Si hace unos días os hablamos de los juguetes del Rey Juan Carlos I, hoy le toca el turno al garaje de la Casa Real, pero antes conviene dar un pequeño repaso a nuestra histora más actual. La Guardia Real tiene la misión  de dar servicio al Rey, al estar formada por fuerzas del Ejército de Tierra, Armada, Ejército del Aire y Cuerpos Comunes. Otro área distinto es la Escolta del Rey, que la forman el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil y que son los que dan el verdadero servicio de seguridad de paisano fuera de los palacios y acuartelamientos, al tener potestad policial que los militares no tienen según reglamento. La Guardia Real española es la más antigua de Europa y fue creada en 1504 como la Guardia de Alabarderos por el Rey don Fernando el Católico. Su sede se encuentra situada en un pedanía cercana a Madrid, concretamente en el Real Sitio de El Pardo, donde forman un conjunto arquitectónico, digno de visitar, el propio Palacio de El Pardo –residencia de jefes de Estado extranjeros y antigua vivienda del general Franco– y los cuarteles de la Guardia del Rey.

Un papel importante de esta flota de coches es dar servicio a las autoridades extranjeras que visitan nuestro país.

Es precisamente allí donde celosamente se guarda una de las colecciones de coches de Estado más importantes del mundo y no por volumen, más por calidad y pedigrí. Y basta esta simple explicación para dejar claro que don Juan Carlos de Borbón poseyó esta maravillosa colección mientras fue el jefe del Estado, y esos que hablan de que el rey tiene 70 coches, que vayan quitando alguno, que el 99% están aquí y se quedan como fondos del Patrimonio Nacional. 

No todo son Cadillacs. Sobre estas líneas un Chrysler Imperial limusina de 1974. También disponen de un Imperial de 1964.

El equipo de CAR tuvo la suerte de poder visitar las cocheras de El Pardo, donde se guarda este legado de un valor incalculable, pues ya se suman los coches que se adquirieron durante la República, la dictadura y la democracia, sumando entre regalos, donaciones y compras los famosos 70 coches de los que todo el mundo habla.

Rolls-Royce Phantom IV (1952). El Gobierno español encargó tres unidades, dos de ellas con carrocería cerrada. El descapotable se usó en la boda del príncipe Felipe y Letizia. Para ello se le acopló un techo acristalado blindado fabricado y acoplado por la firma madrileña Imaho Blindajes. También le instalaron un sistema de refrigeración.

Las piezas más importantes son dos Mercedes-Benz de parada militar, tres Rolls-Royce exclusivos para jefes del Estado y una flota de Cadillac –la marca preferida por Franco, quien despreciaba estos Mercedes por su dureza y poca efectividad en campo–, adquirida durante años, y que hoy sirven de vehículos de representación en las caravanas oficiales.

Mercedes-Benz 540 G4 (1941), regalo personal de Adolf Hitler a Franco. No hubo dos G4 idénticos, pero los acabados de este están al máximo nivel. Se ha mantenido en orden de marcha durante más de 70 años.

En contra de lo que hemos visto y oído, en los años 1934 y 1940, existieron varios modelos de la estrella de todo terreno con tres ejes y seis ruedas. De ellos el más representativo fue el 500 G4 con un motor de 8 cilindros en línea de 5.019 cc que rendía la discreta cifra de 100 CV. De este modelo se construyeron en total 58 unidades. Más adelante se derivó a una segunda generación denominada 540 G4 (W31) de similares características, pero recurriendo al motor de los maravillosos 540 K que ya rendían 130 CV. En su primer año de fabricación, 1934, se construyeron tres unidades que el sanguinario Adolfo Hitler regaló a los totalitaristas Benito Mussolini y a Francisco Franco.

En el caso del español, coincidiendo con su cumpleaños, el 4 de diciembre. Hasta 1939, la factoría de Mercedes en Alemania produjo un total de 13 unidades. La adjudicada a Hitler del 540 G4 fue desguazada al finalizar la II Guerra Mundial, la que llegó a Mussolini se destruyó y un coleccionista la reconstruyó con piezas nuevas. En cambio, la que llegó a España es la única que se mantiene fiel a su nacimiento y conservación auténtica desde hace 80 años. Las leyendas urbanas siempre han afirmado que los responsables de Mercedes-Benz en Alemania han deseado incorporar el 540 G4 de la Guardia Real a su museo y por él ofrecieron un talón en blanco y una flota de Mercedes blindados mientras viviese don Juan Carlos. La respuesta de La Casa fue rotunda: “Vuelva usted mañana…”.

Franco usó muy poco este aparatoso modelo de más de 3.500 kg, pero aún así tiene espacio de sobra para el equipaje, con maletas hechas a medida.

