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PERSONAJES

Jochen Rindt: el campeón gamberro que lo daba todo

RevistaCAR 17 de octubre, 2020 | Tiempo de lectura 8-9 min

Primero escucharon las sirenas de alerta. Ni el apresuramiento ni el miedo mientras corrían hacia el refugio subterráneo de ese hotel de Hamburgo, impidieron que Ilse y Karl Rindt se preguntaran por un instante qué iba a ser de su hijo, Karl Jochen. Tenía casi dos años en ese julio de 1943 y lo habían dejado en Graz, en la anexada Austria junto a sus abuelos.

Jochen Rindt

Las voraces llamas provocadas por las bombas incendiaras, lanzadas por casi 3.000 bombarderos ingleses y americanos, mataron esa noche cálida y seca del verano de una Alemania en guerra a más de 40.000 personas.
Jochen nunca iba a saber exactamente qué pasó con sus padres, propietarios de una próspera procesadora y distribuidora de especies. Sus abuelos criaron al huérfano Karl Jochen Rindt, que había nacido en Mainz, Alemania, dándole todos los gustos que podían. Su niñez transcurrió en un Graz donde muchos de los compañeros de colegio iban a clase descalzos en verano y solo con sandalias en invierno, tratando de disimular el hambre que en esos años de posguerra había en Austria.

Una de sus maestras de primaria, Frau Zeller, se lo contó a un historiador, Erich Walitsch. “Había pocos alimentos y más de una vez me encontré en el cajón de mi mesa de trabajo, en el aula, con un sándwich cuidadosamente envuelto”, relataba Frau Zeller. “El único con medios para hacer semejante regalo era Jochen”.

El virus de la velocidad que poseía a Jochen Rindt

Cuando a Jochen le regalaron una imitación de “scooter” de madera, cuando cumplió 13 años, el virus de la velocidad se apoderó de él. Comenzó a ser líder de una pequeña pandilla de gamberros que se reían jugando con los límites de las leyes sociales no escritas. Haciendo carreras con sus juguetes con ruedas, bicicletas, patinetas o ciclomotores en los sitios más concurridos y lanzándose por las pendientes de la ciudad. Jochen tenía un compañero preferido, Helmut Marko, quien iba a seguir sus pasos sobre las cuatro ruedas –ganó las 24 Horas de Le Mans en 1971.

Su control y sensibilidad corporal se incrementaron en esos años lanzándose pendiente abajo en las pistas de esquí. En el instituto apenas pasaba los exámenes.

La pandilla atraía el interés de las jóvenes vecinas. Cuando los padres de algún colega se ausentaban durante un fin de semana era el momento de las fiestas salvajes y Jochen aportaba las chicas más bonitas. Tras recuperarse de una quebradura de fémur esquiando, sus abuelos le “prestaron” un VW Escarabajo de la empresa. Junto a Marko y otros amigos le dieron buen uso. Ese VW de serie debe haber sido el más veloz y maltratado de Europa.

En las curvas del puerto de Koppen, entre Bad Aussee y Obertraum, cerca del internado donde estudiábamos, derrapábamos salvajemente”, recuerda Marko, “a veces íbamos cuatro turnándonos al volante y quien no era lo suficientemente rápido o espectacular debía dejarle la conducción a otro. Era difícil quitarle el volante a Jochen”. Hoy, Marko tiene 78 años y es responsable de los pilotos de Red Bull en la F1.

Tras pasar de milagro el examen final de secundaria, junto a su amigo Helmut y a bordo de un Simca-Monthlery que sus abuelos le habían comprado como recompensa, se fue a ver el Gran Premio de Alemania de 1961. Ya estaba inscrito para ir a la Universidad de Viena donde iba a estudiar comercio internacional.

