El consejero delegado de la Fórmula 1 notifica al gobernador que el contrato con Rio Motorsports está «listo para firmarse». El obstáculo ya no es deportivo, sino ambiental: la construcción del circuito en Deodoro exige talar un bosque con 200.000 árboles
La Fórmula 1 está a un paso de cambiar la historia del GP Brasil. Chase Carey, consejero delegado del Mundial, ha decidido mover ficha y ha contactado directamente con Cláudio Castro, gobernador de Río de Janeiro, para confirmarle la noticia que Interlagos temía: existe un acuerdo cerrado para trasladar el Gran Premio a Río y que pase a ser el GP de Brasil.
En una carta oficial, Carey notifica que los acuerdos con el promotor Rio Motorsports están finalizados. Esta entidad será la encargada de albergar, organizar y promover las carreras en la ciudad carioca. Según el directivo, el contrato está «listo para ser ejecutado y anunciado por la Fórmula 1», a la espera de un único pero decisivo trámite burocrático: la emisión de las licencias pertinentes por parte de las autoridades.
El Bosque de Camboatá: El circuito contra la naturaleza
El proyecto no es una simple remodelación, sino una construcción desde cero en la región de Deodoro, en unos terrenos cedidos por el Ejército. Y aquí es donde el asfalto choca con la ecología.

Para levantar el trazado, es necesario intervenir en el Bosque de Camboatá, una zona que alberga más de 200.000 árboles en una superficie equivalente a 120 campos de fútbol. La firma definitiva entre el Ayuntamiento y el consorcio depende exclusivamente de la aprobación del estudio de impacto ambiental (EIA-Rima).
Promesas de «Carbono Cero» y 122 millones
Conscientes de la polémica ambiental, Rio Motorsports ha puesto sobre la mesa un agresivo plan de compensación para lograr la luz verde. El promotor promete replantar 700.000 árboles, implementar sistemas de reutilización de agua y aplicar políticas de neutralización de carbono para justificar la tala masiva inicial.
La inversión para hacer realidad este complejo asciende a 800 millones de reales (aproximadamente 122 millones de euros). La F1 quiere Río, pero la última palabra la tendrá el estudio ambiental.








