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“Estábamos obsesionados con los coches, como todos los chavales de mi generación”. Así recordaba su adolescencia Burt Reynolds (1936-2018), que creció asilvestrado en un pueblo del sur de Florida. Allí él y sus amigos iban a nadar, jugaban al football (americano), recorrían en bote los Everglades o cazaban serpientes. La vida de nuestro protagonista es también la historia de la América de los últimos setenta años, la de la gente normal y la de las estrellas, ya que Burt siempre tuvo un pie en ambos mundos. Conoció a Elvis, jugó al póquer con Frank Sinatra y fue íntimo de Clint Eastwood. Pero también conservó durante toda su vida la amistad con Mo Mustaine, un amigo de la infancia que, como él, llevaba sangre india en las venas.

Burt junto a Frank Sinatra y Sammy Davis Jr.
Burt junto a Frank Sinatra y Sammy Davis Jr.

Hoy Burt Reynolds es un icono sobre todo por su papel en la película Smokey and the bandit, de 1977 (en España se estrenó como Los Caraduras) y sus secuelas en plan road movie, algunas tan buenas como Los locos de Cannonball (1981). Eran filmes llenos de sentido del humor, de camaradería y de chicas voluptuosas, donde los coches siempre aparecían acelerando, derrapando o quemando rueda.

Burt Reynolds junto a Jackie Gleason en el rodaje de Cannonball Run
Burt Reynolds junto a Jackie Gleason en el rodaje de Cannonball Run

Burt fue un niño feliz con un padre muy duro que trabajó en una fábrica en Detroit y luchó en Europa durante la Guerra. Cuando se trasladó a Florida trabajó montando casas prefabricadas, y luego se hizo policía. El día que Burt Reynolds le dijo que quería ser actor le respondió: “Si traes a uno de esos maricas por aquí, le pegaré un tiro y haré con él una alfombra para tu madre”. Pero tenía un gran corazón, y adoptó a un amigo de Burt del colegio que no tenía padre y cuya madre era alcohólica.

Luego llegó el High School, con las hermandades, las gamberradas nocturnas y su integración en el equipo de football, lo que le dio la oportunidad de hacerse popular. Desde entonces fue Buddy Reynolds, un chaval con tendencia a meterse en líos y con mucho éxito con las mujeres. Cuando Burt Reynolds tenía 15 años iba con sus colegas a saltar al mar desde un acantilado, y allí conoció a una mujer madura. Su primera experiencia duró varios meses, hasta que la dama se cansó. Medio siglo más tarde declaraba: “No pasa una semana sin que me acuerde de ella”. Después dejó embarazada a Betty Lou, que según él era “una salvaje, un espíritu libre”. Pensaba irse con ella a Georgia, donde se podían casar con 16 años, pero sus padres la llevaron a Cuba a abortar.

Burt Reynolds sentado mientras lee un guión

Gracias a su talento para el football pudo estudiar en la Universidad de Florida (FSU), y un día volviendo de fiesta desde Tijuana se estrelló con el Buick de su progenitor. El policía que llegó le conocía, y a Burt solo se le ocurrió decirle: “No se lo digas a mi padre…”. Más tarde sufrió una lesión grave en la rodilla derecha que le incapacitó para seguir dedicándose al deporte. Pero entonces se le abrió otra puerta gracias a un profesor de literatura que le hizo interesarse por el teatro, algo que según sus palabras, “cambió su vida”.

El siguiente paso fue trasladarse a Nueva York como tantos otros aspirantes, para intentar trabajar en el teatro. Y gracias a un amigo común jugó a las cartas con Elvis, que estaba en la ciudad para el estreno de Love me tender (1956), su primera película. Burt recuerda que en cierto momento Elvis dijo a uno de sus acompañantes: “¿Cuándo sale el nuevo Chrysler? Creo que hoy, respondieron”. Entonces el rey del rock sacó un fajo de billetes y dijo: “Ve a por uno. ¿Algún color especial? Nah, me da igual”.

El look “étnico” (tenía antepasados indios) le sirvió a Burt Reynolds para el spaguetti western Navajo Joe en 1966

Consiguió debutar en Broadway y en cuanto pudo se trasladó a Hollywood. Su primer papel fue en una serie el Oeste, Riverboat. En 1966 fue Navajo Joe y en 1969 participó en el western 100 rifles. Su gran oportunidad llegó en 1972 con Deliverance, por la que le pagaron 50.000 dólares. Burt considera que esa fue su mejor película, y allí conoció a Jon Voight, del que seguiría siendo amigo de por vida.

