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La historia casi siempre la conocemos en los libros, y hay pocas ocasiones para poder hablar con quienes trataron a los grandes personajes. Fangio nunca se casó y la historia oficial decía que murió sin descendencia. Pero tuvo al menos dos hijos a los que el piloto no reconoció, al menos oficialmente, en vida: Óscar, Cacho, Espinoza (79) es hijo suyo formalmente desde 2015, tras las pruebas de ADN, y Rubén Vázquez (75), ahora Rubén Fangio, logró el reconocimiento por el mismo método un año después.

Fangio

Nuestra oportunidad para conocer a los hijos de Juan Manuel Fangio (1911-1995) nos llegó a través de Fernando de la Hoz, apasionado de los clásicos y organizador de la Feria Internacional del vehículo clásico Ciudad de Oviedo (16-17 septiembre).

Los Fangio fueron invitados de honor de la feria, y visitaron además el museo de Fernando Alonso o Torre Loizaga (Vizcaya), el castillo donde se expone una fastuosa colección de Rolls-Royce y donde se celebró este año Autobello Bilbao. Después, junto a su anfitrión asturiano, se fueron por Europa a hacer un recorrido por templos del automóvil vinculados a la vida de su progenitor.

Nos reunimos con ellos en el circuito de El Jarama, donde visitaron el museo de la Fundación Race. Óscar y Rubén Fangio son dos hombres que han vivido mucho y están en paz con la vida. Llevaban 15 días por Europa y estaban deseando volver a casa para ver a sus nietos. “Los dos hemos formado familias estables y hemos podido dar estudios a nuestros hijos. Curiosamente nos casamos el mismo año y los dos tuvimos tres hijos”. Nos trataron con una cercanía y una calidez extraordinaria, lo que hizo que este encuentro fuera muy emotivo para nosotros.

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En Italia visitaron el pueblo de Castiglione Messer Marino, del que emigró Loreto Fangio, el padre de Juan Manuel, en 1887, camino a la Argentina, así como las sedes o museos de Alfa Romeo, la Mille Miglia, Ferrari, Maserati o Pagani. En todos los lugares que visitaron los Fangio se vieron sorprendidos por el cariño de la gente y los aficionados, y además reafirmaron su identidad.

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Cacho nos cuenta: “Yo ya había estado en Ferrari en 1966, y no es la Ferrari que yo conocí. Antes era muy pequeña, con trabajo artesanal. Ahora es una empresa extraordinaria, pero demasiado grande para lo que yo pensaba. Hicimos la visita típica de los turistas. Donde pudimos andar más a gusto fue en el museo de Alfa Romeo, con la subdirectora”.

Hermanos y amigos

Hoy los Fangio son hermanos y también amigos, aunque sus peripecias vitales han sido muy diferentes ya que solo se conocen desde hace apenas dos años. Cacho recuerda que vio a Rubén por primera vez en la televisión: “Le dije a mi señora que no necesita hacerse el ADN, es un calco, más parecido a mi padre que yo. Mi madre (Andrea, Beba, Berruet) vivió con nuestro padre el periodo de carreras, y conviví mucho con ellos. Mi madre tenía un primer matrimonio, lo dejó y se fue con él. Yo aparentemente fui fruto de aquel primer matrimonio, pero no era así. Pasaba los inviernos en Mar de Plata con mis tías, y los veranos, cuando mis padres regresaban de Europa, con ellos. Hasta que se separó de mi madre (en 1960) compartí muchas cosas con él. Luego nos veíamos pero de un modo más distante, vivíamos en lugares diferentes, y cada uno estaba con sus ocupaciones”.

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Para entonces Cacho Fangio ya estaba loco por las carreras. “Empecé a correr con seudónimo, pero en un año ya todo el mundo sabía mi parentesco con mi padre. La gente empieza rápido a hacer comparaciones y claro, nuestro padre era un elegido, un talento descomunal. ¿Su padre le ayudó en su carrera deportiva?”. Le preguntamos. “No, solo dos veces, lo demás corrí por mis amigos”. Cacho Fangio tuvo una brillante carrera automovilística, compitiendo en circuitos y Turismo Carretera, pruebas que se hacían en carretera abierta. También compitió en monoplazas. “Me fui a Inglaterra para correr en F3, pero no se cumplieron los acuerdos y me volví”. En aquellos años se hizo amigo de Clay Regazzoni. “Mi apellido está agregado al primer apellido paterno, es algo inusual porque uno no puede tener dos apellidos paternos. No lo iba a cambiar pero mi hija menor, que falleció, me pidió que lo arreglara, así que mi lucha fue para quitar un apellido y ponerme el que me corresponde”. Una de las carreras en las que participó guiado por su padre fueron las 24 Horas de Nürburgring de 1969. El jefe del equipo era Juan Manuel Fangio y llevaron tres coches de fabricación argentina, el IKA Torino 380 W, un cupé con 6 cilindros. Cacho destaca que acabaron segundos.

