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La silueta aparece en el horizonte de repente, acortando el asfalto que la separa de nosotros de una manera brutal, casi incivilizada. Detrás de la mancha amarilla el aire trata de recomponerse entre una nube de spray que sale proyectado del húmedo asfalto por medio de los enormes Pirelli. También hay un ruido mecánico peculiar, el de un V8 mezclado con el de un jet a punto de despegar. De pronto, cerca de nosotros, el coche cambia de dirección de forma que físicamente nos parece cosa de OVNIs, en una milésima ha pasado de apuntar a un lado de la pista a girar hacia el otro. El sonido pasa frente a nosotros y desaparece en la distancia “¿Lo has cogido?” le pregunto a nuestro cámara, que está grabando vídeo. “No, lo tenía en el encuadre y no sé ni por dónde se ha ido”.

McLaren P1 GTR

La pista se ha secado en los últimos giros y los Pirelli están bastante castigados “cuando la pista se seca y se mantienen los derrapajes la goma tiende a consumirse de forma muy rápida, en un par de vueltas las ruedas pueden perder todo su agarre” nos comenta un ingeniero. Otro atiende a Martin Brundle, que cambia algunos detalles del volante, como el botón que activa el modo ‘Pushtopass’, por el que 200 CV eléctricos acuden en auxilio de los casi 800 CV que produce la mecánica de gasolina alimentada con combustible de competición de 102 octanos.

McLaren P1 GTR

El McLaren P1 GTR sale a la pista seca y la primera vuelta completa para el cronómetro un segundo antes que las vueltas en mojado, y a partir de ahí cada vuelta supone medio segundo menos. Dos marcas negras surcan el asfalto en una de las curvas más rápidas, aunque Brundle no parece notarlas “al principio pensaba que había otro coche en la pista, porque no he notado que el GTR estuviera haciéndolas”. El calibrado del control de tracción y el ESP permiten estos desmanes electrónicos, y es que definitivamente el McLaren P1 GTR pertenece a una era de deportivos digitales, en los que todo está enfocado a conseguir el mejor tiempo en la pista, mientras en el McLaren F1 original todo era analógico y era el piloto el que tenía que conseguirlo con herramientas mucho más simples e imprecisas.

McLaren P1 GTR

El McLaren P1 GTR no se puede matricular ni puede participar en competición ya que no está homologado para ningún tipo de reglamento, pero esto no debe preocupar a los propietarios, que probablemente no perderán un euro de su inversión aunque el coche se quede en el garaje. El GTR se vende con un programa de pruebas exclusivo que incluye el desplazamiento a diferentes circuitos, la asistencia por los ingenieros de McLaren y cursos de conducción por parte de pilotos cualificados, donde toda esta teoría se transmite al volante. ¿Divertido? Ya lo creo que sí, y veloz como ningún otro turismo diseñado y fabricado en Inglaterra.

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