En aquellos tiempos nuestro protagonista conoció también al mítico Lee Marvin, que hizo el papel de “Chino” en The Wild One (Salvaje, en España), como enemigo de Marlon Brando. Aquella película inspiró las bandas de motoristas a lomos de sus Harley- Davidson. A Marvin le concedieron el Corazón Púrpura por haber sido herido en combate, y cuando se emborrachaba le daba por subirse al techo de los coches (con Burt al volante) o irse a la oficina de reclutamiento en plena noche…

Burt Reynolds en una de sus películas

En los rodajes, siempre con mucha acción, Burt solía hacerse amigo de los especialistas, y se iban por ahí de juerga o a montar en moto por el desierto. Y el mejor de todos era Hal Needham (1931-2013). Tras pasar por el Ejército como paracaidista comenzó a trabajar de especialista en westerns. Después los vaqueros se pasaron de moda, así que se hizo experto en sobrevivir a explosiones, pegar saltos en moto o en accidentes de coche. Según sus propias palabras, se rompió 56 huesos a lo largo de su carrera. Cuando se divorció le dijo a Burt si podía usar algún tiempo su casa de la piscina, y se quedó varios años…

En 1977 Hal se propuso dirigir una película y, gracias a contar con el apoyo de Reynolds, se pudo rodar Smokey and the Bandit (Los caraduras). En la película, Bo Bandido Darville (Burt Reynolds) y su amigo Cletus (Jerry Reed) se comprometen a llevar un camión con 400 cajas de cerveza Coors desde Texarkana (Texas) a Georgia en 28 horas. En los setenta no se podía encontrar Coors al este del Mississippi. No llevaba conservantes y se tenía que transportar fría, de modo que solo se podía vender en el Oeste. Para lograr llegar al destino, Bandido conduce por delante con su Pontiac Trans Am negro para desviar la atención, en un interminable duelo con la policía. Pidieron ayuda a Pontiac para que les suministrara coches y les dieron cuatro Trans Am más dos Le Mans, para hacer de coche patrulla. Según Burt, acabaron destrozados. Todo en la película funciona, incluyendo la banda sonora country que incluye la canción East Bound and Down, de Jerry Reed, el actor que conduce el camión.

el Pontiac Trans Am de Burt Reynolds

La película fue un éxito tremendo y solo Star Wars recaudó más dinero aquel año. Hal era muy aficionado a los coches y durante años pudo permitirse un equipo de carreras en la NASCAR.

Burt Reynolds junto a Dean Martin y Roger Moore

Además, las ventas del Trans Am subieron tanto que el presidente de la compañía le prometió a Burt un coche nuevo cada año para el resto de su vida. Desafortunadamente pocos años después cambiaron al presidente y los Trans Am dejaron de llegar a la residencia de Mr. Reynolds.

Cannonball Run (Los locos de Cannonball, 1981) fue el segundo gran éxito de Hal Needham. También protagonizada por Burt –ganó cinco millones por hacerla–, marcó a toda una generación que nunca olvidará la melena de Farrah Fawcett –la de los Ángeles de Charlie– y el Lamborghini Countach negro. Durante cuatro o cinco años, Burt fue el actor más popular de Estados Unidos. Y, tras la gloria, llegó la tormenta.

el cartel de Los locos de Cannonball.

A principios de los ochenta corrió el rumor de que tenía sida, y entonces la gente percibía aquello como tener la peste. Recuerda dolido que hubo gente que apreciaba y que le dio la espalda. Pero lo que sufría era un desorden temporomandibular que le provocaba fuertes dolores y le dificultaba el comer, por lo que perdió mucho peso. Tras muchos años con poco trabajo su vuelta al cine por la puerta grande la hizo con Boogie nights (1997), donde interpreta a un magnate del cine porno de los setenta. Más tarde declaró que no era su tipo de película y que ni siquiera la ha visto entera. Reconoce además que el director Paul Thomas Anderson nunca le cayó bien. Paradójicamente por aquel papel recibió premios como el Globo de Oro y fue nominado al Oscar.

Burt Reynolds de mayor

A lo largo de su vida, Burt Reynolds, nunca se preocupó mucho del dinero y cree que algunos se aprovecharon de ello. Su residencia en Jupiter (Florida) la compró en 1980 y la tuvo que vender en 2015 a un vecino y amigo, pero pudo seguir viviendo en ella hasta su muerte. “Estuve en bancarrota y no es agradable. He tenido casas, rancho, aviones, helicópteros, coches, los disfruté y no los echo de menos. Me siento como un hombre al que un huracán le dejó sin casa. Un hombre que ha perdido sus posesiones, pero que está agradecido de estar vivo y que se da cuenta de que lo material no es lo más importante”. El pasado 6 de septiembre sus ojos pícaros se cerraron para siempre a causa de un ataque al corazón.

estrella con el nombre de Burt Reynolds en Los Ángeles

Uno de los que más ha sentido la muerte de Burt Reynolds ha sido su gran amigo Jon Voight, al que recordamos como el amigo y asesor de Robert de Niro en Heat (1995). Voight homenajeó a Burt recordando unas palabras del también actor Charles Durning. “Charley me dijo que quería a Burt Reynolds porque sabía que si tuviera problemas, Burt nunca le dejaría tirado. Creo que ese es el mayor elogio que un hombre puede decir de otro hombre”.

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