Tanto el Aston DB5, como el Jaguar E-Type, el Chevrolet Corvette y el Lamborghini Miura convirtieron el automóvil en una forma de arte.

Jaguar E-Type

El Jaguar E es el mejor ejemplo de lo que podríamos llamar arte industrial. Esto es lo que pensaron en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) cuando un E-Type pasó a formar parte de su colección permanente. En 1951, el comisario del MOMA Arthur Drexler inventó el término “escultura rodante” para una exhibición pionera sobre diseño del automóvil. Diez años después, esa escultura se encarnó en el Jaguar.

Su llegada en 1961 supuso el final del primitivo XK y el nacimiento de un nuevo mito del automovilismo deportivo. Hoy al Type E se le considera el clásico por excelencia. Cuando se presentó el impacto fue enorme, tanto por su belleza como por el hecho de que ofrecía las prestaciones de un Aston Martin o un Ferrari, pero por bastante menos dinero. Su estructura era muy moderna y estaba formada por una zona central de tipo monocasco, y en la parte delantera llevaba un sub-bastidor tubular fijado al principal, que soportaba el peso del motor y la suspensión delantera.

El propulsor era el clásico seis cilindros en línea Jaguar de 3.8 litros, que en el E rendía 265 CV, suficientes para acelerar de 0 a 100 km/h en 7 segundos y para alcanzar los 240 km/h. Gracias a su potente mecánica se le perdonaba la dureza del cambio Moss de cuatro velocidades con overdrive, con la primera sin sincronizar. En marcha el comportamiento de los E Type de primera serie (S1) era delicado para los estándares actuales, porque tenía poco ancho de vía, poca sección de rueda y el peso delante, con lo que era fácil que se produjera un sobreviraje. Con sucesivas evoluciones se vendió con gran éxito hasta 1975, tras ser fabricados más 75.000 unidades con carrocerías cupé, 2+2 y cabrio. Gracias a esta abundancia se pueden encontrar unidades en muy buen estado por unos 50.000 euros. Como dice nuestro amigo Carlos de Miguel, si se hubiesen fabricado solo 50 unidades, cada una valdría millones… Volviendo a su diseño, el Jaguar es una curiosa mezcla de expresividad y pureza de líneas, y como cualquier obra de arte tiene algo de creatividad robada. El diseñador y experto en aerodinámica Malcolm Sayer no pudo ocultar su admiración por el Alfa Romeo Disco Volante de 1952, creado por Carrozzeria Touring de Milán. La forma en que la carrocería cubre parcialmente las preciosas llantas de radios ya estaban en el coche italiano. También llama la atención que las famosas aletas delanteras son casi cilíndricas.

Las proporciones del E-Type combinan un morro muy largo con una cabina muy corta, lo que le hace parecer más grande de lo que es el realidad. Además, la forma de las puertas da fluidez al conjunto. Otro detalle brillante es el capó abultado para dejar sitio al motor, un rasgo que se sigue empleando en los modernos coches de altas prestaciones. Pero lo más sexy de este deportivo llega al levantar el capó –no lleva aletas delanteras–, que deja a la vista toda la mecánica. Es fácil imaginar a los primeros compradores enseñando las intimidades del coche a sus amigos y familiares. Los colectores, los carburadores e incluso el filtro del aire parecen creados para ser expuestos. Sacarle defectos es difícil y resulta algo pedante, pero se le podría criticar que el ancho de vías es demasiado estrecho o que la ventanilla trasera en el Coupé es muy convencional. Ian Callum, el jefe de diseño de Jaguar, sigue teniendo en el E Type su referencia fundamental. “Es un ejemplo perfecto de cómo aplicar a un coche el estilo justo para que resulte fascinante”.

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