Las marcas deportivas ya no se esconden del fenómeno SUV. Si cuando Porsche lanzó el Cayenne había mucha media sonrisa esperando que el tortazo fuera monumental y el prestigio de la marca irrecuperable, hoy todos los fabricantes se han rendido a un sector que acapara casi el 50% del mercado de gama alta. En resumen, la marca de lujo que quiera ser hoy alguien en el mercado tiene que tener cuantos más SUV en su gama, mejor. Así han cambiado las reglas. Por eso reunimos hoy al Maserati Levante con el Jaguar F-Pace y el BMW X5.

Maserati es una de las últimas en llegar, y no es que la marca haya escondido sus intenciones. De hecho el prototipo Kubang 4×4 apareció en el ya lejano 2003, pero con la marca en transformación primero y, posteriormente, la enorme crisis, Maserati tuvo que esperar para lanzar un modelo que sigue teniendo mucho de aquel espectacular diseño.

El Levante utiliza la plataforma de la berlina Ghibli en su versión de tracción total, a la que se añade la suspensión neumática combinada con la dureza regulable Skyhook, entre otros elementos. Maserati está integrada en Fiat-Chrysler, así que la marca ha podido acceder a toda la tecnología 4×4 del Jeep Grand Cherokee para moverse en situaciones difíciles y a la gama de turismos y deportivos Maserati para su comportamiento en carretera. El resultado es un modelo de cinco metros de largo, un diésel V6 de 275 CV y una imagen y temperamento atractivos por un precio de 82.275 euros, que lo sitúan en la media del mercado premium. Para los que no gusten de un Maserati con motor gasolina, hay un V6 turbo de 430 CV (105.000 euros) con prestaciones que quitarán el sueño a más de un deportivo.

LOS RIVALES A BATIR

Probablemente solo hay dos marcas de raigambre deportiva que han tardado más que Maserati en llevar un modelo SUV al mercado. Una es Alfa Romeo, que lo hará en este 2017 con el Stelvio, y la otra es Jaguar, que ha entrado muy fuerte en el sector con el F-Pace, que ya es su modelo más vendido. El Jaguar tiene una gama más amplia que el Maserati, desde versiones cuatro cilindros diésel con caja manual y tracción trasera –desde unos 45.000 euros– hasta un V6 compresor de 380 CV. Esta versión diésel S equipa un V6 biturbo de 300 CV que, muy bien equipado cuesta 81.050 euros, aunque la configuración de estas páginas, con llantas de 22 pulgadas, sale por unos 88.000 euros.

Completando el trío tenemos al BMW X5. Es cierto que el X6 es más deportivo y afín a los compradores de sus dos rivales, pero la fórmula original de BMW es la de ofrecer un SUV cómodo, amplio, fácil de llevar, seguro y de razonable consumo, sin perder el carácter deportivo de la marca. Con más de 15 años y varias generaciones en el mercado, BMW ha ido refinando el X5 hasta llegar al resultado actual, en el que se ofrece con 5 o 7 plazas, excelente espacio, gran confort y un diésel de seis cilindros y 313 CV por un precio de 73.500 euros. Para los que quieran más potencia, hay un diésel de 381 CV por unos 105.000 euros, además de los X5 M de 575 CV, versión a la que algo día deberán enfrentarse Jaguar y Maserati en lo que será un interesante capítulo.

BMW X5

El más sorprendente de los tres modelos es el Maserati. Su diseño emociona, es bonito y diferente, se han cuidado detalles como una parrilla que no esconde el tridente, las tres salidas de aire en las aletas, un tercer pilar con un bonito grabado, las sensacionales puertas sin marco, al más puro estilo deportivo y una zaga que, aunque no tiene tanto gancho como el resto del coche, es muy práctica, y da acceso a un maletero que se abre y cierra con un portón eléctrico.

El interior también te hace sentir que has subido a algo diferente. No olvidemos que sus dos rivales tienen mucha gama de modelos por debajo, y en cambio el Levante es casi el modelo “base” de Maserati –con permiso del Ghibli–, así que se nota que todo está diseñado para un coche caro. Aún así la marca no solo ofrece un precio competitivo, sino una lista de opciones con packs muy razonables. Maserati quiere vender 70.000 unidades en 2018, y basa gran parte de su apuesta en este coche, que tiene que abrirse camino con una red de concesionarios pequeña si la comparamos con las de sus rivales.

CON MUCHA CHISPA

El interior del italiano es una gozada, con un bellísimo volante, unas bonitas levas cromadas y una gran pantalla táctil central que, en algún diseño, nos recuerda a las que equipa Jeep. Nada que objetar, ya que su uso es el más sencillo del trío. No podemos decir lo mismo del cambio, con una palanca que impide una buena inserción de la marcha atrás hasta que le cogemos el truco. El interior es amplio en todas sus cotas, aunque no lo parece por lo grande que resulta el salpicadero y la menor superficie de cristal. El maletero cubica 580 litros. Ponemos en marcha el V6 diésel y no suena a ronroneo petrolero, sino que tiene chispa. Conforme cogemos velocidad el sonido del escape nos gusta, la reacción mecánica es buena y el cambio es evidentemente rápido. Si conectamos el modo “Sport” el coche se motiva aún más, y termina por gustarnos mucho más de lo que pensábamos al principio. Al volante se disfruta, y su dirección de asistencia hidráulica es capaz, junto a unos buenos frenos, de hacer que la conducción sea deportiva y vivaz. Es un coche que invita a ir rápido, a apurar las marchas y a frenar tarde por lo que, aunque es un SUV diésel, no deja de ser un Maserati. Lo mejor es que, cuando vamos de paseo, es un coche amplio, cómodo y muy bien equipado.

