De entre todas las historias sobre deportivos únicos que han pasado por España, la de este prototipo es quizá la más sorprendente. ¿Qué pensaría la gente al ver rodar por la calle este coche? El alemán Berthold Ollmann lo relató así en la revista Viale Ciro Menotti, para entusiastas de Maserati: “Cuando hace muchos años viajé un mes de febrero a Benidorm no podía imaginar que esa estancia en España cambiaría completamente mi vida. El trabajo se acabó rápido y esperaba pasar una semana allí, pero en realidad comenzaron los días más excitantes de mi existencia. De camino a visitar a unos amigos en una villa cercana, vi de pronto una sombra (nunca olvidaré ese momento) adelantándome que, en un primer vistazo, parecía un platillo volante. Cuando me superó no podía creer lo que estaba viendo. Era exactamente el coche del que, durante años, había tenido una maqueta en mi mesa.

Aunque no tenía opción de alcanzarlo en mi pequeño coche de alquiler comencé a perseguirlo lo más rápido que pude, y pocos minutos después vi el Maserati Boomerang aparcado frente a un supermercado. Hablé con el conductor, que resultó ser un hombre joven, y me dijo que el dueño del Boomerang pasaba por problemas económicos y que estaba pensando en venderlo. Mis negociaciones con el propietario me llevaron medio año Finalmente llegué a un acuerdo, y en otoño de 1981 el Boomerang viajó a Essen (Alemania)”. Cuenta la leyenda que su propietario en Benidorm era dueño de bares y night-clubs, pero lo único seguro es que así fue como salió de España el coche más increíble que ha rodado por nuestras carreteras.

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El Maserati Boomerang había llegado en 1973 para ser expuesto en el Salón de Barcelona. Este Maserati fue desvelado en el Salón de Turín de 1971 como un modelo estático, sin motor y de color rojo. Empleaba la base mecánica de un Maserati Bora y en el Salón de Ginebra de 1972 se mostró ya con el motor 4.7 V8 de 310 CV y pintado de gris plata. Al pedir un informe en Tráfico sobre la matrícula “V 3090 N” aparece como fecha de matriculación el 23 de mayo de 1975, y como titular Noches Blancas S.A. En la revista “Clásicos Exclusivos” se publicó en 2012 un reportaje sobre el Maserati Boomerang firmado por Antonio Palacín, un periodista con buena reputación en cuanto a profesionalidad y respeto a las fuentes. Según sus datos, al acabar el Salón de la Ciudad Condal el Boomerang fue a parar a la exposición de Alfonso Amato en Madrid, y semanas después fue adquirido “por un industrial bilbaíno”. De ello daba fe una noticia aparecida en ABC en junio de aquel año.

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Luego el coche apareció en la Subida a la Bien Aparecida en Cantabria, y hay fotos donde aparece con las placas verdes provisionales. El siguiente dueño habría sido el músico Waldo de los Ríos, y en diciembre de 1974 el coche apareció a la venta en Herranz, compraventa de Madrid. Entonces fue adquirido por su tercer propietario, quien lo matriculó en Valencia en mayo de 1975. Pero después debió haber otro, teniendo en cuenta la transferencia de agosto de 1976 recogida por Tráfico. Cinco años más tarde fue cuando lo compró Ollman, con cuyas vivencias abríamos este reportaje. Después tuvo otros propietarios y ha estado matriculado en Francia, hasta ser subastado en Chantilly (Francia) el pasado 5 de septiembre por 3,3 millones de euros. Hoy el Boomerang es una escultura conservada entre algodones, pero algunos en Benidorm aun recuerdan aquel platillo volante que salía por las noches para lucirse bajo los neones.

 

1 Comentario

  1. El industrial Bilbaino era un tal Martín. Muy listo por cierto. Spartaco Santoni intento tomarle en su chalet de Berango pero no pudo. Martín poseía además dos Rolls Royce. El Maserati lo admirábamos a diario en el garaje Olmos de la calle Licenciado Poza.

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