compresor volumétrico, con ese poderío inaudito, casi cómico. Con su silbido característico es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 3,3 segundos, pero es aun más impresionante cómo sigue y sigue acelerando después (881 Nm de par máximo). En el Challenger cualquier recorrido es algo especial, y tu instinto rcar19_de supervivencia te hace desarrollar una hipersensibilidad en el pie derecho. Cuando salió en 2014, para encontrar coches con una potencia superior había que pensar en un LaFerrari, Ferrari F12, Porsche 918, McLaren P1 o “cosillas” por el estilo.

Siempre nos han encantado los motores con compresor volumétrico, como el 5.0 que usan en Jaguar-Land Rover. Gastan más que los turbo pero su respuesta es inmediata y su sonido, brutal. Es fácil imaginar que mantenerlo fresco no debe ser fácil, y por eso el Challenger lleva intercoolers, refrigeración para la transmisión y también un radiador de aceite. Es alucinante su capacidad para ganar velocidad y quemar goma aunque ruedes a 60 km/h.

Respecto al tópico sobre el consumo de los coches americanos, tenemos que decir que sí es cierto. El Mustang declara 12 litros oficiales que son más a poco que se le apriete, aunque la sexta es muy larga y conduciendo despacio por autopista se puede bajar de 10 litros. El Dodge Hellcat por su parte consume entre 15 y 20 litros a los 100 km, rodando tranquilo.

Lógicamente esto último no es un obstáculo para que el propietario del Challenger esté enamorado de su bombardero negro, y asegura que no lo venderá jamás. Pensábamos que era el Clint Eastwood español, pero el mito se nos viene un poco abajo cuando nos dice que a diario conduce un Yaris Hybrid, “por aquello del karma medioambiental. Cada vez que arranco el Challenger palma un oso polar…”. 

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