Jochen quería ver en acción a su ídolo alemán de las carreras, Wolfgang von Trips. “Con el Simca partimos de Graz”, relata Marko para el Red Bulletin, la revista de Red Bull, “a medio camino, Jochen se dio cuenta que se había olvidado la billetera, así que al pasar por Mainz paramos en la planta de molienda para pedir dinero. Era suya pero no le conocían. Los guardias de seguridad no querían dejarle entrar y Jochen montó en cólera. Al final llamamos a un gerente y así nos dieron algo de pasta para continuar”.

“En el viejo Nürburgring dormimos junto al coche y a la mañana siguiente, cuando Jochen estudió cuidadosamente los Ferrari rojos de von Trips y Phil Hill me dijo: ¡Esto, esto es lo que yo quiero hacer, ser piloto de competición! Desde ese día decía que quería ser como von Trips. Y ya no apareció por la Universidad”.

En cuanto comenzó a correr se vio que Jochen tenía un talento descomunal, sobre todo por sus derrapajes controlados propios de campeones de rallyes. Jochen estaba, muchos años antes en la misma liga que un Max Verstappen, un Ayrton Senna o un Michael Schumacher. En Viena, con un Alfa Romeo Giulietta mucho menos potente les ganó a los poderosos Jaguar en 1962. En 1963 se pasó a los monoplazas de Fórmula Jr y volvió a ganar con un Cooper. Curt Lincoln, experimentado piloto finlandés, uno de sus rivales, iba a ser su suegro.

Si las de Max Verstappen o la de Kimi Räikköonen son consideradas hoy como las carreras más meteóricas para llegar a la Fórmula 1, la de Jochen supera a todos: en su segunda carrera en F2 sobre un Brabham ganó y derrotó al campeón mundial Graham Hill, en Crystal Palace, en 1964. Eso fue suficiente: para el GP de Austria de ese año, en Zeltweg, se puso al volante de un Brabham BT 11 de Rob Walker. No terminó, pero en 1965 Cooper lo contrató para su equipo oficial.

Y Luigi Chinetti, importador de Ferrari en Estados Unidos, le pagó para correr con un 275 LM aparentemente poco fiable en las 24 Horas de Le Mans. Su compañero fue Masten Gregory y, tras algunos retrasos por problemas mecánicos, durante la noche, Rindt llevó al coche del 23º al 3º puesto. Poco después ganaban la primera posición y la carrera.

Jochen Rindt

Por aquel entonces, para ganar más dinero los pilotos consagrados corrían en varias categorías. Rindt tuvo mucho éxito con los Brabham de F2 del equipo de Roy Winkelmann, participó varias veces en las 500 Millas de Indianápolis y a cuanta carrera bien pagada se presentase.

El “gamberro volador” ya se había calmado, aprendiendo mucho en Le Mans y su estilo de conducción se había refinado. Rindt fue piloto oficial de Cooper en F1 desde 1965 hasta finales de 1967 y piloto Brabham en 1968. Su relación con la modelo finlandesa Nina Lincoln, la hija de Curt, ese antiguo rival suyo, floreció y en 1967 se casaron.

Poco sonriente, pero afable, yendo siempre justo al punto que importaba en una conversación, ese fue el Rindt que conocí cuando en 1968 participó en la Temporada Argentina de F2 con uno de los coches de Winkelmann Racing. Todavía recuerdo los breves momentos vividos junto a él y a la deslumbrante Nina, tomando el sol en la piscina del hotel Alta Gracia, Córdoba.

Jochen Rindt

Rindt tenía algunas preguntas para Juan Manuel Fangio, que estaba al frente de la organización y a mí me tocó hacer de traductor bajo el caliente sol del verano cordobés. También me llamaba la atención cómo Fangio miraba más a Nina que a Jochen.

Jochen Rindt llega a lotus

Tras la muerte de Jim Clark en abril de 1968, Colin Chapman, el dueño de Lotus, convocó a Rindt para acompañar al consagrado Graham Hill, campeón en 1962, quien iba a ser campeón ese año con el innovador y dominante Lotus 49B con motor Cosworth. Fue su amigo Bernie Ecclestone, quien le había llevado al equipo Brabham, el que negoció ese contrato con Chapman.