Aparcado junto al Levante, el F-Pace muestra cómo Jaguar sabe hacer muy bien las cosas. La nueva gama de berlinas está muy bien y cuentan con carrocerías de aluminio que les hacen más ligeros que sus rivales de acero, por eso el F-Pace sigue sus pasos, es bonito y es ligero. El diseño es genial, es como si al recién lanzado Levante le cayeran un par de añitos encima, y al siempre conservador X5 otro lustro. Además el peso, con algo más de 1.800 kilos, supone casi 300 menos que en el Levante. Las llantas de 22 pulgadas del Jaguar son realmente enormes, pero hacen que el aspecto sea sensacional, lo que unido una bonita parrilla, elegantes faros y un lateral lleno de músculo hacen que el Jaguar sea admirado y deseado a partes iguales. Por su aspecto pocos dirán que este coche se puede desenvolver bien en zonas de arena o barro, pero Jaguar utiliza parte de la tecnología de Range Rover en su sistema de tracción, y el coche responde muy bien en todo momento. Por dentro el panorama no es tan maravilloso, y el F-Pace toma lo mejor de las berlinas XE y XF, pero también cosas no tan buenas, como un salpicadero demasiado macizo o un selector del cambio redondo que, original en su día, hoy ocupa el espacio que debería utilizarse para controlar el equipo multimedia. El espacio interior no es el más amplio del trío, pero Jaguar se desquita con el maletero más grande: 650 litros.

MUCHA PRECISIÓN

Sobre el papel el V6 de 300 CV del británico es el mejor motor por su par motor y bajo consumo, pero al volante no parece que haya una ventaja clara. El coche se mueve bien y la aceleración es veloz, pero no está tan bien insonorizado como sus rivales. En lo que sí destaca es en precisión al volante, ya que resulta el más divertido de conducir, y eso que las mega-llantas entorpecen la dinámica, y con las de serie de 19 o 20 pulgadas, el F-Pace debe ser más liviano y preciso. Tras un rato al volante el deseo de comprarlo es irrefrenable, pero aun nos queda un rival.

Hubo un tiempo en el que el X5 era el paradigma del SUV deportivo. Viendo su imagen se reconoce que ese tiempo queda lejos, y es que aunque el diseño tiene todos los tics de BMW, su forma cuadrada hace que parezca el menos rápido, y eso que es el más potente. Para defender a BMW diremos que, teniendo el X6 para los clientes más “quemados”, el X5 puede cumplir más como familiar, pero aún así la marca ofrece en este modelo todo tipo de motores picantes, como este de 313 CV, lo que unido al buen aspecto de los kits M y el ajustado precio el X5 sea una proposición muy atractiva. Eso sí, ojo a las opciones, solo el kit M Sport roza los 9.000 euros, por lo que rápidamente sobrepasaremos la tarifa de sus dos competidores.

El X5 puede tener dos plazas extra, tiene un maletero de 650 litros con el portón partido en dos mitades y un interior lleno de espacio. Por dentro nos encontramos el clásico diseño BMW que a muchos clientes les empieza resultar algo aburrido. En calidad no hay pegas, y es el mejor coche de la prueba, y en ergonomía se roza el 10, ya casi ni nos quejamos del sistema iDrive.

PRESTACIONES QUE SE NOTAN AL VOLANTE

El motor va como una seda, y se nota que los cilindros en línea camuflan mejor sus vibraciones que los V6. El X5 pesa 300 kilos más que el Jaguar, pero lo supera en aceleración y velocidad máxima, no digamos al Maserati, al que le endosa un segundo en aceleración, prestaciones que se notan al volante. La verdad es que los tres coches nos gustan mucho y nos va a costar decidir cuál es el que mejor combina la amplitud y desempeño de un SUV con el carácter deportivo que más nos gusta.

Bajo estos parámetros el tercer peldaño es para el X5, porque es el más amplio y el más rápido, toda una compra segura, pero ya no es el líder en dinamismo que buscábamos. Ese líder es ahora el F-Pace, que es con el que más se disfruta al volante de estos tres coches y también el de diseño exterior más atractivo. Lástima que el interior sea un poco pequeño y que tanta deportividad le reste refinamiento de marcha. Eso nos deja con un ganador como el Maserati Levante. No solo nos da grandes sensaciones en conducción rápida, aunque no sea el más veloz, sino que la suspensión neumática y de dureza regulable de serie hacen que sea el más cómodo, lo que unido a un amplio espacio, buen precio y, por qué no decirlo, el atractivo de una marca carismática, lo convierten en el ganador. Es el coche que se iría a nuestro garaje de CAR, aunque los otros dos son compras igualmente acertadas.

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