¿Como era su padre? “Bastante introvertido, yo también, por eso yo nunca le consultaba nada. Solo dos veces. El jefe de un equipo me dijo que tomara una curva en una marcha más alta y no se podía. Lo hice y salí entre las plantas. Mi padre me dijo que no me podía enseñar su manejo, porque cada uno tiene el suyo, pero sí que me podía aconsejar si veía que estaba haciendo algo mal. Aparentemente no venía a verme correr, pero yo sabía por amigos que siempre estaba en algún lado mirando (risas). Me preguntó en qué cambio entraba, se lo dije, y que estaba en los mismos tiempos que mis compañeros. Así que me dijo que siguiera así y no hiciera inventos”.

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Rubén Vázquez en cambio solo trató con su padre en un par de ocasiones. “Mi historia es más emocional y conflictiva, en cuanto a los problemas surgidos cuando empecé el juicio por filiación. Me enteré de mayor, tenía unos 60 años. Donde yo trabajaba pasaba mucha gente y siempre me encontraban parecido. Una persona en un hotel me lo volvió a recordar, y a la salida los dueños del hotel me dijeron que yo era ahijado de Fangio y nacido en Valcárcel (a los 9 años se trasladó a Cañuelas). “El día que se haga un ADN se va a llevar una sorpresa”, me dijeron. Mi madre (Catalina Basili) me lo confesó cuando le pregunté, teniendo noventa años largos, y todo esto provocó en mi un estado anímico muy bajo. Pero nunca le cuestioné a mi madre por eso, jamás”.

La relación de Fangio con su madre tuvo lugar en los años cuarenta, cuando el corredor suspendió su actividad a causa de la guerra y se dedicó a un taller en Balcarce. Tras la confesión de su madre Rubén comenzó su carrera por la identidad. “Fui a ver a un abogado y resultó algo cómico. Le conté lo que me sucedía pero sin dar el nombre de la persona, y cuando se lo dije, me empezó a mirar detenidamente y tomó el caso sin dudar. Pero el proceso duró más de 10 años (hubo que exhumar el cadáver del campeón en 2015 para cotejar el ADN). Además hubo muchos inconvenientes por parte de la familia y de otras personas. Tras dar el positivo las pruebas de ADN, nos conocimos los hermanos. Fue una mezcla sensaciones, porque yo tuve un padre de corazón, el que me crió, que fue tan buena persona. Murió antes de que yo supiera que no era mi padre, y no se si él lo sabía o no…

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Somos conscientes de que todas estas charlas y viajes se lo debemos a nuestro padre, nosotros no hemos hecho nada para merecernos esto. Pero hay un gen que debe estar en uno. Porque yo digo que no me gusta correr, pero cuando voy en la ruta no puedo ver un auto adelante, tengo que pasarlo (risas). Nunca me di cuenta de por qué, pero luego he visto que algún motivo había…”.

Rubén tiene tres hijos y seis nietos, y su hijo ya le ha dicho que se va a poner el apellido de su ilustre abuelo. Sus hijas aún no sabe lo que harán, pero a Rubén le parece adecuado que tengan la aclaración en la partida de nacimiento. “Ahora seguimos la lucha, porque después hay otras cuestiones que vienen aparejadas. Hay una fundación, hubo bienes, nunca se hizo sucesión. Desde la muerte de nuestro padre en 1995 hasta hoy. Pero supongo y entiendo que hubo reparto, no legalmente. Ahora la justicia tendrá que decidir”.

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Ahora hay otro señor que reclama también a Fangio como padre, y Cacho nos dice: “Yo le conozco mucho porque siempre estaba con el hermano menor de mi padre, con Toto. No sabía que era mi hermano, así que ahora está en el proceso judicial. Sería el tercero y pienso que será el último, pero no sé… porque parece que mi padre corría en todos lados, siempre dejaba la marca en algún sitio (risas)”.

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