Y el mismo Ecclestone se asoció a comienzos de 1970 con Rindt, estableciendo un equipo de Fórmula 2. Ecclestone y Rindt se admiraban y respetaban. Bernie gustaba de la a veces brutal franqueza con la que Jochen emitía sus juicios. Después de todo, Bernie siempre era así al analizar sus negocios. Y Rindt confiaba ciegamente en las dotes empresariales del británico que alguna vez había entrenado en F1 con un Connaught en los años cincuenta.

Con el 49B Rindt obtuvo, por fin, su primera victoria en F1 en el Gran Premio de Estados Unidos de 1969 en Watkins Glen. El gran momento de su Jochen Rindt, fugaz y trágico iba a llegar en 1970. Dominaba ese año y ya tenía cinco victorias en la temporada, cuatro con el extraordinario Lotus 72, cuando se presentó a los entrenamientos del Gran Premio de Italia en Monza.

casi saboreando su primer título

Era líder del certamen y ya se preparaba para festejar su primer campeonato. “Helen, mi esposa y yo ya vivíamos en Suiza junto al lago Lehman”, recuerda Jackie Stewart, tres veces campeón y uno de sus amigos más cercanos. “Jochen Rindt y yo competíamos, con firmeza pero absoluta limpieza en las pistas, pero pasábamos mucho tiempo juntos y Nina era muy buena amiga de Helen. En esos años había un ambiente de resignación ante lo que pudiera pasar entre los pilotos. Bruce McLaren se había matado probando en Goodwood ese año y nuestro amigo Pies Courage, durante el GP de Holanda en Zandvoort. Sabíamos a lo que estábamos expuestos con circuitos inseguros y coches que eran muy vulnerables a los choques. Nina y Jochen habían alquilado una casa muy cerca de la nuestra en Suiza mientras le construían la suya propia por allí, en la que iban a vivir con su hija Natasha, nacida en 1968.

Durante los entrenamientos del sábado por la tarde, frenando antes de la parabólica, de repente, su coche se escapó hacia la izquierda impactando contra el guardarrail. Nos enteraríamos después de los peritajes que un semieje de frenado se había cortado justo en ese momento. El Lotus tenía los frenos situados dentro del chasis y se comunicaban con las ruedas a través de esos semiejes.

Bernie (Ecclestone) corrió desesperado hacia la parabólica para enterarse. Los organizadores se negaban a darnos información. En Italia, por aquel entonces, si un piloto fallecía en un circuito había que suspender la carrera.
Corrí hacia la zona de la sala médica. Y allí, yaciendo sobre la caja de carga de una pick up estaba Jochen. Nadie le atendía. Sus ojos estaban cerrados y pude observar que tenía una gran herida en su tobillo izquierdo, pero no sangraba. En ese instante supe que Jochen Rindt había fallecido. Sin embargo, lo declararon fallecido llegando al hospital. Nina y Helen se enteraron, como Ecclestone, en el hospital. Él no utilizaba cinturón para la zona pélvica y en el choque se había deslizado hacia abajo y el cinturón de seguridad le había seccionado toda la zona de la garganta”.

ironías del destino

Era el 5 de septiembre. En esa misma pista, tras un choque con el Lotus de Jim Clark, su ídolo de adolescencia, Wolfgang von Trips había encontrado la muerte el 10 de septiembre de 1961. Justo el día después que Jochen le había jurado a Helmut Marko que él también iba a ser piloto de F1 (F1 que cumple 70 años).

Jochen Rindt

Declarado campeón mundial a título póstumo. Nina Lincoln de Rindt recibía de manos de Jackie Stewart, el campeón de 1969, el trofeo durante la ceremonia de la Federación Internacional del Automóvil el 19 de noviembre de 1970 en Londres.

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