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Tras brillar en el Barcelona, Maradona llegó al Nápoles en 1984, y en el Mundial de México de 1986 vivió el momento cumbre de su existencia, con el gol frente a Inglaterra y el título mundial. Fue entonces cuando pidió un Ferrari Testarossa negro, que entonces era el deportivo más deseado. El coche lo pagó Corrado Ferliano, presidente del club italiano. Guillermo Coppola, manager de el pelusa, lo recuerda así: “nos subimos los dos y Diego comenzó a mirar por todos los lados: Le digo: ¿qué pasa? “¿Y el estéreo? no tiene estéreo, no tiene aire acondicionado, no tiene nada” Y me dice: “bueno, entonces que se lo metan por el cu…”Al final Maradona se quedó el coche. Y parece que fue una buena inversión del club, porque en 1987 no jugó al mismo nivel pero logró hacer campeón de liga por primera vez al Nápoles.

Ferrari Testarossa de Maradona

Después la cuesta abajo ha sido larga (Maradona se retiró en 1997) y ha pasado por muchos clubs. Durante el tiempo que estuvo entrenando a un equipo de segunda en Emiratos árabes en 2017 disfrutó de un Rolls-Royce Ghost azul, y el mismo año durante una visita a Venezuela se declaró “soldado de Maduro”, el líder venezolano y proclamó lemas revolucionarios y “contra el imperialismo”.

Rolls-Royce Ghost azul de Maradona

Para el mundial de Rusia de este año fue contratado como comentarista para una cadena del país sudamericano, aunque lo que se recuerda de él durante la cita mundialista es que era incapaz de mantenerse en pie debido a sus adicciones. Poco después “el Diez”, de 57 años, pidió la mano a su prometida Rocío Oliva, a la que saca 29 años.

Hunta Overcomer de Maradona

Tras el mundial fue nombrado presidente de FC Dinamo Brest de Bielorusia, donde dispondría de una gran mansión y un avión privado que cada día le trasladaría desde Minsk, capital de Bielorusia, a Brest, que está a 350 km. Llegó allí de la mano del magnate Tajeddine Seif, empresario con intereses tanto en los UAE como en Rusia y Bielorusia. E incluso le regalaron un Hunta Overcomer, un todoterreno anfibio de uso militar. Pero la fidelidad del argentino duró poco y ahora trabaja como entrenador en Los Dorados de Sinaloa (México), la tierra del Chapo Guzmán. Pobre Diego Armando, el vicio le persigue.

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