Lo único que se permitió a Mercedes-Benz fue llevarse el coche a Alemania, desmontarlo pieza a pieza para su restauración y, a cambio, poder reproducir los planos del mismo para hacer una réplica exacta. Esperamos que nos devolviesen el bueno… Las malas lenguas aseguran que Carmen Franco, viuda del marqués de Villaverde e hija del generalísimo, reclamó el famoso Mercedes como regalo personal de Hitler a Franco, lo que llevó a un conflicto con el Estado que acabó por resolverse de forma “amistosa”, al demostrarse que el regalo se había hecho al jefe del Estado, ya que el coche era propio de paradas militares. Franco lo usó muy poco en actos militares, por no decir nada, lo utilizaba más en campo, en cacerías o monterías hasta que un día en Los Montes de Toledo el barro les jugó una pasada, de los tres ejes solo traccionaban los dos traseros, y se dejó de usar, luego llegaron los Jeep americanos, pero ya no tenían el mismo caché. Un tiempo antes de morir Franco, sufrió una enfermedad y pensaron que no saldría… y alguno de sus avispados familiares matriculó el 540 G para su venta, con la mala suerte que el generalísimo no se murió y se enteró de la jugada, lo que acabó en una buena bronca… 

Buick Eight de 1949, modelo que Franco usaba para cazar al ser descapotable, y con los asientos traseros capaces de girar 180º.

Otro Mercedes destacado de la colección de coches históricos de la Casa Real es sin duda el 770 Pullman, modelo fabricado entre los años 1938 y 1943 con motor de 8 cilindros (7.655 cc) que pasó de 145-230 CV, según versión. El peso de esta limousine era de 3.600 kg y su velocidad máxima de 170 km/h. Con este chasis se construyeron 83 unidades que fueron carrozadas por diferentes sastres del automóvil. La unidad que se conserva en España es un serie W150 II con dos compresores Rooots-Gebläse que elevaba la potencia de 160 a 230 CV cuando el compresor está a pleno rendimiento. El coche es una maravilla y, de hecho, Franco lo usó mucho y en cambio el Rey Juan Carlos casi nunca. Su depósito de gasolina es de 300 litros y al ir blindado su peso llega a los 4.750 kg. Solo se construyeron cinco unidades y en España se conserva esta en estado original y no habiendo sido restaurada.

Los Rolls que conserva la Casa Real son una auténtica maravilla y unas joyas de incalculable valor por motivos muy claros: que solo se fabricaron 18 unidades del modelo Phantom IV; que esta serie se hizo solo para vender a jefes de Estado aprovechando la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra, con lo cual no deberían esta en manos de coleccionistas nunca; y por último, de estos 18 Phantom IV, tres fueron encargados por el anterior jefe del Estado español a fábrica. La lista de los Phantom IV es muy curiosa, el primero se entregó a reina Isabel y al duque de Edimburgo en 1950.

Siempre a sus pies… El detalle más curioso es la estatua de Emily, o “el espíritu del éxtasis”, arrodillada. Es una deferencia reservada a coches de mandatarios.

El segundo se lo quedó la fábrica y hasta finalizar la serie limitada fueron a parar a, por orden y entre los años 1950 y 1955: el Shahinshan de Irán; Ruler de Kuwait; duquesa de Kent; las tres unidades ya mencionadas del general Franco; al príncipe Aga Khan; al Talal al Saoud Ryal de Arabia Saudí; al rey Faisal II; al príncipe regente de Irak; a la reina Isabel II (coronación); tres unidades al Ruler de Kuwait y la última al Sha de Persia. En esta serie limitada, la estatuilla del radiador o Espíritu del Éxtasis aparece de rodillas y no de pie, pues dice la leyenda que nadie ante un jefe de Estado o rey debe dejar de inclinarse…

De izquierda a derecha: Cadillac Brougham d’Elegance (1992) Sedan de Ville (1974) y Eldorado (1973).

Los Cadillac, más de una docena de distintos modelos y épocas, así como varios coches de caza y recreo también forman parte de la flota real, coches que deben ser guardados y reconstruidos celosamente. Un legado muy importante que la Guardia Real custodia y mantiene con presupuestos muy bajos.

Aquí se pueden ver los Cadillac y en menor medida Chrysler que forman parte de la flota de la Casa Real. Al fondo aparecen los tres Rolls Phantom IV y un Wraight.

Se podría escribir un libro sobre los coches del Patrimonio Nacional y sus anécdotas, y se debería exponer la colección en el Palacio de El Pardo como se proyectó hace años, para disfrute de los españoles. Aunque algunos no lo crean esto también es arte, pero en movimiento.

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